En el distrito congresional 7 de Pensilvania, donde viven 78,000 puertorriqueños, se libró una de las contiendas más reñidas en las elecciones de medio término del 3 de noviembre, donde el presidente de un sindicato de bomberos, el demócrata Bob Brooks, ganó por más de 35,000 votos al incumbente republicano Ryan Mackenzie. Fue un resultado que se repitió en muchos distritos tradicionalmente republicanos en todo Estados Unidos, para darle una victoria de barrida al Partido Demócrata, que obtuvo mayoría en Cámara y Senado.
En el distrito 7 está la ciudad de Allentown, que queda en la parte oeste de Pensilvania, en la región de los Montes Apalaches, a unas 48 millas de Filadelfia. Para llegar, se pasan extensas planicies verdes con forraje de tono ocre y grandes establos de madera rojiza, con torres metálicas para almacenar semillas a un lado, y al otro viviendas blancas de techo a dos aguas. Entremedio de este paisaje pintoresco, aparece un billboard gigante con la foto de una mujer mayor con expresión de horror y un mensaje que lee: “Ryan Mackenzie Welcomes Data Centers”.
El mensaje, que busca llamar la atención sobre los riesgos que representan los centros de procesamiento de datos de inteligencia artificial para el medio ambiente, nos recuerda que estamos llegando a un campo de batalla política. En la noche se sabrá que Brooks resultó ganador. Pero antes, miles de personas saldrán a votar.
El distrito 7 cubre los condados Northampton, Carbone, Monroe y Lehigh, cuya ciudad sede es Allentown, donde viven cerca de 35,000 boricuas. La ciudad aparece con la vista del edificio art deco de la PPL Corporation, la compañía energética que suple a Allentown, al fondo del horizonte, y a los lados las casas en hileras apiñadas pared con pared, una de ellas con un asta donde ondea una bandera puertorriqueña. “There you go”, ahí está, comenta el fotógrafo estadounidense que me acompaña cuando la ve.
Ya adentrados en la ciudad rápidamente llegamos a un centro de votación, en el 1221 de la Calle Front, el edificio de ladrillo de la Fearless Fire Company, la antigua estación de bomberos convertida en centro comunitario. En la puerta, a eso de las 11 de la mañana, está parada Sheila Alvarado, con una camisa azul que dice, en letras amarillas, “We the People Have Had Enough”, sobre una bandera de Estados Unidos rasgada, virada boca abajo. De su cuello cuelga un carnet que la identifica como voluntaria del Partido Demócrata. Junto a ella está su hijo de 13 años, Eli Martínez, quien cursa el octavo grado y dice, en español, “mi padre y mi madre son puertorriqueños, yo soy de Allentown, y me gusta esta ciudad”.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
Alvarado tiene 41 años y nació aquí, de padres puertorriqueños que migraron desde el pueblo montañoso de Orocovis, Puerto Rico. Además de voluntaria electoral, es asistente legislativa del representante estatal Peter G. Schweyer. También es vicepresidenta de la Junta de Comisionados de Lehigh County, el cuerpo legislativo del condado al que pertenece Allentown. Y es la primera mujer latina en ocupar ese cargo electivo. Lo dice en inglés y con orgullo, pero con temple sereno. Tiene espejuelos negros de pasta y el pelo oscuro recogido en una dona.
Antes de ocupar su puesto y ser asistente legislativa fue voluntaria interpretando de inglés a español en los centros de votación. Su trabajo en la oficina legislativa lo describe como de “atención al ciudadano”.
“Cuando los ciudadanos tienen preguntas, quejas o cualquier tipo de problema relacionado con el estado de Pensilvania, llaman a nuestra oficina. Entonces, yo me muevo por el complejo entramado del Gobierno de Pensilvania para ver de qué manera podemos ayudarles. Como quien dice, me dedico a resolver problemas; soy algo así como un técnico de soporte informático. Y estamos a disposición de cualquier persona, sea cual sea su afiliación política”.

Esa posición la ubica en un lugar de privilegio desde donde entiende cuáles son los problemas que más afectan a los habitantes de este distrito, y en particular a los latinos y los puertorriqueños.
“En estos últimos meses el tema principal ha sido la vivienda. Encontrar lugares donde vivir a precios más asequibles ha sido todo un desafío. Hay personas que están al borde del desahucio, y otras que ya han sido desalojadas y ahora viven en hoteles. Esto ha afectado con mucha dureza a nuestra comunidad”, dice Alvarado, mientras llegan votantes, a los cuales recibe diciendo, “thank you for coming out”.
