Buscaban su propia ruta. Sus exparejas se convirtieron en sus feminicidas.

A Iraida Hornedo Camacho la recuerdan como una mujer fuerte, firme, con una perseverancia que la llevaba a cualquier lugar. Para Las Petunias, como se autoproclamó su grupo de amigas cercanas por más de 20 años, Iraida era maestra y protectora, era fajona y firme, aunque con un corazón blandito. Era “la mamá gallina”. “Ella, siempre, lo que quería, lo lograba. Lo único que no pudo lograr fue salir de ese ciclo, porque ella quería salir, y me consta que luchó y luchó”, dijo Laura Colón, su petunia más cercana.