Advertencia: el $ y las Rx pueden perjudicar su salud

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El ejercicio de la medicina parece estar demasiado ligado a la industria farmacéutica. Esta última gasta cerca de $30 mil millones anuales en mercadeo, dinero que, en su mayoría, va dirigido a los médicos a través de regalos, visitas de representantes de ventas, muestras gratis, y auspicios para conferencias de educación médica continua. La integridad ética de estas prácticas se ha puesto en la mirilla reiteradamente por la influencia que las farmacéuticas pueden tener en los médicos a la hora de recetar medicamentos, cuestionamiento del cual los médicos puertorriqueños no están exentos. Los médicos en Puerto Rico recibieron, entre 2009 y 2011 $4.7 millones de dólares por estos servicios a las farmacéuticas, según reportó la organización de periodismo investigativo ProPublica.

El Centro de Periodismo Investigativo (CPI), con el interés de descifrar cómo el dinero de la industria afecta las prácticas y actitudes de los médicos en Puerto Rico, realizó varias entrevistas a médicos que reciben dinero de farmacéuticas por dar charlas y realizar investigación. También contactó a algunas de las farmacéuticas que financian a los médicos en Puerto Rico para indagar sobre el contenido de las charlas y las investigaciones, pero mucha información le fue denegada por alegados motivos de confidencialidad. Tanto el Colegio de Médicos, como la Junta Reglamentadora de Profesionales de la Salud se negaron a opinar para este artículo. Por último, en la página de Facebook del CPI, se convocó a los lectores cuyos doctores les han recetados medicamentos a que compartieran sus experiencias, pero fueron pocos los que respondieron. En adelante figuran los resultados de esta investigación.

Los médicos y la industria

Las farmacéuticas usualmente canalizan dinero hacia los profesionales de la salud financiando sus investigaciones y pagándoles por brindar consultoría y ofrecer charlas promocionando sus productos. Solo en 2011, ocho compañías farmacéuticas – incluyendo las tres más grandes – repartieron $220 millones de dólares a médicos para que respaldaran sus medicamentos a través de charlas. Para el año 2000, un 75% de las investigaciones clínicas en el campo de la medicina eran financiadas por compañías farmacéuticas, indica un estudio publicado en el New England Journal of Medicine.# Asimismo, un 49% del financiamiento del cual se nutren las conferencias de educación médica continua proviene de donaciones de compañías farmacéuticas y de la venta de espacios publicitarios desplegados en esas actividades.

Por un lado, es cierto que el financiamiento que proporcionan las farmacéuticas posibilita importantes avances en la investigación para el tratamiento de enfermedades crónicas y permite que los médicos actualicen sus conocimientos, dos cosas que indudablemente benefician al paciente. Sin embargo, en el transcurso de las últimas décadas, un sinnúmero de estudios académicos y de voces importantes en el campo de la medicina han criticado este tipo de prácticas, sugiriendo que las percepciones y hábitos prescriptivos de los médicos pueden ser influenciados por los intercambios remunerativos con la industria.

Durante décadas, las compañías farmacéuticas no estuvieron obligadas a divulgar los detalles de sus pagos a los profesionales de la salud, pero ahora, a raíz de acuerdos extrajudiciales con el gobierno federal, se han visto forzadas a hacer pública esta información. El Physician Payments Sunshine Act, aprobado en el 2010, tiene como meta generar mayor transparencia en los pagos que las farmacéuticas efectúan a los médicos, al obligar a estas a declarar todos los pagos hechos a partir del 2009 para investigaciones, viajes, comidas, charlas y servicios de consultoría. Los médicos que han recibido más de $100 en el transcurso de un año aparecen en listas que son publicadas por cada compañía a través de una página de Internet operada por el gobierno federal. Las transacciones que las farmacéuticas no reporten pueden acarrear multas de hasta un máximo de un millón de dólares anualmente.

  • La industria farmacéutica gasta unos $30 billones anuales en mercadeo que, en su mayoría, van dirigidos a los médicos en forma de regalos, visitas de representantes de ventas, muestras gratis, y auspicios para conferencias de educación continua.

