Gobierno ignora el valor del trabajo doméstico sin paga

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“Eso que llaman amor, nosotras lo llamamos trabajo no pagado”.
—Silvia Federici, activista feminista italiana


Cuando Wanda García, de 57 años, se enteró de que su hijo Christian, hoy de 24, tenía perlesía cerebral, tomó una difícil decisión: dejó su trabajo como secretaria médica para dedicarse completamente a cuidarlo. Las dos semanas que estuvo hospitalizada por preeclampsia antes de dar a luz — a la semana 33 de embarazo — y los 40 días que Christian pasó en la unidad de cuidados intensivos neonatales eran solo una pizca de lo que esta familia del Municipio de Florida atravesaría.

A los días de nacido, Christian se infectó con una bacteria en el hospital que se le alojó en la sangre. Tras dos semanas de recibir el alta, Wanda y su esposo tuvieron que llevar a Christian nuevamente al hospital donde le diagnosticaron una infección de orina. A partir de ahí, le recomendaron varios estudios y análisis que derivaron en el diagnóstico.

“El médico nos dijo que el nene no iba a hablar ni a caminar, que iba a estar como un vegetal, pero yo no le creí eso”, contó Wanda en una llamada telefónica. “Uno tiene que limpiarse la cara y echar pa’lante. Dejé el trabajo pa’ meterle pecho a eso”.

Wanda lleva más de 20 años fuera de lo que el Gobierno llama la fuerza trabajadora, pero no ha descansado prácticamente ni un solo día. Su vida ha girado en torno a llevar a su hijo a las citas que tiene con 12 especialistas distintos y a sus múltiples terapias e intervenciones médicas. A veces tiene hasta tres citas por día, por lo que Wanda se levanta temprano, cocina para toda la familia, prepara un bulto con comida y ropa para Christian, y pasa el día de cita en cita.

“Desde hace un año para acá, me dedico a controlar todo eso porque me canso demasiado. En mi situación, me canso más”, mencionó y explicó que, naturalmente, ya no tiene las mismas energías que disfrutaba cuando su hijo era pequeño.

Wanda sacó a su hijo de la escuela a los 15 años por la frustración que tenía con el sistema de educación pública que falló en proveer una asistente educativa estable para Christian mientras estuvo matriculado.

“Le di homeschooling cinco años en casa. Me aprendió a leer, que las maestras decían que nunca iba a leer. Aprendió las tablas de multiplicar. Sabe escribir su nombre, apellido, dirección y seguro social. Brega con el celular y con la laptop”, contó Wanda con orgullo por haber retado lo que ese primer médico le auguró.

En la falda del cerro Mime en Orocovis, Lillian Figueroa, de 58 años, se acerca a una cama de posiciones y arropa con ternura a su papá Juan, de 88 y paciente de Alzhéimer. Piensa en la merienda y la cena que le tiene que preparar a su mamá, María, de 80, paciente de diabetes, y en que pronto le tiene que poner la tercera inyección de insulina del día.

Hace dos años que Lillian vive con sus papás para poder ser su cuidadora a tiempo completo. Fue una decisión que tomó luego de sentirse demasiado abrumada por viajar cada día de su casa a la de sus padres para cuidarlos. “Yo vivía cerca, pero el sube y baja me tenía agotada”, contó sentada en el sofá de su sala frente a una imagen de la Sagrada Familia y otra de Jesucristo con rostro sereno.

“Esto es un maratón. No es fácil, pero no es imposible”, dice Lillian mientras cruza sus manos y se escucha el sonido de una quebrada de fondo. “Cuando tengo internet en la tablet, busco información. Me gusta buscar mucha información de cómo progresa la enfermedad de Alzhéimer, cómo nos tenemos que cuidar los cuidadores, aunque a veces te digo que no hay tiempo, no me acuerdo ni de comer. No tengo chance”, relató.



Wanda y Lillian no se conocen, pero algo las une: realizan trabajos domésticos y de cuidado sin paga. Son tareas que hacen millones de personas — sobre todo mujeres y niñas — en el mundo, pero que no se consideran dentro de la economía formal y no son remuneradas. Sin embargo, estas labores diarias sostienen la vida misma porque ¿qué sería de estas personas si no tuvieran sus cuidados? ¿En quién recaería la responsabilidad de alimentarlos? ¿Quién pagaría por esos servicios? ¿Cuánto costaría pagar por estas tareas?

¿Cuánto valen los trabajos domésticos y de cuidado no remunerados?

El trabajo doméstico y de cuidado no remunerado comprende dos tipos de actividades por las que una persona no recibe compensación económica: el cuidado directo a bebés, niños, adultos y personas con diversidad funcional o alguna enfermedad, y las actividades de cuidado indirecto, como limpiar, cocinar o hacer trámites.

Esta labor, sin embargo, no se contabiliza dentro del Producto Interno Bruto (PIB) en ninguna parte del mundo, aunque sostiene la economía global, ya que este cálculo (el PIB) generalmente solo incluye actividades que involucran transacciones monetarias.

La jornada de Lillian Figueroa, encargada del cuidado de sus padres, inicia todos los días a las 6:00 a.m. Las primeras tareas que asume son preparar el desayuno y administrar la insulina a su mamá, paciente de diabetes.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

En Puerto Rico, la Legislatura aprobó el Proyecto del Senado 223 (P del S 223) que buscaba cuantificar el trabajo no remunerado, pero el gobernador Pedro Pierluisi lo vetó en enero de 2023. Esta medida habría arrojado luz sobre la magnitud del trabajo no remunerado, la disparidad entre géneros de quienes lo realizan y cuánto representa en la economía.