Una de esas votantes es Neishaliz Rodríguez, de 18 años y oriunda de Guayama, un pueblo al sur de Puerto Rico. Lleva diez años en Pensilvania, primero vivió en Bethlehem, y los últimos seis los ha vivido en Allentown. Hoy emitió su primer voto y cuando le pregunto qué la motiva a salir a votar, dice: “el Presidente que tenemos”.
Primero pensé que el actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la había motivado a salir a votar por los candidatos de su partido, los republicanos. Pero su respuesta era irónica. Trump, aunque no está en la papeleta, ha pasado los últimos meses en campaña exhortando a los ciudadanos a salir a votar en unas elecciones que se convirtieron en una especie de plebiscito sobre su desempeño. Trump, lo que logró fue inspirar a Rodríguez a votar por los candidatos demócratas.
“No hay duda de que ha habido un descontento, ha habido un coraje incluso y una decepción en contra del presidente Trump”, dice Carlos Vargas, científico político y director de política pública del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College, Nueva York.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
“Esto [el voto por los demócratas] va dirigido al presidente Trump y dirigido también en contra de un Partido Republicano que había claudicado ante un presidente Trump que dominaba a los republicanos políticamente, porque podía determinar quién iba a ser el candidato republicano en las primarias. Ese era el poder que tenía Donald Trump, su partido”, añade Vargas.
El científico político observó que el segmento hispano que había apoyado a Trump en las elecciones hace dos años determinó en las elecciones de medio término que éste no había mejorado sus condiciones de vida, y se le fue en contra. Por otra parte, menciona que, aunque en estas elecciones aparenta haber habido una alta participación en general, todavía es temprano para tener números oficiales, fuera de las encuestas a boca de urna, que arrojen luz sobre la participación hispana, y la boricua en particular.
Le pregunto a Rodríguez, frente al centro de votación en Allentown, si votó por el demócrata Brooks, y dice que sí. Le pregunto si algo de su campaña en particular le llamó la atención, y dice que no.
Entonces, ¿tu voto es, más que a favor de los demócratas, en contra de los republicanos? Sí, sí, sí, dice Rodríguez, quien aspira a ser veterinaria, pero todavía no cursa estudios encaminados a esa profesión, sino que trabaja en una fábrica de la compañía Crayola. Vive con su familia y le preocupa el ambiente laboral y el costo de la vivienda. Cuando le pregunto qué es lo más que le molesta sobre Trump, dice que todo, y en particular lo que está haciendo con el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE en inglés), porque aunque como puertorriqueña que tiene ciudadanía no le afecta directamente, sí ha visto el efecto en su comunidad y entre amistades inmigrantes que tienen miedo a salir de sus casas.
Mientras Rodríguez vota en Allentown, cerca de medio millón de boricuas podrían estar votando en 13 distritos de Pensilvania (incluyendo el 7) donde los boricuas son la mayoría entre los latinos. Entre la noche y el próximo día de las elecciones, se sabrá que en esos distritos cuatro representantes demócratas desbancaron a los incumbentes republicanos. Brooks derrotó a Ryan Mackenzie con 56% de los votos en el distrito 7. En el distrito 11, que cubre el condado Bucks, Bob Harvie le ganó al republicano Brian Fitzpatrick. En el 8, condado de Wayne, Paige Cognetti le ganó a Rob Bresnahan. Y en el 10, que cubre a Harrisburg, la capital de Pensilvania, Jenelle Stelton desplazó a Scott Perry.
Otra de las preocupaciones que Alvarado escucha constantemente en las llamadas que atiende en la oficina legislativa en la que trabaja es la falta de cobertura médica y el costo de vida en general.
“La dificultad de conseguir dinero para pagar las consultas o los copagos, sin mencionar la compra de alimentos… La situación es complicada. Es, en esencia, lo que estamos escuchando a nivel nacional. Está afectando a nuestra comunidad. Lo escucho todos los días, ya sea en mi oficina o cuando estoy en cualquier otro lugar. Cuando escucho a una familia conversar, de eso es precisamente de lo que hablan: de la lucha por poder costear los alimentos, las comidas diarias y, en fin, los productos que estamos acostumbrados a consumir, como el arroz y las habichuelas”, menciona Alvarado.
