Al principio, a los agentes antidroga que estaban investigando el tráfico de drogas en las cárceles de Puerto Rico les pareció un caso típico: los cómplices de una pandilla de presos estaban introduciendo drogas de forma clandestina en la cárcel, los miembros de la ganga las distribuían dentro de la cárcel y había cuentas de banco que reflejaban el movimiento de dinero.