Loopland: la exclusión que se repite

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Captura de pantalla de la zona de Roosevelt Roads con Google Maps.

En terrenos de lo que fue la base de la Marina de Guerra de Estados Unidos Roosevelt Roads en Ceiba, Puerto Rico, las casas que fueron habitadas por militares de comandos de operaciones especiales del ejército serán transformadas en villas con sistemas de energía solar y de recolección de agua de lluvia para los jardines. Sus ocupantes ya no serán militares, ni tampoco gente de las comunidades aledañas, sino turistas de la generación milenial. 

Esa es la propuesta del más reciente complejo hotelero de lujo en una isla caribeña en donde más de la mitad de sus habitantes vive en condiciones de pobreza. La nueva versión de la fantasía colonial se llama “Loopland”. Son 750 viviendas en línea, como en una urbanización, que colindan al norte con tierras de la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads, al sur y al este con aguas del océano Atlántico, y al oeste con terrenos protegidos propiedad del Departamento de Recursos Naturales administrados por la organización sin fines de lucro Para la Naturaleza.

Loopland fue presentado por el Gobierno con una ceremonia de colocación de la primera piedra: una imagen repetida y desgastada, un photo op para Wanda Vázquez, la gobernadora no electa, en plena campaña electoral, en medio de una pandemia. Aparece en la foto con la pala llena de tierra junto a funcionarios de su Gobierno  y ejecutivos de la empresa privada, un simbolismo del lazo intrincado de intereses de poder que los une. 

También hubo una conferencia de prensa bajo una carpa, con un mar turbulento de fondo que anunciaba la cercanía de la tormenta Isaías. Habló David Brillembourg, director ejecutivo de Loopland, habló la Gobernadora, y Manuel Laboy, secretario del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio. Laboy tenía puesta una mascarilla negra con el logo de Loopland en letras blancas, quizá la mejor representación de secretarios de desarrollo económico que modelan marcas que venden fantasías. 

En Loopland, parte del territorio que una vez sirvió para los entrenamientos del Navy SEAL, en la costa este de la Isla, ahora será el playground de jóvenes profesionales que juegan con drones y surfean mientras administran sus inversiones de criptomonedas a larga distancia con conexión a internet de fibra óptica. Lo que eran lodges o cabañas militares se convertirían en “lodges temáticos” con amenidades como yoga, surf, skate, música, comida y un distrito para niños. Habrá “tecnología virtual inmersiva” para gamers que quieran alternar entre naturaleza y el mundo de los videojuegos. De esta manera, los huéspedes de Loopland, que de por sí sería una burbuja aislada del resto del país,  tendrían la oportunidad de sumergirse en otra burbuja de realidad virtual. Un simulacro dentro de un simulacro. 

Captura de pantalla de página web de Loopland.

Laboy, el secretario de Desarrollo Económico, me explicó a través de su portavoz de prensa que Loopland es producto de una “propuesta no solicitada”, que fue aprobada por la junta de directores de la Autoridad para el Redesarrollo de los Terrenos y Facilidades de la Estación Naval Roosevelt Roads, presidida por el propio Laboy, y compuesta por abogados, ingenieros y portavoces de políticos, sin participación alguna de la comunidad. 

Como resultado de la aprobación, se firmó un acuerdo en donde el Gobierno, bajo la administración de Ricardo Rosselló, arrendó a Loopland una 507 cuerdas de terreno por 50 años, con opción a renovar por 50 años más, a un precio de $27,500 mensuales ($330,000 al año), más $9,900 de mantenimiento mensuales. El contrato indica que el Gobierno está supuesto a quedarse con el 2% del ingreso bruto anual de la hospedería. Pregunté si Loopland ya cuenta con los permisos requeridos, como los de la Oficina de Gerencia de Permisos. Pero la pregunta no tuvo respuesta de parte del Departamento de Desarrollo Económico, quienes me refirieron a una portavoz de prensa de Loopland, que tampoco contestó.

Brillembourg dijo en la conferencia de prensa que para crear Loopland estuvo “buscando sites en todos los Estados Unidos, y terminamos hace dos años en la belleza de Puerto Rico y nos enamoramos de Puerto Rico y nos establecimos en Puerto Rico, y hoy en día somos residentes y amantes de lo que es Puerto Rico”. 