Según la secretaria de Prensa del Gobernador, Sheila Angleró Mojica, Pierluisi “se vio imposibilitado” de firmar la medida por recomendación del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos (DTRH), que ya “hace una encuesta relacionada que se paga con fondos federales y cuyos temas no se pueden cambiar sin autorización”.

En declaraciones escritas, Angleró dijo a Todas y al Centro de Periodismo Investigativo (CPI) que “no hay fondos para una encuesta local” y que los fondos federales no se pueden usar para otros propósitos que los asignados. Argumentó que la propuesta de ley trataba de labores “fuera de los lugares de trabajo o por personas que no pertenecen a la fuerza trabajadora” e indagaba sobre la “vida privada de los encuestados”.

No obstante, la Encuesta del Grupo Trabajador que se publica por el DTRH apenas menciona qué porcentaje trabaja en "oficios domésticos" y no incluye el cuidado no pago, lo que es un “factor estructural de la desigualdad de género”, según la ONU Mujeres.

Las estadísticas oficiales sobre la productividad laboral no integran preguntas que sirvan para saber cuántas trabajadoras tienen prole, ni de cómo la maternidad, la paternidad o los cuidados reducen el tiempo disponible para mantener un trabajo con paga. Por el contrario, el único análisis dedicado a este asunto es sobre la participación de la mujer en la fuerza laboral en Puerto Rico. En el 2022, la publicación dio a entender que la baja participación laboral de la mujer, en comparación con el hombre, se debía a la disponibilidad de la mujer cuando dice que: “A pesar de que constituyen más de la mitad de la población en edad de trabajar, menos del 50% de ellas participa o está disponible para la producción de bienes y servicios en la economía”.

Lillian Figueroa se ocupa de administrar las medicinas que debe tomar cada uno de sus progenitores. Entre la cocina y la atención a sus padres, realiza algunas tareas de aseo.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

Estas tareas domésticas y de cuidado no remuneradas pueden redundar, además, en que las mujeres tengan menos tiempo para aprender, divertirse, participar de la política o dedicarse a su autocuidado. También inciden en su inserción y crecimiento en el ámbito laboral formal y las deja relegadas al trabajo informal.

En el caso de Wanda, una de las protagonistas de esta historia, siempre tuvo la esperanza de volver al trabajo formal. “Mi esposo me dijo que el nene iba a mejorar y que yo iba a volver a trabajar. Pero eso nunca se dio”.

Sería uno de los sectores de mayor aporte al PIB

En América Latina, estos trabajos no remunerados representan entre el 15% y el 26% del PIB, según el estudio Valorización económica del trabajo no remunerado de los hogares de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Mientras, en Estados Unidos, se estima que el PIB aumentaría en un 26% si se incluyeran estas labores, de acuerdo con un estudio citado por el Instituto de Investigación de Políticas para la Mujer. En algunos países, la cifra podría alcanzar el 40% del PIB, informó la Organización Internacional del Trabajo.

Teniendo estas cifras en cuenta, si se estimara el valor del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en Puerto Rico, la economista Martha Quiñones Domínguez dijo que este podría representar uno de los sectores de mayor aporte al PIB, que la Junta de Planificación estimó en un total de $113,567 millones en 2022. Incluso proyectó que podría tratarse de más de $15,000 millones aportados a la economía, por lo cual sería un sector superado únicamente por la manufactura, que representa un 46% en el PIB (o $52,392 millones). Estaría por encima de sectores como el de bienes raíces y renta (16%) o el comercio al detal (6%).

En el mundo, el valor del trabajo de cuidado no remunerado que realizan las mujeres mayores de 15 años representa unos $10.8 billones cada año, lo que equivale a tres veces el tamaño de la industria tecnológica mundial, según un estudio de Oxfam hecho en el 2020.

Entre 9:00 a.m. y 11:00 a.m., Lillian le prepara la merienda a su mamá y se ocupa de atender a su papá, que está encamado y es paciente de Alzhéimer.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

Lo que no se ve, no se cuenta: la crisis de cuidado

El PIB es una medida macroeconómica que toma en cuenta el valor total de los bienes y servicios que un país produce en determinado tiempo. Si bien se utiliza para observar la evolución económica de un país, deja de lado un aspecto fundamental: el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

“Hay muchas opresiones hacia las mujeres que no se visibilizan ni se entienden porque solamente se ve que lo único importante es el trabajo que se paga y no el trabajo que no se paga”, dijo Quiñones Domínguez. “Si lo visibilizas, se le causa un problema al capitalismo que se alimenta de ese trabajo invisible porque, si fueran a pagarles ese trabajo a las mujeres, entonces saldría más caro y las ganancias serían menos para el sistema capitalista”, añadió.

Para la economista, en Puerto Rico hay una “crisis de cuidado” – que también se ha reportado en Estados Unidos – por los altos costos de los centros de cuido para niños y adultos, por la quemazón que pueden sufrir algunos cuidadores al no tener un descanso de esas labores, por la falta de apoyo social y gubernamental, y por la invisibilización de estas tareas, que afectan más a las mujeres por ser una labor feminizada.

