Un Comité Asesor adscrito al Departamento de Salud que evalúa la viabilidad de llevar a cabo investigaciones clínicas en “terapias emergentes” con el uso de sustancias psicodélicas en Puerto Rico rendirá su informe preliminar en noviembre, pero existe un importante obstáculo que el Gobierno tendrá que superar si decide implantar un programa de este tipo: el dinero.
Aunque la gobernadora Jenniffer González Colón hizo el anuncio del comité y las posibles investigaciones con psicodélicos con bombos y platillos el pasado agosto, al momento, no hay una fuente de fondos identificada para financiar las mismas, pues el plan es solicitar una subvención federal, reconoció al Centro de Periodismo Investigativo (CPI) el secretario de Salud, Víctor Ramos Otero. Los fondos federales destinados a estos fines se obtendrían mediante un pareo que iguala lo que invierta el gobierno local.
En agosto, la gobernadora firmó la orden ejecutiva (OE-2026-37) que creó el Comité Asesor Científico y Regulatorio, cuyo propósito es asesorar al Secretario de Salud en la evaluación sobre establecer un Programa Piloto de Investigación Clínica en Terapias Emergentes.
Durante la primera reunión el pasado 13 de octubre del Comité, que tiene representación de funcionarios, académicos y profesionales de salud mental, se establecieron dos grupos de trabajo: uno para definir los pacientes prioritarios y otro para precisar las drogas prioritarias para desarrollar proyectos piloto de investigación, dijo al CPI el secretario Ramos Otero, luego de haber concluido el encuentro.
“Cada grupo va a establecer la evidencia y las justificaciones de por qué estos pacientes y por qué estas drogas”, dijo el funcionario.
La orden ejecutiva ya identifica a los veteranos como una población prioritaria para la experimentación clínica, y menciona psicodélicos como ibogaína, MDMA y psilocibina como sustancias que “continúan siendo objeto de investigación científica y evaluación regulatoria”. La orden no identifica una fuente de fondos para llevar a cabo las investigaciones clínicas, de implantarse el programa piloto.

Suministrada
En años recientes, en Estados Unidos —que por décadas ha mantenido una política pública de “guerra contra las drogas”— se ha visto un creciente interés en estudiar las terapias con psicodélicos para tratar condiciones de salud mental, principalmente impulsado por veteranos de guerra. Texas, por ejemplo, anunció que destinará $50 millones en fondos estatales para realizar investigaciones clínicas con ibogaína, una sustancia alucinógena que proviene de la raíz de un arbusto africano y está actualmente clasificada como sustancia controlada.
Las grandes farmacéuticas ya están invirtiendo miles de millones en fármacos psicodélicos. El pasado julio, la empresa Eli Lilly anunció que compraría por hasta $3,800 millones la farmacéutica de psicodélicos AtaiBeckley, mientras que, en junio, Otsuka America completó la adquisición multimillonaria de Transcend Therapeutics, que estudia una sustancia similar a MDMA para el Trastorno de Estrés Postraumático (PTSD en inglés).
¿En qué consisten las terapias con psicodélicos?
Las terapias asistidas con psicodélicos consisten en el uso de sustancias psicoactivas con acompañamiento psicoterapéutico, explicó Leopoldo J. Cabassa, investigador de Washington University, donde codirige el Centro para Investigación Interdisciplinaria Holística sobre Psicodélicos y el Centro de Investigación sobre Servicios de Salud Mental.
“Cuando a la persona se le da éxtasis [MDMA] en un ambiente terapéutico, lo que puede hacer es poder revivir ese trauma y poder hablar de ese trauma y poder procesarlo sin tener el terror y todos los aspectos fisiológicos y psicológicos que ocurren cuando una persona tiene trauma”, explicó Cabassa.
Para Rafael Torruella, director ejecutivo de Intercambios Puerto Rico, organización que trabaja en temas de uso de sustancias y que forma parte de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas que Usan Drogas, es “un buen momento” para que los psicodélicos formen parte de la sociedad puertorriqueña. Sin embargo, advirtió que estos procesos deben guiarse por terapistas, personas con experiencia vivida y organizaciones no gubernamentales que trabajan con uso de sustancias, y no por un Gobierno interesado en “generar ingresos”.
“Me parece que estamos en un buen momento para que los psicodélicos sean parte de nuestra sociedad, pero hay que manejarlo bien. Y como todo lo que hace el Gobierno, aunque yo encuentro que esto es una buena movida, hay que cogerlo con mucha cautela”, dijo Torruella.
Con la OE-2026-37, la administración de González Colón busca acceder a fondos federales establecidos el pasado abril mediante una orden ejecutiva federal firmada por el presidente Donald Trump que acelera los procesos de revisión de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para compuestos psicodélicos. La orden de Trump destina $50 millones “para apoyar y colaborar” con gobiernos estatales que desarrollen programas que promuevan el uso de fármacos psicodélicos para enfermedades mentales graves.