En ningún otro lugar iba a encontrar la combinación de exenciones contributivas para inversionistas que ofrece el Gobierno de Puerto Rico. El 14 de junio de 2018 Brillembourg obtuvo un decreto de la Ley 22 “para incentivar el traslado de individuos inversionistas a Puerto Rico”. El 5 de julio incorporó Loopland Development en el Departamento de Estado. El 5 de diciembre de 2018, ya había firmado el primer acuerdo de arrendamiento con la Autoridad para el Redesarrollo de Roosevelt Roads. 

La compañía debe hacer “su mejor esfuerzo” para reclutar la mayor cantidad de empleados de los municipios de Ceiba, en donde la tasa de desempleo para agosto de 2019 era de 8.9, y de Naguabo, con tasa de desempleo de 7.5 para el mismo año. También deberá realizar “por lo menos” dos ferias de empleo, una en cada municipio. Tendrán que crear al menos un empleo por cada una de las 728 unidades de vivienda, desde el comienzo de las operaciones hasta que se completen todas las fases del proyecto en 15 años, según el contrato, que no especifica qué tipos de empleo debe crear

El día en que se presentó Loopland a la prensa hubo una protesta de representantes de las comunidades de Ceiba que denunciaron que fueron excluidos del proyecto y de la rehabilitación de los terrenos de la base. La Gobernadora los atendió, haciendo un performance de la madre severa que escucha. Hizo promesas de inclusión de la comunidad. Otra promesa que se repite. 

Such is life

Uno de los episodios más notorios de la saga de exclusiones comunitarias del desarrollo de esa misma zona se dio en 2009 bajo la administración de Luis Fortuño. En ese momento la promesa desarrollista, en vez de Loopland, se llamaba Riviera del Caribe, un proyecto de la desaparecida Autoridad para el Portal del Futuro. Una imitación del centro turístico la Riviera francesa del Mar Mediterráneo, con un hotel de 500 habitaciones y un casino, restaurantes, teatro y comercios. También tendría una marina para yates y un terminal de lanchas rápidas.

El entonces director de la Autoridad para el Portal del Futuro, el ingeniero Jaime González, dijo en un foro con líderes comunitarios de Ceiba que la marina sería “para dar acceso a esas personas más agraciadas que usted y yo que tienen unos yates de 50 pies que atracan aquí y están par de horas. Pero no se preocupen, no se preocupen por eso, no todo el mundo tiene derecho a eso. Sigan jugando a la Loto, a la Revancha, lo que sea, que quizá alguno de ustedes se podrá comprar una lanchita de esas”.

La Riviera del Caribe, que nunca se concretó, prometía crear 42,517 empleos directos, cuando entre los dos años anteriores (2007 y 2008) se habían perdido 54,000 empleos y el 2009 marcó un récord histórico con 82,000 empleos perdidos. Pero este proyecto se presentó así al país, como una promesa de empleos , el año en que se aprobó la Ley 7 que produjo miles de despidos de empleados públicos y sin que se explicara de dónde iban a salir los $1,900 millones de inversión que requería el desarrollo. 

La comunidad, agrupada en ese momento bajo la Alianza Pro Desarrollo de Ceiba, se opuso porque la propuesta no respondía a las necesidades de las comunidades de un desarrollo autosuficiente y sustentable, pero sobre todo, que les incluyera.

“Vamos a hacer unas tiendas, que alguna de las tiendas tendrán productos que no los van a poder comprar, pues ‘such is life’ (así es la vida). No todo el mundo ha sido tan agraciado. Pero no hay exclusión aquí de nadie… Y el que no tiene ni siquiera 50 chavos pa’ comprarse un límber, por lo menos puede disfrutar de caminar libre de costo por esos paseos peatonales frente al mar y ver los cruceros llegar y ver a los pasajeros, los pasajeros con chavos, bajarse del crucero y verlos meterse en las tiendas y verlos comprando cosas caras y al que le cree eso complejo, pues lo siento mucho por ustedes, porque la vida es así, no todo el mundo nació tan agraciado”, dijo entonces González en sus declaraciones a líderes comunitarios que fueron captadas en video y publicadas en internet. 

