Había querido convertirse en madre durante toda su vida. María González, cuyo nombre fue cambiado para proteger su identidad, anhelaba criar en un ambiente de pareja y estabilidad. Cuando esa oportunidad llegó, cerca de sus 39 años, su número de óvulos estaba muy bajo.

“Yo me puse bien triste… Las probabilidades de tener un bebé eran bien, bien bajas”, recordó   González sobre su primera impresión al recibir los resultados de la prueba de sangre Anti-Müllerian Hormone, dirigida a conocer su reserva ovárica.

Aun con esos resultados, su ginecóloga le recomendó continuar sus intentos de embarazo junto a su pareja durante seis meses más. Sin embargo, ella — por recomendación de una amiga — tomó la decisión de acudir a uno de los cinco especialistas en reproducción asistida que existen en Puerto Rico, donde descubrió que una de sus trompas de Falopio estaba atrofiada y que padecía de endometriosis.

La mujer, planificadora de profesión y residente de San Juan, se sometió a una cirugía de trompas y una fertilización in vitro que no resultó en un embarazo. Con excepción de unos cuantos laboratorios que cubrió su plan médico, tuvo que pagar cada uno de sus procedimientos, para los que pidió un préstamo de $10,000 a su hermana.

La experiencia que compartió María en una entrevista de la Unidad Investigativa de Género — una alianza entre el medio Todas y el Centro de Periodismo Investigativo — representa algunos de los desafíos que enfrentan quienes buscan tratamientos de reproducción asistida en Puerto Rico. La mayoría de los planes médicos no cubren estos procedimientos, a pesar de que están muy ligados a diagnósticos de infertilidad, una enfermedad del sistema reproductivo que impide lograr un embarazo, según la Organización Mundial de la Salud.

Condiciones, como la endometriosis, también se tratan con intervenciones similares a las usadas para tratar la infertilidad, aunque el objetivo no sea gestar. El costo económico se suma al impacto emocional por las frustraciones y los duelos por embarazos no logrados, y al estigma social asociado con la infertilidad y los tratamientos de reproducción asistida.

“Cuando tú piensas que tienes que invertir $10,000 para tratar (de embarazarte) sin ninguna garantía, el proceso es demasiado doloroso emocionalmente y también duele en el bolsillo. Y compite con otras cosas… ¿con qué vas a criar al muchacho? ¿Con qué vas a arrancar tu vida? Tener un hijo es costoso”, dijo González sobre las dificultades económicas y emocionales que implica la reproducción asistida actualmente.

En 22 estados de Estados Unidos, los planes médicos ofrecen algún tipo de cobertura relacionada con la infertilidad, según datos de la asociación de infertilidad estadounidense Resolve. Aunque los requisitos varían por estado, Utah, Colorado, Illinois, New York, New Jersey, Connecticut, Rhode Island, Delaware, Maine, Massachusetts, New Hampshire y Maryland ofrecen algún tipo de cobertura para preservación de la fertilidad, para fertilización in vitro, o ambos

En momentos en que las tasas de natalidad han llegado a su punto más bajo en la historia de Puerto Rico, algunas de las mujeres que anhelan gestar sienten que el Gobierno podría hacer más para ayudarlas.

La reproducción asistida consiste en todo tratamiento dirigido a lograr un embarazo, según indican los Institutos Nacionales de Salud (NIH en inglés). Entre estos procedimientos, están la inseminación intrauterina, la fertilización in vitro, la donación de esperma, la donación de óvulos, la subrogación y la donación de embriones, entre otros.

La Organización Mundial de la Salud estimó en un reporte publicado en el 2023 que, a nivel mundial, una de cada seis personas tiene problemas de infertilidad, y que los procedimientos de reproducción asistida siguen siendo inaccesibles debido al costo, escasez de clínicas y especialistas y el estigma asociado con el tratamiento.

Las tres personas entrevistadas por la Unidad Investigativa de Género coincidieron en que el tratamiento de fertilización in vitro puede costar entre $10 mil y $18 mil, depende de los medicamentos que se necesiten y si se están comprando óvulos o semen.

“Hay un elemento de discriminación también para la mujer”

Para la doctora Rosa Cruz Burgos, quien dirige la clínica Gynecology Reproductive Endocrinology Fertility Institute, la infertilidad es, usualmente, la consecuencia de una condición subyacente. Por tanto, los costos de los tratamientos de fertilidad afectan a quienes desean tener crías, pero también a quienes tienen condiciones que requieren un tratamiento de fertilidad, aunque no deseen tener hijos. Según la ginecóloga, condiciones como endometriosis y fibromas uterinos pueden tratarse con los procedimientos relacionados a la fertilidad y, por tanto, estos pacientes también sufren la falta de cobertura médica de sus tratamientos aunque no sea para tener hijos.