El Secretario de Salud dijo que, del Comité dar el visto bueno a implantar el programa piloto y la Gobernadora acoger la recomendación, el inicio de los ensayos clínicos dependerá de los fondos federales que la agencia logre obtener.
“La idea es solicitar el grant federal. Si no nos lo dieran —que usualmente nosotros, por lo menos los grants que somete el Departamento de Salud, usualmente se montan bien y nunca hemos tenido problemas en que nos den los fondos—, habría que discutir si se proseguiría o no. Es una discusión que tendría que tenerse en este momento”, dijo Ramos Otero, quien no identificó una fuente alterna de fondos estatales.
Cabassa estimó que estos ensayos clínicos cuestan más de $1 millón por estudio. Los estudios, añadió, son pequeños, de menos de 100 personas, y los participantes deben contar con transportación y tiempo, pues el día de la dosis pasan unas ocho horas en la cita. “Se necesita mucho tiempo, se va a necesitar mucha infraestructura”, dijo Cabassa.
El investigador mencionó, además, la importancia no solo de llevar a cabo los ensayos clínicos, sino de preparar a los profesionales clínicos y de campo para hacer terapias asistidas con psicodélicos.

Suministrada
Paulina Rullán Farinacci, directora de educación e investigación de la organización Pravan Foundation e integrante del Comité Asesor constituido por la Gobernadora, mencionó que debe ser “una prioridad” adiestrar a profesionales de salud mental en Puerto Rico en psicoterapia asistida con psicodélicos. Asimismo, dijo que no existe un registro oficial de profesionales capacitados en este campo en Puerto Rico.
“Muchos profesionales de la salud salen de Puerto Rico para recibir estas certificaciones, pero aquí realmente ya tenemos la capacidad para continuar adiestrando a nuestra población”, dijo Rullán Farinacci, quien subrayó que Pravan Foundation, en colaboración con el Psychedelic Research and Training Institute (PRATI), capacitó en noviembre de 2025 a aproximadamente 25 profesionales de la salud mental en fundamentos de medicina psicodélica.
Usos de los psicodélicos bajo evaluación
Aunque ningún psicodélico clásico ha sido aprobado en Estados Unidos para uso médico generalizado, varias sustancias se estudian en ensayos clínicos para tratar distintos trastornos de salud mental. La psilocibina para la depresión, por ejemplo, ya llegó a ensayos de fase 3 y está por ser evaluada por la FDA. A nivel estatal, Colorado y Oregón legalizaron las terapias con psilocibina.
Los psicodélicos clásicos, como la dietilamida de ácido lisérgico (LSD en inglés), son aquellos que interactúan con receptores de serotonina 2A en el cerebro, provocando cambios en la percepción, la cognición y las emociones, mientras que los no clásicos, como el MDMA y la ketamina, no interactúan con estos receptores o lo hacen de forma mucho menos significativa.
Mientras, la FDA solicitó este mes comentarios del público sobre cómo diseñar estudios con la ibogaína. La agencia busca comentarios específicos sobre el diseño general del estudio, incluyendo las poblaciones de pacientes apropiadas, las dosis adecuadas y consideraciones de seguridad y éticas.
Rullán Farinacci subrayó la importancia de continuar estudiando sustancias como la ketamina, que es un psicodélico no clásico aprobado por la agencia federal como anestésico y que puede usarse para tratar depresión.
“Es importante ir creando la estructura para comenzar con lo que tenemos ahora, y luego entonces ya estar preparados para poder implementar las otras medicinas una vez continúen siendo reguladas, aprobadas”, planteó.
En Puerto Rico, el Departamento de Psiquiatría del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, en colaboración con Pravan Foundation, ya lleva a cabo un ensayo clínico con la esketamina, un psicodélico no clásico que cuenta con aprobación de la FDA para casos de depresión resistente a tratamientos. El estudio busca comparar los síntomas, la remisión, la duración de los efectos y la experiencia de los pacientes al recibir el fármaco solo o dentro de un modelo psicodélico con sesiones de preparación e integración, explicó la doctora Rullán Farinacci.
El Comité que evalúa la investigación con psicodélicos en Puerto Rico tiene 16 integrantes: cinco representantes del Gobierno; seis docentes de la UPR; dos psicólogos clínicos en práctica privada; y tres miembros de Pravan Foundation, una organización que promueve las terapias con psicodélicos y organiza una cumbre sobre medicina psicodélica. Dos de los representantes de Paravan Foundation en el Comité, Rullán Farinacci y David Melchor, son además directivos de varias corporaciones de servicios médicos y una clínica que abrirá con terapias de ketamina.
El organismo tendrá hasta el 25 de noviembre para remitir un informe preliminar con sus recomendaciones al Secretario de Salud, quien se lo presentará a la Gobernadora. La mandataria dijo que será entonces cuando tomará la decisión final sobre la continuidad de la evaluación y, eventualmente, sobre la implantación del proyecto piloto completo y la solicitud de fondos.