La lista de ProPublica

La organización de periodismo investigativo ProPublica compiló las listas individuales de todas las compañías que han publicado esta información (las cuales comprenden solo una porción del mercado farmacéutico estadounidense) para formar una base de datos que permite que los pacientes encuentren a su médico en estas. Cabe mencionar que la lista muestra solo una porción de los pagos que han hecho las farmacéuticas a los médicos durante los últimos tres años. Hay muchas compañías cuyas transacciones no figuran en la lista, puesto que todavía no las han publicado en sus respectivas páginas de Internet; las que sí figuran (unas 12) representan solo un 40% del mercado farmacéutico de los Estados Unidos en el 2010, y los datos muestran solamente pagos hechos entre el 2009 y 2011. En los casos de algunas compañías, hay trimestres que no han sido reportados aún. En la lista de ProPublica, los pagos están desglosados por nombre y por tipo de pago (ya sea por investigaciones, charlas, comidas, viajes o consultoría). Un médico puede recibir dinero por participar en varias de estas actividades a la vez, tal como puede recibir dinero de varias compañías farmacéuticas simultáneamente; de hecho, esta suele ser la norma.

  • Entre 2009 y 2011 la industria farmacéutica repartió en Puerto Rico, más de 4.7 millones de dólares entre los médicos por dar charlas promocionales, ofrecer consultoría, o realizar investigaciones clínicas.

El CPI incluye en este artículo un enlace a la sección correspondiente a médicos puertorriqueños de la lista de Propublica, con el fin de que el lector pueda ejercer su derecho a la libre información y conocer si su médico recibe dinero de la industria farmacéutica. La página de ProPublica le permite buscar a su médico en la lista escribiendo su nombre en la barra de búsqueda que allí aparece. De esta manera, usted podrá saber si este recibe dinero de la industria por promocionar sus productos. Además, en la siguiente gráfica (http://www.drugs.com/top200.html) podrá encontrar una lista de los medicamentos más populares, junto con la farmacéutica que los fabrica. Usando estos dos recursos, usted podrá saber si su médico recibe dinero de la industria, y si los medicamentos que le prescribe su médico están fabricados por farmacéuticas que le dan dinero a su doctor.

La situación entre los médicos en Puerto Rico

Entre los pagos que figuran en la lista de ProPublica, aquellos correspondientes a médicos puertorriqueños suman un total de $4, 789,479 entre el 2009 y el 2011. De los médicos puertorriqueños que reciben dinero de la industria, predominan entre los mejor pagados los endocrinólogos, cardiólogos y psiquiatras; nueve han recibido sumas totales de seis cifras entre el 2009 y 2011, y 84 han recibido cantidades de cinco cifras. La mayoría de los médicos entrevistados por el CPI dicen haber recibido más dinero del que aparece en la lista y haber trabajado para más compañías.

  • Una extensa literatura académica sugiere que el que un médico preste servicios de este tipo a una farmacéutica puede predisponerlo a favorecer los medicamentos fabricados por esta.

Encabeza la lista de médicos puertorriqueños la doctora Maribel Rodríguez Torres, gastroenteróloga y fundadora de la Fundación de Investigación de Diego, que recibió, entre el 2010 y 2011, $227,307 de Pfizer para investigaciones y $2,947 de la misma compañía por servicios de consultoría y viajes. Le sigue el doctor Héctor M. Maldonado González, de Homestead Clinical Research Group, quien recibió $179,779 de Pfizer en el 2010 por investigaciones. El CPI realizó una exhaustiva búsqueda de Internet sobre este médico, la cual no rindió información alguna sobre su práctica privada, su clínica, o sus investigaciones. El mejor pagado solo por ofrecer charlas fue el doctor Luis C. Mejía Rivera, profesor de farmacología clínica en la San Juan Bautista School of Medicine; este recibió $158,855 entre el 2009 y 2010, mayormente por charlas, aunque también por gastos de comida y viajes.

