La historia oculta detrás de los televisores que causaron trifulcas el Viernes Negro

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“En la mañana, el fuerte fueron los electrónicos. Los televisores, no importa de qué tamaño y si es más grande de 46 pulgadas, pues mejor”, dijo Bruni Torres, relacionista pública de Wal-Mart, a elnuevodía.com, defendiendo de esta forma lo que se tornó en una violenta venta del madrugador.

“El precio de los televisores Funai, a menos de $100 por unidad, fue suficiente razón para que algunos hasta pelearan por agarrar uno, después de esperar horas en filas para entrar a los negocios”, reportó el periodista Gerardo Cordero.

Pero además de preguntarnos ¿qué marca es ese televisor?, acaso alguien se preguntará ¿de dónde viene ese televisor?

La respuesta a esta pregunta se puede formular con la mención de varios países, especialmente de la región asiática, pero ese dato de por sí no dice mucho pues, como señala un editorial del Asian Labour Update.

“Detrás del brillo resplandeciente de los productos electrónicos y el desarrollo industrial que los impulsa está el lado oscuro que suele pasar desapercibido, debido a una agresiva campaña de ‘desinformación’ llevada a cabo por la industria”.

La última edición de esa publicación se titula Workers’ struggles in Electronic Industry (Las luchas de los trabajadores en la industria de electrónicos).

En ella se explica que la materia prima esencial para elaborar los aparatos electrónicos son tóxicos. Miles de químicos son usados para el proceso de producción de estos enseres, lo cual tiene efectos devastadores para la salud de trabajadores y trabajadoras, para las comunidades y el medio ambiente en general.

Los trabajadores que producen electrodomésticos como televisores y otros, se encuentran principalmente en países del Asia donde las corporaciones se benefician de una robusta inyección de capital. Esto permite la producción a gran escala y, por lo tanto, bajos precios, lo cual significa, para muchos, sufrir trabajos de explotación, según lo describe el Asian Labour.

Las dos características principales de la industria de electrónicos son, dice la publicación asiática, ser “altamente contaminante” y “extremadamente represiva”.

En Indonesia por ejemplo, cuatro trabajadores han muerto desde el 2012. En India, trabajadores de la zona industrial de Noida están expuestos constantemente a radiaciones ionizantes (proceso usado para la generación de energía, entre otras exigencias de la industria), disolventes orgánicos, metales pesados (cadmio y plomo) y químicos que dañan los órganos reproductivos, como la arsina y el fosfato.

Todos los días sobre 100 trabajadores de la industria de electrónicos sufre de dolores de cabeza, fiebre y dolores corporales. Aparte de exponerse a químicos, los informes del Asian Labour, redactados desde diferentes países de la región, indican que los trabajadores explotados (overworked workers) no tienen tiempo ni espacio para ir al baño o tomar agua.

Y todo para cumplir con la demanda de los grandes detallistas o tiendas por departamento que exigen producción a gran escala, para cumplir con las expectativas que han creado en sus clientes a través de la vasta publicidad que despliegan en los principales medios de comunicación.

Una entidad sin fines de lucro e independiente fundada en Nueva York, China Labour Watch (CLW), explica en un amplio informe que las multinacionales que hacen contratos de producción con fábricas en China, adjudican toda responsabilidad por abuso a los administradores de dichas fábricas. Pero en su investigación, el CLW demuestra que muchos de esos abusos están arraigados en el sistema de una cadena global de suministro del que dependen las multinacionales.

“Porque muchos de los costos de producción, incluyendo distribución y materiales físicos, son en gran medida inflexibles, la única manera de que las fábricas pueden ofrecer ventajas competitivas es reduciendo los costos de producción, lo cual a menudo se traduce directamente en bajar los costos laborales. Esta carga es eventualmente pasada a los trabajadores, quienes son forzados a trabajar largas horas y a alta intensidad. Cuando la presión externa se acentúa, y los trabajadores sufren accidentes o tragedias como suicidios; la culpa se echa directamente a las fábricas. Mientras las corporaciones internacionales se limitan, si acaso, a lanzar un comunicado de prensa donde prometen implementar reformas”, explica el informe del CLW, titulado Tragedies of Globalization: The Truth Behind Electronic Sweatshops: No Contracts, Excessive Overtime and Discrimination.

Aquí un ejemplo de cómo funciona la cadena de producción de los electrodomésticos.

La corporación que hace los televisores Funai reconoce que la industria de ventas al detal (retail market) comenzó a cambiar en los años ’90, en particular, por la emergencia de un número pequeño de detallistas dominantes como Wal-Mart. A finales de esa década, Funai logró colocarse en las estanterías de esta mega corporación, según su perfil corporativo y otras publicaciones en línea.