Lo que atraviesan las personas que cuidan

“El Gobierno es lo más difícil”, consideró Wanda sobre las mayores dificultades que enfrenta como cuidadora. “No tienen nada para ellos [personas con diversidad funcional], no te dan nada. Dejas el trabajo para dedicarte a tiempo completo a ellos, pero tampoco ayudan a mamá. Es como si te pusieran en una página negra. Los echan a una esquina y se olvidan de ellos”.

Sostiene que aunque intentó ser la asistente de su hijo, en el Departamento de Educación (DE) le dijeron que eso era un conflicto de interés.

Jorge Salcedo, oficial de prensa del DE, indicó que “hay casos excepcionales” en los que una madre puede ser asistente cuando el diagnóstico del menor requiere de un cuidado prioritario que le provee su madre.

Wanda también ha estado frustrada con la Administración de Rehabilitación Vocacional (ARV), agencia encargada de integrar a las personas con diversidad funcional a la fuerza laboral. Dice que le prometieron una nueva silla de ruedas, pero todo quedó en la nada. Tampoco consiguieron ayuda para un empleo para Christian.

“Ese es el problema aquí. Después de los 21 años, estos jóvenes quedan en el aire. No hay nada. No hay trabajo. No los buscan. No podemos conseguir equipo”, agregó la madre. La directora de la Oficina de Servicios de la ARV, María Benítez, no proporcionó al CPI una respuesta concreta sobre este caso, pero se comprometió a revisarlo.

Wanda no sale sola. Pocas veces hace actividades para ella misma. Hace las compras por internet. Y las pocas veces que va al beauty, es solo a cortarse el pelo para no incurrir en más gastos. No tiene amistades, y su red de apoyo la componen su esposo, su familia y la iglesia a la que asiste.

Lillian tampoco hace muchas actividades por su cuenta y, desde que vive con sus padres hace dos años, nunca más se ha ido de vacaciones. Solo sale a citas médicas para su tratamiento de salud mental y para las clases de zumba gratuitas que ofrecen en el Coliseo Jesús M. “Tito” Colón en Orocovis, a unos 20 minutos en carro desde donde ella vive. Esta actividad física es su terapia, donde se transforma de una mujer calmada y callada, a una que hace chistes y se ríe a carcajadas. Cuando se le daña el carro, no tiene alternativas de transporte público ni taxis disponibles, algo común en pueblos de la montaña.

Para Lillian, lo más difícil de cuidar a sus padres es ver cómo se van deteriorando, cómo les cuesta más hacer cosas que antes podían. También le cuesta lidiar con los roces familiares que enfermedades como el Alzhéimer pueden causar.

Además de los apagones constantes o los cortes de agua, otra dificultad en el sector de Orocovis donde viven es la interrupción continua del internet y el servicio telefónico. Allí de repente no hay conexión a internet ni señal de celular. Semanas antes de entrevistarla, su papá se había caído y había tenido que correr hasta la casa de su tío, uno de sus vecinos, para que llamara a dos de sus cinco hermanas para ayudarle.

“Ellas dos bregaron con la ambulancia. Se fueron con él al hospital y yo me quedé con mami”, recordó. Ninguno de sus padres puede quedarse sin vigilancia.

Lillian se mudó a la casa de sus papás en Orocovis para poder cuidarlos mejor. Tiene un cuarto en el que solo ubica sus pertenencias, pues tiene que dormir en la misma habitación que su papá, paciente de Alzhéimer, para poder atenderlo durante las noches y tener la capacidad de responder rápido ante cualquier necesidad que surja.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

Los mitos de la economía: del PIB a las encuestas de empleo

Tanto la definición del PIB – y su uso para medir el desarrollo económico y el bienestar – como la forma en que se contabiliza la fuerza trabajadora son algunos de los mitos de la economía, dijeron las economistas feministas Cristina Carrasco (Chile) y Corina Rodríguez (Argentina) en la charla “La economía siempre nos mintió. Desarmemos mitos para la revolución”, realizada en el marco del Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias celebrado en Bariloche, Argentina, en octubre del año pasado.

Según Carrasco, “la economía es pura ideología”, pues no cuenta con una ley o una teoría que demuestre un acercamiento empírico. Más bien, “se inventan una definición” que se ajuste a lo que un grupo determinado de economistas quiera impulsar. Por ejemplo, decir que el PIB es la producción de un país “es un mito”, ya que no incluye otro tipo de producciones como el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, el trabajo campesino o las labores de voluntariado. Este indicador tampoco toma en cuenta las desigualdades en la población, el impacto en los recursos naturales o el daño ambiental, algo que se ha criticado por años.

Rodríguez explicó que, en el caso de Argentina, se difunde la narrativa de que primero hay que crecer el PIB y luego ese crecimiento se va a distribuir entre los distintos renglones sociales. Sin embargo, en la década de 1990 la economía argentina crecía, pero también lo hacía el desempleo. “La economía crece a costa de peores condiciones de vida de las personas. (...) Me parece que, como feministas, tenemos que enfrentar estas narrativas y revelarlas. Develar que esto es un mito”, sostuvo.

“El PIB puede aumentar, pero no quiere decir que con eso la población tenga mayor bienestar”, insistió Carrasco.