Charlas Promocionales

La mayor parte de los médicos que aparecen en la lista de ProPublica son pagados casi exclusivamente por dar charlas promocionales para medicamentos específicos. El CPI entrevistó a varios médicos puertorriqueños que han brindado charlas en algún momento, los cuales afirmaron recibir entre $500 y $3,000 por cada charla, que dura aproximadamente unos 45 minutos. Según la doctora Lilliam Haddock, catedrática del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, quién según la lista de ProPublica recibió $19,047 de Eli Lilly por charlas y consultoría entre el 2010 y 2011, dicha actividad puede ser mucho más remunerativa que un día de trabajo. El PhRMA Code (2009), un reglamento ético voluntario que pretende regular las interacciones entre las farmacéuticas y los profesionales de la salud, exhorta a que la remuneración por brindar charlas promocionales sea ‘razonable’ y basada en precios de mercado, y que cada compañía imponga un máximo a la cantidad de dinero anual que puede ganar cada profesional. Sin embargo, el código no impone criterios claros y homogéneos para regular la paga de los conferenciantes.

  • Desde el 2010, el Physician Payments Sunshine Act obliga a las compañías farmacéuticas a divulgar los detalles de sus pagos a los profesionales de la salud.

El formato de cada charla promocional está predeterminado por la compañía farmacéutica: el médico conferenciante debe ceñirse a una presentación ‘PowerPoint’ producida por la farmacéutica, la cual, a su vez, debe estar aprobada por el U.S. Food and Drug Administration (FDA). El profesional de la salud que va a ofrecer la charla no puede alterar en ningún modo el formato visual de la charla, cambiar el contenido oral, ni ofrecer su opinión personal sobre el medicamento en cuestión. Para conseguir que los conferenciantes se mantengan fieles a estos formatos, las compañías farmacéuticas ofrecen talleres de capacitación, dónde se entrena a los médicos para dar las charlas. El CPI intentó, a través de varias farmacéuticas y profesionales de la salud, examinar los libretos de las charlas promocionales y de los talleres de capacitación, pero le fueron negados alegando confidencialidad.

Las charlas promocionales han sido ampliamente criticadas en la literatura académica y popular por promover información parcial e incompleta. Un estudio académico (Ziegler, 1995) encontró que entre una muestra de médicos asistentes a 13 conferencias promocionales, solo el 26% pudo identificar datos errados sobre los medicamentos que estaban siendo promocionados. Sin embargo, los médicos entrevistados por el CPI coincidieron al catalogar este tipo de intercambios como perfectamente éticos, ya que “están regulados por el FDA”. El psiquiatra Juan Fumero, quién según la lista recibió $67,756 de varias farmacéuticas por charlas y consultoría entre 2009 y 2011, opina que el hecho de que el FDA permita esta práctica es suficiente aval de su integridad ética. Además, todos los médicos entrevistados atribuyeron al médico individual la responsabilidad de discernir los hechos objetivos del material promocional. Según Fumero, “todos sabemos lo que hay. En el gobierno hay corrupción, en todos lados hay corrupción. El médico es el que tiene que ser crítico y decidir si lo están cogiendo de bobo o no”.

  • Entre los médicos boricuas los mejor pagados están los endocrinólogos, cardiólogos y psiquiatras.

Asimismo, la mayoría de los médicos entrevistados por el CPI afirman que ellos solo dan charlas para medicamentos que favorecen en su práctica privada, enfatizando el hecho de que no se deben a una compañía en particular, y que el dar charlas, por el contrario, les permite aprender sobre el variado menú de medicamentos que existen para tratar cualquier condición. El reumatólogo José Ramírez Vazquez, quien trabajó en Pfizer durante varios años como enlace de investigaciones y estableciendo políticas que reglamentan la relación entre los representantes de ventas y los médicos, dice promocionar solo medicinas que él considera mejores que las de la competencia: “He dado muchas charlas para Pfeizer porque llegué a conocer bien los productos, pero también en un momento llegué a apoyar un producto competidor de Abbot que me gustaba más”, explicó.

Investigaciones clínicas

Es importante notar que los pagos recibidos por investigaciones son diferentes a aquellos que se reciben por charlas o servicios de consultoría. El dinero desembolsado para investigaciones clínicas se utiliza para cubrir costos relacionados al cuidado del paciente, a suministros y equipo, y al tiempo dedicado por los médicos participantes a tratar los pacientes y manejar el estudio. Las cifras que aparecen, por ende, no reflejan la compensación recibida por el investigador principal. Sin embargo, las investigaciones clínicas también han sido cuestionadas por estudios (Chren, 1994) que sugieren que esto puede predisponerlos a favorecer la droga producida por el auspiciador del estudio.