A las pocas semanas también se publicó un audio de uno de los asesores de la Riviera del Caribe, José “Cheo” Madera, en donde llamaba a los “ocho o diez” líderes comunitarios de Ceiba, “crápulas, garrapatitas y vividores”.

Exclusión chic de alta tecnología

Captura de imagen del video oficial de Loopland.

Once años después, la historia se repite, como un loop, un ciclo que varía pero no se detiene. Ahora la exclusión, quizás, se disfraza mejor. Se estiliza con la estética millenial kitsch de alta tecnología, charrería high tech, como la que se despliega en el video promocional de Loopland: voice over con tono de voz optimista, saludable y eco-amigable, tomas rápidas de planos amplios de la naturaleza desde un dron, y música electrónica tropical lounge de gazebo y bronceado. En el video también vemos a una bailarina con traje típico de bomba y a un guitarrista de esquina en el Viejo San Juan. Estampas fugaces de folclor exótico para el deleite de los turistas (inversores, especialistas, tecnólogos, crypto especuladores), los “nuevos descubridores”, como les llamara el escritor cubano Antonio Benítez Rojo.

Ese marketing tiene algo perverso. Y es que empaqueta el turismo con un falso altruismo comunitario y una inclusión irreal que enmascara el privilegio del público al que se dirige, y del que surge.

Mientras el anuncio de Loopland que circuló en redes sociales exaltaba tomas de playa y jangueo en corillo, la Gobernadora prohibía la venta de bebidas alcohólicas desde las 7:00 de la noche y ordenaba el cierre de playas, gimnasios y casinos ante el aumento de casos de COVID-19. Mucha gente se preguntaba si el video de Loopland era una parodia de la Compañía de Turismo o del Destination Marketing Organization (DMO), pero resultó que era una promoción real. 

Los medios periodísticos se limitaron a reproducir el comunicado de prensa del proyecto. Los cibernautas fueron más allá y revelaron poco a poco el trasfondo del desarrollador de Loopland, David Brillembourg. Una manifestación más de la desconfianza que impera hacia los medios tradicionales y los proyectos económicos que impone el Gobierno sin consultar a la gente que se afecta por ellos. 

Las búsquedas de cibernautas que intentaban descifrar si se trataba de una parodia, descubrieron que Brillembourg es hijo del banquero y empresario Jorge David Brillembourg Ortega, creador del centro Financiero Confinanzas en Caracas, conocida como la Torre de David y que nunca fue terminada. También encontraron que Brillembourg hijo, ha sido demandado por fraude, aunque este ha negado la acusación. 

La artista Mónica Parada produjo una video parodia sobre Loopland. 

El periódico El Nuevo Día, cuya empresa matriz GFR Media tiene un centro de llamadas de su empresa LinkActive en terrenos de la misma base militar, reseñó la ceremonia con un titular entusiasta: “Roosevelt Roads tendrá su megahotel”. Esa afirmación en el titular contrasta con el historial de proyectos fallidos que se han prometido tanto para la base como para otros lugares de la Isla. Un titular más adecuado hubiese sido, “Proponen hospedería de lujo para turistas de Estados Unidos en antigua base militar”. 

Una posible traducción al español de Loopland podría ser: “La tierra del loop”. O, ¿La isla que se repite? La palabra “loop” puede traducirse al español como circuito o lazo. Pero principalmente se refiere a un proceso que se repite, un ciclo que termina en donde comienza, y que comienza en donde termina, sin detenerse. O más bien, hasta que el tiempo se lo permite. Porque el loop, como todo, necesita de una fuente energética. Circula en la finitud del tiempo y el espacio. 

Por eso, para nombrar a Loopland en español suena mejor “La isla que se repite”. Esa traducción arbitraria es más conveniente y adecuada. “La isla que se repite” es el título de un libro publicado en 1998 por Benítez Rojo y que habla, precisamente, sobre las experiencias coloniales del Caribe que se repiten. Como por ejemplo, un hotel para turistas extranjeros en una isla tropical.

One thought on “Loopland: la exclusión que se repite

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