El caso de Puerto Rico en cifras

En Puerto Rico, el PIB creció un 7% de 2021 a 2022 (de $106,426 millones a $113,567 millones), indicó la Junta de Planificación. No obstante, en ese periodo también aumentó la pobreza en la población general de 40.5% a 41.7%, mientras que en los menores de 18 años fue de 54.9% a 57.6%, según datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Entre 2021 y 2022, el porcentaje de mujeres bajo el nivel de pobreza aumentó de 42.6% a 43.8%, mientras que el de hombres subió de 38.2% a 39.4%.

En contraste, entre 2021 y 2022 la tasa de desempleo en Puerto Rico se redujo de 7.9% a 6% y la tasa de participación laboral subió de 42.6% a 43.4%, de acuerdo con el estudio Participación de la mujer en la fuerza laboral en Puerto Rico.

Este estudio también indica que, para el 2022, las mujeres representaban el 45.1% del grupo trabajador (537,000 de 1,191,000), es decir, de las personas empleadas y desempleadas buscando trabajo. Esto es un aumento de 28.2% con respecto al 1990, cuando había 419,000 mujeres en la fuerza trabajadora. Mientras tanto, la tasa de participación de las mujeres se ubicó en 36.6%, 5.2 puntos porcentuales más que en 1990.

En el 2022, 932,000 de las mujeres estaba “fuera del grupo trabajador” y de estas, el 50.2% (casi 468,000) realizaba “oficios domésticos”. En 1990, en comparación, 919,000 de las mujeres se encontraba fuera del grupo trabajador, de las que el 83.5% (767,000) eran amas de casa.

“Son amas de casa. Se considera que están fuera de la fuerza laboral, pero están trabajando. Están dentro del grupo trabajador, pero la definición las excluyó”, analizó Quiñones Domínguez.

En el caso de los hombres, en 2022 había 619,000 (48.61%) fuera del grupo trabajador y de ellos el 3% (20,000) se dedicaban a “oficios domésticos”.

Asimismo, en Puerto Rico los hogares con jefas de familias representan el 42% del total, y de estos, el 57% se encuentra por debajo de los índices de pobreza, según datos del Censo del 2019.

A esto hay que sumarle el hecho de que las mujeres dedican en promedio más tiempo que los hombres a las tareas domésticas y de cuidado sin paga. Aunque en Puerto Rico no hay datos publicados al respecto, en Estados Unidos se estimó que las mujeres dedicaban en promedio 4.5 horas diarias a trabajos no pagados, mientras que los hombres dedicaban 2.78 horas, según un estudio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Falta de reconocimiento y apoyo gubernamental

“En el país no se reconoce el trabajo de cuidados como trabajo, tampoco se le otorga importancia por el gobierno y por la comunidad en general”, indica el informe “Políticas Públicas y el Trabajo de Cuidados en Puerto Rico”, realizado por la organización sin fines de lucro Inter-Mujerse.

Este informe, creado por las abogadas Marilucy González Báez, Patricia Otón Olivieri, Yanira Reyes Gil y Esther Vicente, analiza las políticas públicas aprobadas hasta el momento en materia de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

El documento dice que el Gobierno “no recopila los datos necesarios” para revisar el cumplimiento de las políticas públicas relacionadas al trabajo de cuidados remunerado. Tampoco atiende “la necesidad de redistribuir las tareas de cuidado” de forma equitativa en las familias, comunidades y sector gubernamental.

De igual forma, las leyes aprobadas sobre el cuidado dejan desprovistas de derechos laborales a las personas que realizan estos cuidados de manera ocasional o informal, e ignora casi por completo a quienes lo hacen sin paga. “Esto provoca que estas personas, en su mayoría mujeres, no cuenten con protección en caso de enfermedad, salario mínimo, jornada laboral de ocho horas, protección en el desempleo, licencias de lactancia o maternidad, protección en la vejez (retiro) o vacaciones”, indica el informe.

La situación se empeora por “las medidas de austeridad impuestas por políticas neoliberales impulsadas por la Junta de Supervisión Fiscal y adoptadas por el gobierno”. Estas han tenido el efecto de encarecer o empeorar los servicios de energía, agua potable, transportación y recogido de basura, afectando “de manera particular a las personas que ofrecen servicios de cuidado”, añade el informe.

La peor situación la tienen quienes realizan tareas domésticas y de cuidado con un estatus migratorio irregular, pues están más expuestas a abusos y mala compensación, y casi completamente desprovistas del cuidado de la ley, según el informe.

En el caso de Wanda y de Lillian, ambas reciben ciertas ayudas gubernamentales pero que son insuficientes y no relacionadas a las labores de cuidado que prestan diariamente. Wanda recibe cupones de alimentos por la condición de Christian, pero nunca solicitó el seguro social, aunque trabajó por más de una década como secretaria. Tiene acceso al plan gubernamental de salud Vital, pero si su esposo suma mayores horas en su trabajo de construcción, les amenazan con quitárselo.

Mientras tanto, los padres de Lillian reciben cupones de alimentos, y los tres reciben el seguro social, ya que la cuidadora trabajó por años como supervisora de alimentos en un centro Head Start. Su mamá lo recibe por su esposo, ya que fue ama de casa por años y también cuidó a sus nietos. Además, tiene la visita de una ama de llaves — provista por el municipio de Orocovis — por cuatro horas dos veces por semana. Esta persona ayuda con tareas de limpieza y otras labores, pero es Lillian quien se encarga de su papá. Si no fuera por la ayuda económica de sus hermanas, estarían en una situación de mayor dificultad.

