Un trabajo tan duro como las uñas

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Todos los días las mujeres aparecen un poco antes de las 8 a.m. hasta que casi cada esquina de las calles principales de Flushing, en Queens, se llenan de jóvenes asiáticas e hispanas. Como si obedecieran una orden, llegan retumbando una procesión de maltrechas camionetas Ford Econoline para ser abordadas por las trabajadoras.

Es el comienzo de otro día de trabajo para una multitud de manicuristas en Nueva York, que serán repartidas a toda prisa entre salones de uñas en tres estados. No regresarán hasta tarde en la noche, después de trabajar turnos de 10 a 12 horas, encorvadas sobre dedos de manos y pies.

Una mañana del mayo pasado, Jing Ren, una joven de 20 años recién llegada de China, se paró entre las mujeres por primera vez, y la llevaron a trabajar en el salón de un centro comercial de Long Island. Tenía el cabello arreglado, las gafas ladeadas y se aferraba a la bolsa con comida y al paquete de utensilios que las manicuristas deben llevar de un trabajo a otro.

En su bolsillo tenía un billete de $100 dólares cuidadosamente doblado para cubrir otro gasto, la cuota que el propietario del salón cobra a cada empleada nueva a cambio del trabajo. Muchas manicuristas principiantes de los salones del área de Nueva York aceptan el mismo trato: no hay salario y se subsiste, con exiguas propinas, hasta que el patrón decida que la candidata tiene la habilidad suficiente como para merecer un pago.

Pasarían casi tres meses para que a Ren le pagaran un sueldo de $30 dólares diarios.

Antes era un lujo reservado para ocasiones especiales, ahora los salones de manicure se han convertido en un elemento básico del arreglo personal de las mujeres de todos los estratos económicos. Actualmente existen más de 17.000 salones de uñas en Estados Unidos, según datos del censo. Tan sólo en Nueva York el número se ha triplicado en el transcurso de quince años, sumando casi 2000 establecimientos en el 2012.

Pero la explotación de las mujeres que laboran en esta industria es ignorada casi por completo. Durante más de un año, The New York Times entrevistó a más de 150 trabajadoras y propietarios de salones de uñas en cuatro idiomas, y descubrió que a la gran mayoría de las trabajadoras se les paga menos del salario mínimo. En ocasiones, ni siquiera se les paga.

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