“La infertilidad es la consecuencia de algo y ese algo puede ser una condición médica del sistema reproductivo como lo es la endometriosis, fibromas uterinos, problemas de ovarios poliquísticos… Tú no le puedes negar un tratamiento de endometriosis a un paciente porque, como consecuencia del tratamiento, se va a embarazar”, argumentó Cruz Burgos, quien es la única mujer que dirige una clínica de fertilidad en Puerto Rico.

La ginecóloga obstetra apuntó también al discrimen de los planes médicos por razón de género en temas de fertilidad. Recordó que, recientemente, recetó el mismo medicamento para la infertilidad a una pareja con el mismo plan médico. Ella presentaba problemas de ovulación y su pareja un análisis de semen alterado, una situación en la cual los resultados del análisis de semen se desvían de los parámetros normales establecidos por el laboratorio que procesa la muestra. “Yo le doy la receta del medicamento por 30 días al esposo y le doy el mismo medicamento a ella por cinco días. El plan médico se lo cubrió a él, pero no le cubrió lo de ella” recordó Cruz Burgos. “Hay un elemento de discriminación también para la mujer ahí”, continuó. 

Además de la doctora Cruz, los especialistas en reproducción asistida en Puerto Rico son los doctores Nabal Bracero, Pedro Beauchamp, Amaury J. Llorens y José R. Cruz Díaz. El 30 de mayo de 2024 el doctor Beauchamp anunció su retiro luego de 39 años.

La Unidad Investigativa de Género se comunicó con Triple-S, MCS, First Medical, Plan de Salud Menonita y el plan médico de Auxilio Mutuo para conocer si sus cubiertas incluyen tratamientos para la infertilidad.

Triple-S respondió que cubre tratamientos de infertilidad solo para empleados federales por requisito de Oficina de Administración de Personal federal. Por su parte, Auxilio Mutuo dijo que no cubren tratamientos de fertilidad en su plan de socios. Al cierre de este reportaje MCS, First Medical y Plan de Salud Menonita no habían respondido sobre su cobertura.

Una representante de Triple-S detalló, en un correo electrónico, que la cobertura federal se tramita por medio de reembolso. “El plan para estos empleados federales cubre el servicio de infertilidad hasta un tope de $10,000 por afiliado, a través de reembolso, debido a que no hay proveedores contratados para las cubiertas de estos beneficios. Además, algunos clientes comerciales o patronos auto asegurados, donde Triple-S les administra sus servicios y beneficios, solicitan estas cubiertas de infertilidad como un beneficio adicional”.

Destacó que los tratamientos están sujetos a preautorización y cubren un máximo de tres ciclos por año “para afiliados con órganos reproductores femeninos en edades de 35 años o más”. Asimismo, la fertilización in vitro está incluida entre los servicios de reproducción asistida. En el caso de personas con órgano reproductor masculino, los tratamientos “en su mayoría son farmacológicos y análisis de laboratorios que están incluidos” en la cubierta básica para empleados federales de la línea comercial.

Entre los servicios que se incluyen en la cubierta de Triple-S para empleados federales se encuentra: inseminación artificial, inseminación intravaginal, inseminación intracervical, inseminación intrauterina. Los medicamentos cubiertos son clomiPHENE Citrate. Chorionic Gonadotropin, Follistim AQ, Ganirelix Acetate, Menopur, Novarel, Ovidrel y Pregnyl.

Una abogada que no quiso ser identificada estimó que el costo de su tratamiento de infertilidad sobrepasó los $40,000 luego de realizarse tres fertilizaciones in vitro y dos inseminaciones intrauterinas que no resultaron en un embarazo. Para ella, los tratamientos dependen casi exclusivamente del factor económico.

“El acceso a tratamientos de reproducción asistida es tan difícil en términos del costo que las personas que llegan a donde yo estoy [a haber intentado la fertilización in vitro] son muchas menos de las que estoy segura se pudieran beneficiar”, explicó. Aseguró que ella hubiera continuado con los tratamientos de no ser por el costo.

“El precio emocional es alto también”

Idaliz Rodríguez, una farmacéutica del área de San Juan, anhelaba tener con su prole la misma relación de amistad que guarda con su madre. Cuando cumplió 38, su reserva ovárica estaba muy baja y, luego de una inseminación intrauterina y tres fertilizaciones in vitro, desistió de sus intentos.

Para ella, lo más doloroso del proceso fue la situación emocional a la que el procedimiento la llevó. “Con cada ciclo, es más difícil superarlo… Yo entré en lo que podría catalogar como una depresión, en un proceso bien profundo de duelo y de pérdida… No solo es la pérdida de dos embriones, sino también la pérdida de esa vida que siempre imaginé. La verdad, yo siempre me imaginé que iba a ser madre”, relató para más adelante añadir “el precio emocional es alto también”.