Wanda reconoció que el Municipio de Florida le ha dado algunas horas de trabajo a Christian con su programa de verano, mientras que Lillian resaltó la importancia del apoyo con las clases de zumba y lo que representa una ama de llaves para su situación, ambos servicios provistos por el Municipio de Orocovis. También recibe medicamentos y la visita de un médico internista a domicilio.

Ley 82 de 2023: un intento de atender el cuidado informal

Hay una política pública sobre el cuidado informal en el País: la Ley 82 de 2023. Crea la Carta de Derechos del Cuidador Informal, el Registro de Cuidadores Informales en Puerto Rico y la posibilidad de que los cuidadores soliciten un ajuste en su itinerario laboral sin ser penalizados.

El Departamento de la Familia (DF), a cargo de hacer cumplir la Ley 82, está en “la fase de diseño e implementación” del Registro de Cuidadores Informales, “que entrará en función a mediados del mes de mayo de 2024”, indicó la administradora de la Administración de Familias y Niños (Adfan), Glenda Gerena Ríos, en declaraciones escritas.

Según Gerena Ríos, un portal electrónico servirá como “un punto de acceso centralizado para los cuidadores informales, donde puedan registrarse para recibir información, acceder a recursos y conectarse con servicios de apoyo”, como un directorio de asistencia al cuidador, servicios de respiro, asesoramiento y grupos de apoyo.

También contará con módulos de capacitación y talleres educativos para los cuidadores informales y cursos ofrecidos por la Pontificia Universidad Católica, sostuvo Gerena Ríos.

La funcionaria indicó, además, que la división legal de Adfan, adscrita al DF, “se encuentra trabajando” en la redacción del reglamento de las “responsabilidades y derechos del programa de apoyo a cuidadores informales”, el cual definirá las normas y procedimientos relacionados con la ley. Asimismo, confirmó que ya han recibido solicitudes de orientación por parte de cuidadores informales.

¿Qué les depara el futuro?

Al concluir la entrevista, doña María, mamá de Lillian, sirve café con queso y se sienta a conversar. Es una mujer alta de ojos azules y una sonrisa encantadora. Lillian dice que le da energía verla alegre, saber que ella está bien.

“Yo digo que somos los tres mosqueteros, estamos siempre juntitos y ellos son bien apegados a mí y yo a ellos. Siento que lo que estoy haciendo es lo que tengo que hacer en estos momentos. No desviarme a otro lado porque se me derrumban ellos”, dice Lillian desde el sofá. Sabe que no puede dejar su tratamiento de salud mental y hará lo posible por mantenerse haciendo ejercicios. Sabe que, con enfermedades como el Alzhéimer, hay que tomarlo un día a la vez.

Doña María, madre de Lillian, observa a sus santos, a quienes les prende velas cada día. A las 5:00 p.m., cuando tiene señal, ve la misa desde la sala de su casa en Orocovis.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

En las montañas del pueblo de Florida, Wanda suspira. “¿Qué va a pasar cuando mamá cumpla cierta edad?”, se pregunta, y se oye a Christian decir algo que es ininteligible. Wanda quiere que haya alternativas para que su hijo trabaje y socialice con otros jóvenes. Le está enseñando a leer mejor para que tome el examen de conducir y aprenda a guiar. Desea con ansias que sea independiente.

“Yo sé que, si a él se le consigue un trabajito, y no estoy diciendo que le den un trabajo de lunes a viernes de ocho horas, cuatro horitas, aunque sea tres días, algo que yo lo lleve y él vaya echando pa’lante”, dice Wanda con voz cansada. Con su esposo, luchan para ampliar la casa que han ido construyendo poco a poco. Quieren añadirle un baño al cuarto de Christian para que tenga mayor independencia, y también adecuarlo para una silla de ruedas.

Calculadora de trabajo no remunerado

Calcula el trabajo no remunerado

Pulsa sobre las ventanas en blanco para ingresar la cantidad de horas que dedica semanalmente a cada tarea.

Incluye limpieza liviana en hogares de manera oganizada.

Incluye la atención a menores de edad en la escuela, en el hogar e instituciones de cuidado. Incluye vestir, dar de comer, bañar y supervisar durante el juego. No incluye educadores.

Incluye dar de comer, bañar, vestir, acompañar al baño.

Incluye la atención a las condiciones de salud de un individuo con discapacidades o enfermedad, siguiendo las recomendaciones de profesionales médicos.

Incluye planificar, hacer la compra y cocinar.

Government Ignores the Value of Unpaid Domestic Labor

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“What they call love, we call unwaged work.”
— Silvia Federici, Italian feminist activist


When Wanda García, 57, found out that her son Christian, now 24, had cerebral palsy, she made a difficult decision: she left her job as a medical secretary to dedicate herself completely to taking care of him. The two weeks she was hospitalized for preeclampsia before giving birth — at 33 weeks pregnant — and the 40 days Christian spent in the neonatal intensive care unit were just a hint of what this family from the northern town of Florida, Puerto Rico, would go through.

When he was just days old, Christian was infected in the hospital with a bacteria that lodged in his blood. Two weeks after being discharged, Wanda and her husband had to take Christian back to the hospital where he was diagnosed with an urinary infection. The doctors recommended several studies and tests that revealed the diagnosis.

