Plan, ¿cuál plan?

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De los datos en la presentación de Lara quedó claro también que, fuera de los fondos que llegarían a la Isla a través de la Ley Federal de Recuperación Económica (ARRA por sus siglas en inglés), el Gobierno no tiene un plan económico con posibilidades de éxito.

Parte de esta realidad se debe al diseño de los fondos ARRA, la mayoría de los cuales no están disponibles para inversión en proyectos de infraestructura. De hecho, hasta ahora, el uso principal de esos fondos en la Isla ha sido para atajar un poco el efecto del plan de cesantía de la Ley 7, mediante la subvención con dinero federal de algunos empleos públicos, principalmente en el Departamento de Educación. No se sabe qué va a pasar con esos empleos cuando ARRA acabe.

De otra parte, está el Plan de Estímulo Criollo (PEC), que separa $500 millones para desarrollo económico. Pero, similar a ARRA, su efecto ha sido fragmentado porque, en vez de inversiones masivas en pocos proyectos, parte del dinero se distribuyó a los municipios para trabajos de pequeña escala, o hasta para pagar deudas con agencias gubernamentales.

En términos de planificación económica, las Alianzas Público Privadas tampoco serían la píldora mágica porque, según Lara, lo que ha adelantado el Gobierno es que empresas privadas entrarían a realizar tareas que ahora realiza el Gobierno y eso “no crea actividad (económica) nueva”. Se necesita dinero privado nuevo y no meramente sustituir el dinero público que se gasta ahora con dinero privado.

El deterioro de la economía local ha alcanzado un nivel que ni la vinculación con Estados Unidos es ya suficiente para disparar el crecimiento. Lara calculó que, a lo sumo, la actividad de allá provocaría aumentos de actividad económica local de entre 1 y 1.5 por ciento, lo que es “crasamente insuficiente”.

Por su parte, Dudley añadió en su discurso el aspecto negativo que provoca sobre la Isla el que la mayoría de nuestras exportaciones estén atadas al mercado de los Estados Unidos. Cuando la economía estadounidense está mala, como ahora, el efecto es que la de Puerto Rico se hunde. Sin embargo, si tuviéramos negocio con más mercados, la caída de la actividad en Estados Unidos no afectaría tanto a la Isla.

Lara resumió que lo que le espera a Puerto Rico es una recuperación económica de —en lenguaje técnico— “una U prolongada”, porque pasarán muchos meses de estancamiento. Esta observación provocó el momento más jocoso de la conferencia cuando, al comentar la presentación de Lara, su colega el profesor Francisco Catalá, subrayó que lo que está claro es que la economía está en “J”.