Antes del mediodía, que se supone sea la hora pico en el centro de votación porque al no ser un día libre la gente aprovecha el break de almuerzo, Greg Clark, un empleado del condado de Lehigh que cuenta la asistencia dice que el 70% de las personas que que han entrado al centro son hispanas, cosa que nunca había visto, en los 30 años que lleva ejerciendo esta labor.
La gente que llega son principalmente de mediana edad. Se estacionan, o alguien los deja, y luego los recoge frente al centro. Se escuchan acentos dominicanos, mexicanos y gente hablando inglés. La mayoría no tiene reservas en comentar por quién votó. Al salir dicen “demócrata”, con mucho entusiasmo, como si ya supieran que van a ganar.
Jonathan Marks se bajó casi corriendo de un carro. Cruzó la calle y entró a votar. Salió con la misma prisa, vistiendo un cardigan gris con el logo magenta de T-Mobil, porque iba a trabajar. Me dice que le pregunte rápido, que ya vienen a buscarlo. Tiene 23 años y su madre es de Salinas, pueblo costero de Puerto Rico.
Me dice: “Vine a votar porque sé que nos va a beneficiar como comunidad, especialmente a los puertorriqueños. Para los boricuas, la comunidad es fundamental; se cuidan unos a otros y no ven las relaciones como un negocio, sino más bien como una familia, tú sabes, muy unida”.
Lo dice en inglés. Marks se identifica como una persona de Allentown de padres boricuas. Considera que el ambiente laboral en Estados Unidos está difícil.
“Está bien difícil, yo tengo suerte de tener un trabajo por ser bilingüe. Pero incluso a mi novia, que es bilingüe también, se le hace difícil. Hasta puedes tener un diploma y ser bilingüe y no te dan la oportunidad”, dice Marks.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
Le pregunto si la campaña de algún político le llamó la atención y dice que, “para ser sincero, no”.
“Quiero ver a Pensilvania azul [demócrata]. Debería haber sido azul cuando votaron en las elecciones presidenciales. Lamentablemente no fue así. Pero ojalá que con la llegada de las elecciones de medio término la situación cambie”.
Cuando llega el carro que viene a buscarlo se va según llegó, corriendo, para llegar a tiempo a su trabajo. Y Clark, el empleado electoral, viene hacia mí sin que yo se lo pida y dice “este es el conteo del día hasta ahora: 246 en esta área y 162 en la otra”, refiriéndose a otra entrada que tiene el centro de votación. Me da un papelito con un sticker que dice “I Voted/Yo voté”, con los números escritos a mano en la parte de atrás. Y me pide que se los lleve a Alvarado, quien está en la acera recibiendo votantes. Son las 12 del mediodía y esos números son altos, dice ella cuando los ve.
Sobre la participación puertorriqueña en las elecciones, la funcionaria dice que ha sido baja para los años que lleva viviendo aquí, que son prácticamente toda su vida.
“Vemos cuánta gente acude a nuestro Festival Puertorriqueño y a la Parada Puertorriqueña en Allentown, y no puedo evitar pensar: ojalá todos ustedes estuvieran igual de comprometidos con nuestro proceso electoral, por la importancia que tiene”, dice Alvarado.
Pero también comprende los obstáculos que enfrentan muchos boricuas frente al proceso electoral.
“Creo que el desafío radica, en parte, en que nuestro sistema de votación y la estructura de nuestro gobierno —es decir, los distintos cargos públicos— son complejos y difíciles de explicar. A veces cuesta transmitir en qué consisten estos cargos y cómo sirven a la ciudadanía, ya sea a nivel local, aquí en el estado de Pensilvania, o a nivel federal. El reto es lograr que la gente comprenda dicha estructura y entienda por qué es importante votar, no solo a nivel nacional —donde todos saben que deben elegir a un presidente—, sino también en las elecciones municipales, ya que son precisamente estas las que tienen un mayor impacto en nuestras vidas”, añade Alvarado.
Otra parte de la responsabilidad por la baja participación electoral se la adjudica a los políticos.
“Cuando llega la temporada electoral, parece que siempre se intensifica el interés por captar el voto latino. Y llevamos demasiado tiempo diciendo que no deberíamos dirigirnos a ellos únicamente durante la temporada electoral; la interacción con ellos debería ser constante”, advierte Alvarado.
Pero a juzgar por los números de asistencia que reporta Clark, parece que en estas elecciones de medio término más gente está saliendo a votar.
Alvarado nos recomienda que vayamos a una escuela cercana donde ella estudió, la intermedia Harrison Morton, cuando le decimos que vamos a explorar otro centro electoral de Allentown.
