A menos de quince días del inicio de la temporada de huracanes, el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPR) anunció este viernes el comienzo de una nueva fase de impermeabilización en la Biblioteca José M. Lázaro, un mes y medio después de que el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) revelara que, desde el paso del huracán María en 2017, las filtraciones y la proliferación de hongos en el edificio han empeorado, y que hay siete salas de estudio fuera de servicio.
Aunque la rectora del Recinto, Angélica Varela Llavona, aseguró en marzo mediante una carta circular que los trabajos habían comenzado el día 6 de ese mes, las reparaciones del techo de la biblioteca no arrancaron hasta mediados de mayo, con un costo estimado de $3,158,000.
“Con el inicio de estos trabajos reafirmamos nuestro compromiso con la recuperación, conservación y modernización de las instalaciones universitarias, garantizando entornos seguros y adecuados para la enseñanza, la investigación y el servicio a la comunidad”, dijo Varela Llavona el viernes por medio de un comunicado.
Esta es la segunda vez que se atiende el problema de filtración de la biblioteca, que fue diseñada por el arquitecto Henry Klumb e inaugurada en 1953. En el 2021, la administración universitaria anunció que había culminado la impermeabilización del techo mediante una solución temporera a cargo de la empresa Tropitech Inc. para parar las filtraciones, a un costo de $545,229.
El espacio se volvió a afectar tras los estragos de las tormentas Fiona, en septiembre de 2022, y Ernesto, en agosto de 2024, dijeron al CPI las arquitectas Mayra Jiménez Montano, ayudante especial en Asuntos de Infraestructura; y Jomarly Cruz Galarza, directora de la Oficina de Planificación y Desarrollo Físico del Recinto. En 2024, se produjo un desprendimiento de material con asbesto del techo en la Colección de Circulación y Reserva, que desembocó en una crisis de hongos en los libros que allí se custodian y que fue neutralizada con limpiezas constantes a cargo de la compañía In-Viro Care, dijo en entrevista previa la directora del Sistema de Bibliotecas del Recinto, Nancy Abreu Báez.
A raíz de la indagación del CPl, la administración del Recinto reunió al personal de la biblioteca a finales de marzo para actualizar el proceso de rehabilitación, algo que no había ocurrido antes, reveló una persona que trabaja allí en condición de anonimato. El pasado martes, las autoridades universitarias colocaron un letrero frente a la biblioteca en el que se anuncia el inicio de las obras.
Luego de la nueva impermeabilización de los techos — que está a cargo de la empresa JC Remodeling, Inc. — se sustituirán los sistemas de aires acondicionados y, eventualmente, se remodelará el interior de la biblioteca, que incluirá nuevos usos para algunas de las salas. Esas últimas dos fases están en etapa de diseño por la firma Hacedor: Maker/Arquitectos. Llevar a término todas las fases de rehabilitación de la biblioteca tomará otros tres años, reconocieron las arquitectas.
Los fondos para esta nueva fase de rehabilitación provienen de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) y del Programa de Pareo de Partidas No Federales y fondos CDBG-DR para la recuperación de desastres, otorgados por el Departamento de Vivienda federal.
Desde el 2017, al menos siete de las 14 salas y bibliotecas permanecen cerradas: los Servicios Bibliotecarios para Personas con Impedimentos, la Sala Zenobia y Juan Ramón Jiménez, la Sala de Documentos y Mapas, la Filmoteca, la Biblioteca de Ciencias Bibliotecarias e Informática, parte de la Biblioteca Regional del Caribe y la Colección de Música.
Aunque los servicios de estas colecciones se ofrecen desde otros espacios, su operación no es óptima, corroboró el CPI al recorrer el lugar en 2019 y a principios de este año.
Este reportaje es posible mediante una colaboración entre el Centro de Periodismo Investigativo y Open Campus.