De las investigaciones clínicas auspiciadas por las farmacéuticas, algunas se llevan a cabo en entornos académicos, pero la mayoría se hacen en prácticas privadas, puesto que resultan más fáciles de hacer y requieren de menos reglamentaciones. La farmacéutica tiene autoría sobre el diseño del experimento, el cual también requiere una aprobación del FDA, y el investigador solo lo lleva a cabo hasta obtener los datos deseados, los cuales pertenecen a la compañía auspiciadora. La farmacéutica, además, controla el proceso de redacción; a veces, se contrata un ‘escritor fantasma’ con experiencia especializada en dicha tarea, y el cual no siempre contribuye en otros aspectos de la investigación. También, se da el fenómeno de los ‘autores fantasmas,’ médicos con prestigio que con frecuencia son citados como autores aunque hayan estado involucrados solo marginalmente en la investigación.

  • La actividad remunerada más común son las charlas promocionales para medicamentos específicos. Los médicos reciben entre $500 y $3,000 por cada charla, la cual dura aproximadamente unos 45 minutos.

Aunque el investigador principal tenga desacuerdos con lo que se publica, usualmente la compañía le hace firmar un contrato mediante el cual se convierte en dueña de los datos y tiene control sobre su publicación por varios años. Esto sucede típicamente cuando las investigaciones rinden resultados adversos, en cuyo caso se cancelan o no se publican los resultados. El doctor Fumero, por ejemplo, explica que hay muchos estudios que cierran porque no se ven resultados favorables para los medicamentos. El doctor Ramírez Vázquez opina, por su parte, que aunque esto no es éticamente cuestionable, “puede tener un lado negativo porque a veces se repiten estudios innecesariamente”. No obstante, han habido iniciativas para combatir esta tendencia: a partir del 2005, las compañías se vieron obligadas a registrar todas sus investigaciones en proceso en una página del gobierno federal; no obstante, críticos aseguran que no todas las investigaciones están siendo registradas.

El estricto control que tienen las compañías sobre los procedimientos investigativos, los datos y su publicación, han suscitado numerosas controversias. Esta estructura puede conducir, por ejemplo, a que se sobreestimen los efectos positivos del medicamento y se subestimen los adversos. Fumero, quien ha realizado varias investigaciones, explicó al CPI que esto es inevitable puesto que “ningún estudio es perfectamente neutral. Ellos (la farmacéutica) van a resaltar lo que quieren resaltar, pero eso no lo resalto yo (el investigador), lo resaltan ellos”. Admitió que “estos problemas suelen surgir más a la hora de publicar, porque aunque yo recopilo toda la información ellos escogen las estadísticas que quieren usar”, y enfatizó que “no hay nada que va a ser perfectamente neutral, uno no puede dominar dos millones de detalles, no se puede tener información perfecta”. Otros también han denunciado el hecho de que muchas revistas médicas se nutren en gran parte de la industria farmacéutica, a través de la venta de espacios publicitarios y reediciones. Richard Smith, el editor del British Medical Journal, por ejemplo, ha dicho que esto compromete la independencia de las revistas y afirma que en muchas ocasiones las publicaciones sirven como extensiones de los departamentos de mercadeo de las farmacéuticas.

Las mismas exigencias de la academia y la práctica profesional contribuyen a exacerbar este problema. De acuerdo a Raúl Pérez, profesor de ética en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, “en la academia los médicos necesitan publicar, y necesitan financiamiento para esto así que a veces tienen que aceptar las condiciones que les imponen las compañías farmacéuticas a cambio”. Esto sucede a un grado más alto en la práctica privada, donde la gran mayoría de las investigaciones se financian con dinero de las farmacéuticas. El ginecólogo obstetra Henry Rodríguez Ginorio, dijo al CPI que lleva ocho años haciendo investigación desde su práctica privada con diferentes compañías farmacéuticas y que fue gracias a este financiamiento que tuvo la oportunidad de publicar a nivel internacional.

ProPublica, entidad de periodismo investigativo, compiló y publicó en su página las listas http://projects.propublica.org/docdollars/states/55 de pagos a los médicos.

Aquí, en http://www.drugs.com/top200.html puede encontrar una lista de los medicamentos más populares, junto con la farmacéutica que los fabrica.  Aquí verá quién fabrica los medicamentos que su médico le receta.