De forma similar, la abogada que no quiso ser identificada detalló que, aparte de lo invasivos que suelen ser los procesos de fertilización in vitro en el cuerpo de las personas gestantes, una de las partes más difíciles fue lidiar con el sentimiento de pérdida. “Este proceso es una montaña rusa… ¿Cómo reconoces un duelo cuando ni siquiera hubo un embarazo?”, especificó sobre sus sentimientos durante los tratamientos con los que recibía noticias positivas y desalentadoras constantemente. 

Por su parte, María González, la planificadora de San Juan, describió su proceso como una desilusión. “No lo veo como una pérdida de un embarazo, sino como una pérdida de la ilusión, de las expectativas, pero yo nunca me sentí embarazada… Quizás era yo misma protegiéndome porque sabía que mis probabilidades eran bien bajitas”, recordó sobre su experiencia.

De acuerdo con la psicóloga perinatal, Zilkia Rivera Orraca, aunque el embarazo no se haya dado, el sentimiento de pérdida es común y válido.

“Siempre hay un sentido de pérdida. No tiene que haber una pérdida real, concreta y física para que el sentido de pérdida esté ahí”, explicó la psicóloga.

Rivera Orraca destacó que, cuando los procesos de reproducción asistida no funcionan, las personas suelen experimentar tristeza, desilusión, frustración, coraje, entre otras emociones. “Son sensaciones bien fuertes… e implican mucho el autoconcepto; esa imagen que esta mujer tenía de sí misma, de su cuerpo saludable, de su cuerpo en bienestar, de momento se ve todo trastocado cuando no logra alcanzar ese embarazo que desea”, subrayó.

Señaló que aunque no todo el mundo necesita buscar ayuda y que, para algunas personas los procesos de reproducción asistida son rápidos y exitosos, recomendó acompañar estos tratamientos con un profesional de la salud mental.

La especialista, además, hizo alusión al estigma y las dificultades individuales en términos de salud mental que experimentan muchas mujeres y hombres que se someten a tratamientos de fertilidad. Entre estos se encuentran las expectativas sociales impuestas en las cuales las parejas deben buscar hijos cuando se encuentran estables, las presiones sobre el reloj biológico y cuestionamientos a la virilidad y hombría masculina, así como procesos psicológicos internos en los cuales las personas lidian con la ilusión de formar una familia y lo que implica no poder lograrlo.

“Hay mucha complejidad en el proceso. Es doloroso y hay manifestaciones psicológicas que pueden ser más agudas, en un lado y en el otro, tanto para hombres como para mujeres”, subrayó Rivera Orraca.

Ante estas complejidades, invitó a la población general a ser empática con estas personas mediante la validación de sus procesos, evitar ser invasivos y preguntar demasiado sobre aspectos de los que las personas no desean hablar, y tener mucha comprensión con sus experiencias. “Estos temas tienen un impacto real. No podemos seguir viendo esto como algo meramente biológico”, destacó.

La importancia de la educación sexual y reproductiva

María González enfatizó la importancia de que se tomen decisiones informadas.

“Yo no siento que yo tuve en mi vida ningún indicador que me hiciera pensar que yo podía tener unos retos reproductivos”, dijo, luego de explicar que sus menstruaciones eran llevaderas en términos de dolor y con ciclos que podía predecir fácilmente, en comparación con algunas de sus amistades.

Aseguró que le hubiera gustado saber, mucho antes en su vida, que la prueba para medir la reserva ovárica existía. “Nadie nunca me dijo vamos a hacerte esta prueba”, recordó. Asimismo, dijo que le hubiera gustado conocer más sobre los procesos de congelación de óvulos cuando era más joven.

González cree que más personas optarían por procedimientos de fertilidad asistida si los planes médicos los cubrieran. “Muchas personas lo intentarían si supieran que tienen ese respaldo”, dijo. 

Por su parte, Idaliz Rodríguez resaltó que la educación sexual usualmente se centra en cómo evitar un embarazo, pero que debería ser más abarcadora e incluir cómo preservar la fertilidad. “Quizás, yo tuve los medios [económicos] en mis treinta para preservar mis óvulos, que iban a ser de mejor calidad que mis óvulos a finales de los 30 años, pero a mí nadie me dijo que yo podía hacer eso”, subrayó.

Rodríguez, quien creó su página “Viviendo con Infertilidad” para apoyar a otras personas que pasan por el mismo proceso, aseguró que cambiaría muchos aspectos de la educación sexual que se imparte, entre ellos visibilizar que no todo el mundo puede tener hijos. “[Hay que] cambiar esa mentalidad de ‘cuando tengas hijos’ y reconocer que la maternidad y la paternidad son opcionales, y a veces, ni siquiera es por opción propia, sino que es por lo que te depara el destino”, expresó.