“The doctor told us that the baby wasn’t going to talk or walk, that he was going to be like a vegetable, but I didn’t believe that,” Wanda said in a phone call. “You wipe your tears and move on. I left my job to deal with our new situation.”

Wanda has been outside of what the government calls “the labor force” for more than 20 years, during which she has practically not taken a break for a single day. Her life has revolved around taking her son to appointments with 12 different specialists and his multiple therapies and medical interventions. He sometimes has as many as three appointments in one day, so Wanda gets up early, cooks for the whole family, packs a bag of food and clothes for Christian, and spends the day going from one appointment to another.

“For a year now, I’ve dedicated myself to better manage all of that because I get too tired. In my situation, I get more tired,” she said and explained that, naturally, she no longer has the same energy that she enjoyed when her son was a small kid.

Wanda pulled her son out of school at age 15 out of frustration with the public education system that failed to provide a stable educational assistant for Christian while he was enrolled.

“I homeschooled him for five years. He learned to read, which the teachers said he would never do. He learned his times tables. He knows how to write his first name, last name, address, and social security number. He knows how to use his cell and laptop,” Wanda said with pride for having defied what that first doctor foretold.

At the foot of Cerro Mime in Orocovis, Lillian Figueroa, 58, moves towards the adjustable bed and tenderly tucks in her father Juan, 88, and an Alzheimer’s patient. She thinks about the snack and dinner that she must prepare for her mother, María, 80, a diabetes patient, and that she will soon have to give her the third insulin shot of the day.

Lillian has been living with her parents for two years so she could be their full-time caregiver. It was a decision she made after feeling too overwhelmed by traveling from her house to her parents’ house every day to care for them. “I lived nearby, but I was exhausted with the comings and goings,” she said, sitting on the sofa in her living room in front of an image of the Holy Family and another of Jesus Christ with a serene face.

“This is a marathon. It’s not easy, but it’s not impossible,” says Lillian as she crosses her hands, and the sound of a gorge can be heard in the background. “When I can access the internet from my tablet, I look for information. I like to look for a lot of information about how Alzheimer’s disease progresses, how we, caregivers, must take care of ourselves, although sometimes, let me tell you that there’s no time, I even forget to eat. I don’t have a chance,” she said.



Wanda and Lillian don’t know each other, but something binds them: they do unpaid domestic and care work. These are tasks that millions of people — especially women and girls — do around the world, but they aren’t considered part of the formal economy and are not paid. However, these daily tasks sustain life itself because, what would become of these people if they did not have their care? Who would be responsible for feeding them? Who would pay for those services? How much would it cost to pay for these tasks?

How Much are Unpaid Domestic and Care Jobs Worth?

Unpaid domestic and care work includes two types of activities for which a person does not get paid: direct care of babies, children, adults and people with functional diversity or an illness, and indirect care activities, such as cleaning, cooking, or running errands.

This work, however, is not accounted for within the Gross Domestic Product (GDP) anywhere in the world, although it supports the global economy, since this calculation (GDP) generally only includes activities that involve monetary transactions.

Lillian Figueroa's day, who is in charge of her parents' care, begins at 6:00 a.m. every day. The first tasks she takes on are preparing breakfast and administering insulin to her mother, a diabetes patient.
Photos by Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

In Puerto Rico, the Legislature approved Senate Bill 223 (SB 223) that sought to quantify unpaid work, but Governor Pedro Pierluisi vetoed it in January 2023. This bill would have shed light on the magnitude of unpaid work, the disparity between genders of those who do it and how much it represents in the economy.

According to the Governor’s Press Secretary, Sheila Angleró Mojica, Pierluisi “was unable” to sign the bill on the recommendation of the Department of Labor and Human Resources (DTRH, in Spanish), which is already “doing a related survey that’s paid for with federal funds and whose topics cannot be changed without authorization.”

In written statements, Angleró told Todas and the Centro de Periodismo Investigativo (CPI) that “there are no funds for a local survey” and that federal funds cannot be used for purposes other than those assigned. She argued that the bill addressed work “outside the workplace or by people who aren’t part of the workforce” and probed into the “private lives of respondents.”

However, the Worker Group Survey published by the DTRH barely mentions what percentage works in “domestic jobs” and does not include unpaid care, which is a “structural factor of gender inequality,” according to UN Women.

Official statistics on labor productivity exclude questions that would help know how many workers have children, or how motherhood, fatherhood or caregiving reduce the time available to maintain a paid job. On the contrary, the only analysis dedicated to this issue is on women’s participation in the labor force in Puerto Rico. In 2022, the publication implied that women’s low labor participation, compared to men, was due to women’s availability when it said: “Despite the fact that they constitute more than half of the population of working age, less than 50% of them participate or are available for the production of goods and services in the economy.”

Lillian Figueroa is in charge of administering the medicines that each of her parents must take. Between cooking and taking care of them, she does some housekeeping.
Photos by Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

These unpaid domestic and caregiver tasks can also result in women having less time to study, have fun, participate in politics, or dedicate to their self-care. They also affect their insertion and growth in the formal workplace and leave them relegated to informal work.

In the case of Wanda, one of the protagonists of this story, she always hoped to go back to formal work. “My husband told me that our kid was going to get better and that I was going to go back to work. But that never happened.”