En 1999, Wal-Mart exigió a Funai fabricar un millón de VCRs (video caseteras) para las ventas del madrugador. Funai lo hizo, a la vez que compró la desaparecida marca Emerson y al año siguiente ayudó a desarrollar el departamento de electrodomésticos de Wal-Mart, pasando a ser uno de sus suplidores estratégicos.

En 1988, Funai había abierto su subsidiaria en Malasia, para tomar ventaja del bajo costo de la mano de obra en ese país. Luego se movió de Japón al mercado exterior. En 1990, la liberalización de la economía china presentó otra oportunidad para que la corporación pudiera aprovecharse, una vez más, de los salarios míseros que pagan a los trabajadores en ese país.

Para el 2009, el salario por hora en la industria manufacturera en general en China, contada en dólares, era de $1.15 en áreas rurales y $2.85 en zonas urbanas, según el Bureau of Labour Statistics, del Departamento del Trabajo de Estados Unidos.

The Economist reportó en 2012 que los salarios en China habían aumentado en un 10% ese año.. Pero una de las consecuencias de este aumento ha sido que las fábricas chinas han comenzado a contratar más indocumentados, según Bloomberg.

En 2010, una campaña para prevenir el trabajo ilegal en varias provincias del país terminó con la captura de 139 organizadores de trabajo ilegal y 3,410 inmigrantes ilegales, de acuerdo a la agencia oficial Xinhua.

Ahora Funai opera varias plantas en China y Tailandia y es una de las principales suplidoras de enseres electrónicos de Sam’s y Wal-Mart. Esta multinacional de origen japonés, tiene la licencia de un sin número de marcas como Sylvania, Emerson Radio, Magnavox, Philips, Symphonic, Toshiba, entre muchas otras.

Hasta hoy, Funai sigue siendo la líder en ventas de Wal-Mart en el Black Friday.

Los bajos costos de la mano de obra asiática atrae a las corporaciones

Asian Labour explica que el desarrollo industrial de electrónicos ha sido más atractivo para los países desarrollados que las industrias textil y otras manufactureras que requieren de una mano de obra más hábil o preparada.

Como consecuencia, el flujo de capital de la industria de electrónicos es masivo e involucra una intervención activa tanto de corporaciones globales como de gobiernos que imponen una serie de reglas, mecanismos legales, regulaciones y políticas que afectan a los trabajadores y sirven a los intereses de la industria.

La marca Samsung se coloca como la líder en la cadena global de ese mercado, y desde Corea del Sur, Indonesia e India, es señalada también como líder en represión y explotación laboral.

Los informes del Asian Labour indican que en 2011 las ventas de Samsung superaron los $146 billones (USD), un incremento de 7% sobre el 2010. La compañía emplea a 190,464 trabajadores directamente y alrededor de otros 800,000 a nivel global a través de subcontratos. Esta es la compañía principal en producción del chip Dynamic Random Acces Memory (DRAM), pantallas de cristal líquido y teléfonos móviles fabricados en Corea del Sur, China y Vietnam.

Aparte de su actitud de hostilidad hacia las uniones obreras, el estilo administrativo de Samsung es descrito como represivo. Como consecuencia, muchos trabajadores han muerto y otros tantos sufren enfermedades contraídas en el área de trabajo. En los pasados años en Corea del Sur se han descubierto decenas de casos de enfermedades en trabajadores de Samsung y sus subsidiarias.

El informe del China Labour Watch incluye un estudio de caso basado en ocho fábricas de Samsung en China.

El televisor, ese aparato que transmite imágenes y sueños, ha sido objeto del deseo de miles y millones alrededor del mundo desde que comenzó a comercializarse, hasta llegar a convertirse en un símbolo de estatus social.

La investigadora Beba García explica en una entrevista radial que antes de su llegada a Puerto Rico había una gran expectativa por la llegada de “este monstruo”, porque ya se encontraba bastante cerca. Desde el 1950, el monstruo o, la caja mágica, había llegado a Cuba. Aquí lo recibimos cuatro años después, atrasado por los trámites burocráticos de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en inglés) y alentado por la propaganda desplegada tanto en prensa escrita como en radio.

Ahora, a siete décadas de su llegada a Puerto Rico, la caja mágica tiene su día más monstruoso: el “Black Friday”. Un evento singular que no opera solo, sino que tiene aliados indispensables: grandes shoppers multicolor desplegados en los principales periódicos y toda la publicidad que financian las mega tiendas por departamento. Y por su puesto el deseo, venga de donde venga, de “ahorrar dinero y vivir mejor”.

Pero lo que para nosotros significa ahorrar y vivir mejor, para otros representa, en muchos casos, una vida mísera y en constante riesgo.