Entre 9:00 a.m. y 11:00 a.m., Lillian le prepara la merienda a su mamá y se ocupa de atender a su papá, que está encamado y es paciente de Alzhéimer.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo
Lo que no se ve, no se cuenta: la crisis de cuidado
El PIB es una medida macroeconómica que toma en cuenta el valor total de los bienes y servicios que un país produce en determinado tiempo. Si bien se utiliza para observar la evolución económica de un país, deja de lado un aspecto fundamental: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.
“Hay muchas opresiones hacia las mujeres que no se visibilizan ni se entienden porque solamente se ve que lo único importante es el trabajo que se paga y no el trabajo que no se paga”, dijo Quiñones Domínguez. “Si lo visibilizas, se le causa un problema al capitalismo que se alimenta de ese trabajo invisible porque, si fueran a pagarles ese trabajo a las mujeres, entonces saldría más caro y las ganancias serían menos para el sistema capitalista”, añadió.
Para la economista, en Puerto Rico hay una “crisis de cuidado” – que también se ha reportado en Estados Unidos – por los altos costos de los centros de cuido para niños y adultos, por la quemazón que pueden sufrir algunos cuidadores al no tener un descanso de esas labores, por la falta de apoyo social y gubernamental, y por la invisibilización de estas tareas, que afectan más a las mujeres por ser una labor feminizada.
Lo que atraviesan las personas que cuidan
“El Gobierno es lo más difícil”, consideró Wanda sobre las mayores dificultades que enfrenta como cuidadora. “No tienen nada para ellos [personas con diversidad funcional], no te dan nada. Dejas el trabajo para dedicarte a tiempo completo a ellos, pero tampoco ayudan a mamá. Es como si te pusieran en una página negra. Los echan a una esquina y se olvidan de ellos”.
Sostiene que aunque intentó ser la asistente de su hijo, en el Departamento de Educación (DE) le dijeron que eso era un conflicto de interés.
Jorge Salcedo, oficial de prensa del DE, indicó que “hay casos excepcionales” en los que una madre puede ser asistente cuando el diagnóstico del menor requiere de un cuidado prioritario que le provee su madre.
Wanda también ha estado frustrada con la Administración de Rehabilitación Vocacional (ARV), agencia encargada de integrar a las personas con diversidad funcional a la fuerza laboral. Dice que le prometieron una nueva silla de ruedas, pero todo quedó en la nada. Tampoco consiguieron ayuda para un empleo para Christian.
“Ese es el problema aquí. Después de los 21 años, estos jóvenes quedan en el aire. No hay nada. No hay trabajo. No los buscan. No podemos conseguir equipo”, agregó la madre. La directora de la Oficina de Servicios de la ARV, María Benítez, no proporcionó al CPI una respuesta concreta sobre este caso, pero se comprometió a revisarlo.
Wanda no sale sola. Pocas veces hace actividades para ella misma. Hace las compras por internet. Y las pocas veces que va al beauty, es solo a cortarse el pelo para no incurrir en más gastos. No tiene amistades, y su red de apoyo la componen su esposo, su familia y la iglesia a la que asiste.
Lillian tampoco hace muchas actividades por su cuenta y, desde que vive con sus padres hace dos años, nunca más se ha ido de vacaciones. Solo sale a citas médicas para su tratamiento de salud mental y para las clases de zumba gratuitas que ofrecen en el Coliseo Jesús M. “Tito” Colón en Orocovis, a unos 20 minutos en carro desde donde ella vive. Esta actividad física es su terapia, donde se transforma de una mujer calmada y callada, a una que hace chistes y se ríe a carcajadas. Cuando se le daña el carro, no tiene alternativas de transporte público ni taxis disponibles, algo común en pueblos de la montaña.
Para Lillian, lo más difícil de cuidar a sus padres es ver cómo se van deteriorando, cómo les cuesta más hacer cosas que antes podían. También le cuesta lidiar con los roces familiares que enfermedades como el Alzhéimer pueden causar.
Además de los apagones constantes o los cortes de agua, otra dificultad en el sector de Orocovis donde viven es la interrupción continua del internet y el servicio telefónico. Allí de repente no hay conexión a internet ni señal de celular. Semanas antes de entrevistarla, su papá se había caído y había tenido que correr hasta la casa de su tío, uno de sus vecinos, para que llamara a dos de sus cinco hermanas para ayudarle.
“Ellas dos bregaron con la ambulancia. Se fueron con él al hospital y yo me quedé con mami”, recordó. Ninguno de sus padres puede quedarse sin vigilancia.