Si a usted le dicen la palabra “paraíso” vendrán a su mente imágenes de naturaleza, bosques exuberantes, playas azules, en fin, espacios abiertos y llenos de belleza. Por mucho tiempo, a la región del Caribe se le ha asociado con el encanto que producen esas imágenes paradisíacas.
Pero esa estampa que por mucho tiempo se ha usado para atraer turistas a la zona, ha ido desapareciendo ante el acelere de un modelo económico en la región en el que se prioriza el desarrollo en las costas, la sustitución del verde por el concreto, y la destrucción de las barreras como manglares, dunas de arenas y humedales que protegen la costa en tiempos en que la crisis climática nos impacta con fuerza.
Este canje de los recursos por el desarrollo desmedido también se da a costa del desplazamiento de las comunidades locales de los archipiélagos caribeños.
Cada vez más, esto ocurre debido a la entrada de extranjeros ricos que han encontrado en la región otro tipo de paraíso: uno para la construcción de megaproyectos hoteleros y para la privatización de facto de estas áreas, como si fueran su patio.
En las Islas Caimán, por ejemplo, el Centro de Periodismo Investigativo y el periódico Cayman Current encontraron que en 2021 las ventas de bienes raíces superaron un récord de $1,500 millones, con un tercio de esas ventas en la playa Seven Mile. Mientras, los caimaneses no consiguen lugares apropiados para vivir.
Una situación similar quedó evidenciada en Puerto Rico, donde, en su primer año de gobernación, la administración de Pedro Pierluisi le puso el acelerador a la aprobación de permisos para construir en pueblos costeros. La proporción de permisos costeros, en relación a todos los permisos aprobados, se mantuvo en 68% tanto en 2020 como en 2021, la cifra más alta en los pasados siete años. Y al comparar la cantidad de permisos costeros entre ambos años, hubo un aumento de 29% en el primer año de Pierluisi, según datos de la Oficina de Gerencia de Permisos.
Las construcciones que se han autorizado en las costas puertorriqueñas son, en su mayoría, hoteles, residencias o negocios. Casi ninguna busca lidiar con los efectos ya palpables del aumento del nivel del mar y la erosión costera, mitigar inundaciones o proteger comunidades vulnerables.
Los cambios culturales que llegan con la sustitución del paisaje por el concreto también se observan en las Islas Vírgenes Británicas, donde décadas de deforestación de manglares exponen a este archipiélago a los embates de la erosión costeras y los efectos de fenómenos atmosféricos, como huracanes.
En un trabajo en conjunto entre el CPI y The BVI Beacon, se encontró que casi la mitad de los manglares que bordeaban en los 1940s a Tortola, la isla más poblada del archipiélago de las Islas Vírgenes Británicas, ya no existen. Han sido reemplazados por relleno de terreno ganado al mar para desarrollar áreas como la capital, Road Town, que ahora cuenta con un poblado para recibir cruceros, marinas con cientos de yates anclados y edificios de oficinas que albergan la efervescente industria de servicios financieros de este territorio.
Con estas tendencias de construcción a expensas de los recursos naturales se arrastra al Caribe a ser una zona todavía más vulnerable aún a los efectos de la crisis climática que ha impactado la región.
Entre los próximos 30 a 40 años el mar subirá alrededor de unos tres pies, anticipó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de Naciones Unidas, el principal equipo de expertos sobre el tema a nivel mundial, y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica.
Las islas pequeñas se juegan la supervivencia en esta encrucijada, y sin barreras naturales, la amenaza es aún mayor.
Esta serie investigativa fue posible en parte con el apoyo de Para la Naturaleza, Open Society Foundations y la Fondation Connaissance et Liberté (FOKAL).
Editora de Proyectos Especiales: Omaya Sosa Pascual
Periodistas: Víctor Rodríguez Velázquez, Kayla Young y Freeman Rogers
Fotos: Jon Schutte, Abimael Medina, Ricardo Arduengo, Kayla Young y Freeman Rogers
Videos: Jon Schutte, Abimael Medina, Ricardo Arduengo, Kayla Young y Freeman Rogers
Gráficas: Gabriela Carrasquillo
Editoras: Carla Minet, Víctor Rodríguez, Laura Candelas y Vanessa Colón Almenas
Editora de video: Norenid Feliciano
Editoras web: Vanessa Colón Almenas y Angélica Serrano Román