One of the Groups Contributing the Most to the GDP

In Latin America, these unpaid jobs represent between 15% and 26% of the GDP, according to the study “Valorización económica del trabajo no remunerado de los hogares” (Economic Worth of Unpaid Household Work”) by the Economic Commission for Latin America and the Caribbean (ECLAC in Spanish). Meanwhile, in the United States, it is estimated that GDP would increase by 26% if these tasks were included, according to a study cited by the Women’s Policy Research Institute. In some countries, the figure could reach 40% of GDP, the International Labor Organization reported.

Considering these figures, if the value of unpaid domestic and caregiver work in Puerto Rico were estimated, economist Martha Quiñones Domínguez said it could represent one of the segments with the greatest contribution to the GDP, which the Planning Board estimated at a total of $113.5 billion in 2022. It even projected that it could contribute more than $15 billion to the economy, which would make it a sector surpassed only by manufacturing, which represents 46% of the GDP (or $52.4 billion). It would be above sectors such as real estate and rentals (16%) or retail (6%).

Globally, the value of unpaid caregiver work performed by women aged 15 and older stands at around $10.8 trillion each year, which is equivalent to three times the size of the global technology industry, according to a 2020 Oxfam study.

Between 9:00 a.m. and 11:00 a.m., Lillian prepares her mom's snack and takes care of her dad, who is bedridden and an Alzheimer's patient.
Photo by Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

Uncounted caregiver crisis

The GDP is a macroeconomic measure that considers the total value of the goods and services that a country produces at a given time. Although it is used to observe a country’s economic evolution, it casts aside a fundamental aspect: unpaid domestic and caregiver work.

“There’s a lot of oppression against women that aren’t exposed or understood because the only thing that’s seen as important is work that’s paid and not work that isn’t paid for,” said Quiñones Domínguez. “If you make it visible, it causes a problem for capitalism that feeds on that invisible work because, if they were to pay women for that work, then it would be more expensive and the profits would be less for the capitalist system,” she added.

The economist believes there’s a “caregiver crisis” in Puerto Rico — which has also been reported in the United States — because of the high costs of care centers for children and adults. The crisis is due to the burnout that some caregivers can suffer from not having a break from these duties, due to the lack of social and governmental support, and due to the invisibility of these tasks, which affect women more because they are feminized tasks.

What Caregivers go Through

“Dealing with the government is the worst ,” Wanda said about the greatest difficulties she faces as a caregiver. “They don’t have anything for them [people with functional diversity], they don’t give you anything. You leave work to dedicate yourself full time to them, but they don’t help mom either. It’s like being blacklisted. They put them in a corner and forget about them.”

She said although she tried to be her son’s teaching assistant, the Department of Education (DE) told her that this was a conflict of interest.

Jorge Salcedo, press officer for the DE, said “there are exceptional cases” in which a mother can be a teaching assistant when the minor’s diagnosis requires priority care provided by their mother.

Wanda is also frustrated with the Vocational Rehabilitation Administration, (ARV, in Spanish) the agency responsible for integrating people with functional diversity into the workforce. She says she was promised a new wheelchair, but it ended up in nothing. They also couldn’t get help finding a job for Christian.

“That’s the problem here. After they turn 21, these young people are left in limbo. There’s nothing. No work. They don’t seek them out. We can’t get equipment,” the mother added. The director of the ARV Services Office, María Benítez, did not comment on this case, but she promised the CPI that she would look into it.

Wanda doesn’t go out alone. She rarely participates in activities for herself. She does her shopping online. And the few times she goes to the beauty salon, she only goes to get a haircut so as not to incur more expenses. She has no friends, and her support network consists of her husband, her family, and the church she attends.

Lillian doesn’t take part in many activities on her own either, and since moving in with her parents two years ago, she hasn’t gone on vacation. She only goes out to medical appointments for her mental health treatment and for the free Zumba classes offered at the Jesús M. “Tito” Colón Coliseum in Orocovis, about a 20-minute drive from where she lives. This physical activity is her therapy, when she unfolds from a calm and quiet woman, to one who makes jokes and laughs out loud. When her car breaks down, she has no public transportation alternatives or taxis available, something common in mountain towns.

For Lillian, the most difficult thing about caring for her parents is seeing how they deteriorate, how it’s harder for them to do things that they could do before. She also has a hard time dealing with the family friction that diseases like Alzheimer’s can cause.

In addition to constant blackouts or water cuts, another difficulty in the Orocovis sector where they live is the ongoing disruption of internet and telephone service. Internet connections and cell phone signals can go out anytime there. Weeks before interviewing her, her father had fallen and she had to run to her uncle’s house, who is one of her neighbors, to call two of her five sisters for help.

“The two of them dealt with the ambulance. They went with him to the hospital, and I stayed with mami,” she recalled. Neither of her parents can be left unattended.

Lillian moved to her parents’ house in Orocovis to be able to take better care of them. She has a room where she only keeps her belongings, since she has to sleep in the same room as her father, an Alzheimer's patient, so she can take care of him during the nights and be able to respond quickly to any need that may arise.
Photo by Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

The Myths of the Economy: From the GDP to Employment Surveys

Both the definition of the GDP — and its use to measure economic development and well-being — and how the workforce is calculated are some of the myths of economics, said feminist economists Cristina Carrasco (Chile) and Corina Rodríguez (Argentina) in the talk “The Economy Always Lied to Us. Let’s Dismantle Myths for the Revolution,” held within the framework of the Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias (“Plurinational Meeting of Women and Dissidents”) held in Bariloche, Argentina, in October of last year.