De allí salen Zinnia Santiago, de 32 años, y su madre Migdalia Morales, de 58 años. Acaban de votar. Morales tiene raíces en Juana Díaz y Sábana Grande. Ambas se mudaron de Brooklyn, Nueva York, a Allentown, por considerarla una ciudad mucho más segura, después del ataque a las Torres Gemelas en 2001.
“Durante mucho tiempo he trabajado en la comunidad y muy cerca de la gente de mi vecindario, y veo cómo las decisiones que se toman a gran escala —a nivel federal e incluso a nivel local— afectan a todos, en todos los niveles. Existe la percepción de que la voz de cada persona es escuchada y de que todos somos iguales, pero, en realidad, eso no necesariamente es así. Así que, al final, creo que esa es la razón por la que vine hoy. Porque no se trata solo de mí, se trata de mi comunidad, de mi gente, de nuestro país y de dónde estaremos dentro de 50 años, cuando quienes hoy ocupan cargos públicos ya se hayan muerto y sean olvidados”, afirma Santiago.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
Entre los problemas de la comunidad puertorriqueña que le preocupan a Santiago están la falta de recursos para aprender inglés, a pesar de que los boricuas y los latinos llevan poblando Allentown desde la década de los 50, atraídos por trabajos en la agricultura, las fábricas y la industria textil, así como los bajos costos de vivienda en comparación con las grandes metrópolis como Nueva York o Filadelfia.
“No hay suficientes recursos para que los puertorriqueños aprendan inglés. En segundo lugar, no existen suficientes recursos que comprendan nuestra cultura y estén dispuestos a ayudarnos a tender un puente entre nuestro lugar de origen —la Isla— y lo que es esto: la jungla de concreto”, dice Santiago.
Migdalia Morales, su madre, quien se dedica a cuidar personas mayores con necesidades especiales y problemas de salud mental, interviene y dice: “Los presos necesitan más programas para poder reintegrarse a la sociedad. Sí, los presos. La tasa de criminalidad aquí ha aumentado, y no están recibiendo la educación ni los recursos que necesitan —como entrenamiento, servicios de rehabilitación vocacional y atención a necesidades especiales—. Por otra parte, hay una gran demanda de atención a personas con necesidades especiales; no hay suficiente personal trabajando para cubrir las necesidades de las personas con problemas de salud mental o autismo”.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
Santiago, dueña de una compañía de transporte y logística, añade: “Y eso es solamente hablando en general, pero si nos centramos específicamente en las comunidades negras y latinas, somos quienes más sufrimos. Por eso es fundamental que haya representantes —y cualquier persona dispuesta a intervenir— que reconozcan que las comunidades negras y latinas han sido ignoradas. Y sí, existen muchas formas en las que podríamos salir adelante, pero aun así, no es suficiente”.
Justo después de que Santiago y Morales se fueran, salió de votar Brenda Nieves, de 54 años, nacida y criada en Allentown, luego de que su familia se mudara de Patillas, Puerto Rico. También es cuidadora de personas mayores y había votado más temprano, en otro colegio electoral, pero está aquí trabajando, ayudando a votar a una mujer mayor que está bajo su cuidado, y que también es puertorriqueña.
¿Qué la motiva a votar? “Todo”, me contesta Nieves.

Foto por Ryan Collerd | Centro de Periodismo Investigativo
“Soy cuidadora de ella y también de mi esposo, y la situación actual no es nada favorable para las personas que necesitan cuidadores. Por eso necesitamos más apoyo: más recursos, más horas de asistencia, tiempo libre pago… y eso es precisamente por lo que se está luchando. En segundo lugar, el odio, el odio tiene que terminar. Necesitamos paz mundial. Sé que suena a cliché, pero es la realidad. En tercer lugar, ella es una persona mayor y necesita su cobertura: Medicare o Medicaid. Yo misma tengo Medicaid, soy diabética y lo necesito. Ahora mismo, hay quienes quieren eliminar estos programas. Yo trabajo, pero, lamentablemente, la empresa para la que trabajo no ofrece seguro médico. Así que ese es otro problema”, dice Nieves.
Le pregunto qué piensa sobre Mckenzie, el republicano que ha representado su distrito desde enero de 2025.
“No está haciendo el trabajo del pueblo, está haciendo el trabajo de Trump. No busca ayudar al pueblo, está ayudando a Trump”, me responde.








