Reacciona el gobernador a investigación sobre el conteo de las muertes relacionadas al huracán María

El gobernador Ricardo Rosselló se mostró satisfecho con la forma en que se ha manejado el proceso de contabilizar las víctimas fatales del huracán María bajo el liderato del secretario de Seguridad, Héctor Pesquera, pese a las fallas evidenciadas en varias investigaciones del Centro de Periodismo Investigativo (CPI). Para Rosselló no hay nada mal con el proceso que mantiene la cifra oficial de muertes ligadas a la emergencia en 55 personas, aunque un proceso de entrevistas y revisión de documentos realizado por el CPI en tres semanas arroja 47 muertes adicionales a las de la lista oficial, tras visitar solo siete municipios. La investigación publicada el miércoles sostiene que el gobierno no ha utilizado los protocolos científicos que se utilizan a nivel mundial, y que se usaban en Puerto Rico previo a este evento, para evaluar las muertes en situaciones de desastre. El fallecimiento del padre del ex alcalde de Lajas, Leovigildo Cotté, en un refugio tras quedarse sin oxígeno por la falta de electricidad fue la primera muerte vinculada al huracán revelada por el CPI el 26 de septiembre. A casi dos meses de María, esta muerte no ha sido agregada a la lista oficial de muertes.

Aparecen decenas de muertos no contados por el huracán María

Basta visitar las alcaldías, comandancias, y funerarias de los pueblos para encontrarlos. Los médicos también los reconocen, en privado. Pero el gobierno no los quiere ver. Se niega a documentarlos. En las últimas tres semanas el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) ha identificado 47 casos de muertes relacionadas al huracán María, adicionales a los 55 que ha informado el gobierno, mediante entrevistas a alcaldes, funcionarios de seguridad y manejo de emergencias de los municipios, entrevistas a familiares y revisión de certificados de defunción.

Agencias de gobierno no actúan ante peligros que conllevan los generadores eléctricos

Imagine que cada madrugada el grito de su hijo, desesperado, le lleva a buscar con una linterna la máquina de terapia. En la oscuridad de la noche, usted solo tiene su carro, que se convierte en la única forma de encender el equipo que neutraliza la respiración entrecortada del menor. Usted regresa del sobresalto a la cama, sabiendo que es muy probable que el ciclo se repita varias veces, mientras el entorno esté impregnado del olor a ese combustible que a otros les permite dormir placenteramente cuando es quemado y convertido en monóxido de carbono. Una escena similar a esta, o peor, se repite en miles de hogares. Puerto Rico huele y respira diésel desde que pasó el huracán María.