Añadió que no existe apoyo suficiente para las personas que desean maternar a temprana edad, que la maternidad debe dejar de romantizarse, y que se deben validar los procesos de cada cual. “Hay demasiado por educar… En términos generales, decir cosas como ‘no te rindas’ o ‘ten fe’ pone en cuestión el esfuerzo que uno está haciendo”. Aseguró que lo más importante es escuchar y practicar la empatía.

Rodríguez destacó que las narrativas respecto a las bajas históricas en natalidad en Puerto Rico minimizan a las personas que no han podido gestar. “También, nosotros, las personas infértiles, contribuimos de manera significativa a la sociedad, pagamos tasas de impuestos más altas, no tenemos deducciones… y esas cosas no son valoradas ni recíprocas en términos de beneficios para nosotros”, argumentó.

Colgado un proyecto de ley que proponía un cambio

La Cámara de Representantes colgó el Proyecto del Senado 941, de la senadora Ana Irma Rivera Lassén y del senador Rafael Bernabe que, ante los altos costos de los procesos de reproducción asistida y de las bajas históricas de natalidad, buscaba que los planes médicos cubrieran estos tratamientos, independientemente del género de la persona. El senador independiente José Vargas Vidot y la senadora novoprogresista Nitza Morán eran coautores de la medida.

“(Es) una gran decepción porque trabajamos intensamente para que ese proyecto estuviera listo para la discusión pero lamentablemente la Comisión de Salud no le dio la importancia ni la prioridad necesaria para que el proyecto pudiera ser discutido”, expresó Rivera Lassén.

De acuerdo con la senadora del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC), el proyecto respondía a la crisis demográfica de Puerto Rico.

“Se habla tanto de la crisis demográfica [pero] miran para el lado un componente importante de la cuestión demográfica que es darle la posibilidad a personas en Puerto Rico que quieren tener prole, que quieren tener hijos/hijas… Hay que visibilizar esa situación y el alto costo que eso representa”, explicó la ahora candidata a Comisionada Residente por el MVC. 

El PS 941 fue aprobado en el Senado el 29 de abril de 2024, con 18 votos a favor y 5 en contra. El 7 de mayo fue referido a la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes, pero allí no tuvo ninguna vista pública ni ejecutiva, según los datos de la Oficina de Servicios Legislativos.

Rivera Lassen destacó que muchas personas permanecían a la expectativa de la aprobación del proyecto para beneficiarse y llamaban “a cada rato” a su oficina preguntando por el estatus del proyecto.

Debido a que el 25 de junio era el último día para aprobar medidas y esta no pasó, Rivera Lassén se comprometió a que será presentado nuevamente durante el cuatrienio entrante.

“Tan pronto las personas que sean electas por el pueblo de Puerto Rico juramenten, esperamos que (el PS 941) se vuelva a presentar. Por parte de la gente nuestra, de la MVC, el compromiso es que se presentará nuevamente para dar el trámite y esperemos que la gente lo apoye”, declaró.

Por su parte, la directora ejecutiva interina de la Administración de Seguros de Salud (ASES), Roxanna Rosario Serrano detalló en una carta el 3 de octubre de 2023, de cara a la vista pública, que no se oponen a la aprobación del PS 941 siempre y cuando se les provean al Plan Vital los fondos para cubrir el impacto fiscal de la propuesta. A su vez, señaló que el proyecto tal y como se propone, presenta “grandes retos” para ASES.

“Todo servicio de salud, sea privado o público acarrea una serie de costos y gastos, no solo en el momento de la implementación, sino en el proceso previo a esta… [En cuanto al PS 941], no presentamos oposición a su aprobación, siempre y cuando se establezcan en el mismo los parámetros específicos, así como la designación de fondos necesaria para cubrir el impacto presupuestario que dichos cambios conllevarán en el Plan de Salud del Gobierno de Puerto Rico”, subrayó.

Aunque una veintena de estados tiene leyes a favor de que los planes médicos cubran la reproducción asistida, en Estados Unidos, movimientos conservadores han impulsado medidas que buscan otorgar personalidad jurídica a los fetos, es decir que a los fetos se les considere personas con derechos. Estas medidas podrían impactar el derecho al aborto, pero también el uso de fertilizaciones in vitro.

De igual forma, los procedimientos de fertilidad estuvieron recientemente entre los titulares de las noticias estadounidenses luego de que las iglesias bautistas votaron, el 12 de junio, por primera vez, para oponerse a la destrucción de los embriones que no se utilizan en procesos de fertilización in vitro. En mayo, el jefe de política pública de la Iglesia Bautista envió una carta al Senado federal pidiendo que se tomen medidas en contra de la fertilización in vitro por preocupaciones morales.

Mientras tanto, cientos de mujeres en Puerto Rico siguen pagando los altos costos ― económicos, físicos y emocionales ― de la infertilidad.