Carrasco said, “economics is pure ideology,” since it does not have a law or a theory that demonstrates an empirical approach. Rather, “they invent a definition” that fits what a certain group of economists wants to promote. For example, saying that the GDP is a country’s production “is a myth,” since it does not include other types of production such as unpaid domestic and caregiver work, farm work or volunteer work. This indicator neither considers population inequalities, the impact on natural resources or environmental harm, something that has been criticized for years.

Rodríguez explained that, in the case of Argentina, the narrative is that first the GDP must grow and then that growth will be distributed among the different social segments. However, in the 1990s the Argentine economy was growing, but so was unemployment. “The economy grows at the expense of worsening living conditions for people. (...) It seems to me that, as feminists, we must confront these narratives and reveal them. Show that this is a myth,” she said.

“The GDP may grow, but it doesn’t mean that the population will have greater well-being,” Carrasco insisted.

Puerto Rico’s Case in Figures

In Puerto Rico, the GDP grew 7% from 2021 to 2022 (from $106.4 billion to $113.6 billion), according to the Planning Board. However, in that period poverty also increased among the general population from 40.5% to 41.7%, while in those under 18 years, it went from 54.9% to 57.6%, according to U.S. Census Bureau data.

Between 2021 and 2022, the percentage of women below the poverty level jumped from 42.6% to 43.8%, while that of men increased from 38.2% to 39.4%.


In contrast, between 2021 and 2022, Puerto Rico’s unemployment rate dropped from 7.9% to 6% and the labor participation rate rose from 42.6% to 43.4%, according to the study entitled Women’s participation in Puerto Rico’s labor force.

This study also indicates that, as of 2022, women represented 45.1% of the working group (537,000 of 1,191,000), that is, of employed and unemployed people looking for a job. This is a 28.2% increase from 1990, when there were 419,000 women in the workforce. Meanwhile, the participation rate of women stood at 36.6%, 5.2 percentage points higher than in 1990.

In 2022, 932,000 women were “outside the working group” and of these, 50.2% (almost 468,000) performed “domestic jobs.” In 1990, by comparison, 919,000 women were outside the working group, of which 83.5% (767,000) were housewives.

“They are housewives. They’re considered to be out of the labor force, but they’re working. They are within the working group, but the definition excluded them,” said Quiñones Domínguez.

In the case of men, in 2022 there were 619,000 (48.61%) outside the working group and of them 3% (20,000) were dedicated to “domestic jobs.”

Likewise, in Puerto Rico, homes with female heads of households represent 42% of the total, and of these, 57% are below the poverty rates, according to 2019 Census data.

This must be coupled with the fact that women dedicate on average more time than men to unpaid domestic and caregiver tasks. Although there is no published data in Puerto Rico in this regard, in the United States it was estimated that women dedicated an average of 4.5 hours a day to unpaid work, while men dedicated 2.78 hours, according to a study by the Organization for Economic Cooperation and Development (OECD).

Lack of Government Acknowledgement and Support

“Caregiving work isn’t acknowledged as work in Puerto Rico, nor is it valued by the government or the community in general,” according to the “Public Policies and Care Work in Puerto Rico,” report carried out by nonprofit organization Inter-Mujerse.

This report, created by attorneys Marilucy González Báez, Patricia Otón Olivieri, Yanira Reyes Gil and Esther Vicente, analyzes the public policies approved to date regarding domestic work and unpaid caregivers.

The document states that the government “doesn’t compile the necessary data” needed to review compliance with public policies related to paid caregiving work. Nor does it address “the need to redistribute care tasks” equitably in families, communities, and the government sector.

By the same token, the laws approved on caregiving leave people who perform this duty occasionally or informally deprived of labor rights, and almost completely ignore those who do it without pay. “This means that these people, mostly women, don’t have protection in case of illness, minimum wage, eight-hour workday, unemployment protection, breastfeeding or maternity leave, protection in old age (retirement) or vacations,” the report indicates.

The situation is exacerbated by “the austerity measures imposed by neoliberal policies promoted by the Fiscal Oversight Board and adopted by the government.” These have had the effect of making energy, drinking water, transportation, and garbage collection services more expensive or worse, “particularly affecting people who offer care services,” the report adds.

Those who perform domestic and caregiving work with an irregular immigration status are the worst off, as they are more exposed to abuse and poor compensation, and almost completely deprived of the protection of the law, according to the report.

In the case of Wanda and Lillian, they both receive certain government aid, but not enough and unrelated to the caregiving work they provide daily. Wanda receives nutritional assistance aid (food stamps) for Christian’s condition, but she never applied for social security benefits, although she worked for more than a decade as a secretary. She has access to the government’s Vital health plan, but if her husband adds more hours at his construction job, they’re threatened that it will be taken away.

Meanwhile, Lillian’s parents receive nutritional assistance aid (food stamps), and all three receive Social Security benefits, since the caregiver worked for years as a food supervisor at a Head Start center. Her mother receives it from her husband, since she was a housewife for years and she also took care of her grandchildren. In addition, a visit from a housekeeper — is provided by the municipality of Orocovis — for four hours twice a week. This person helps with cleaning and other tasks, but it is Lillian who takes care of her father. If it weren’t for her sister’s financial help, they would be in a more difficult situation.

Wanda acknowledged that the Municipality of Florida has given Christian some hours of work with its summer job program, while Lillian noted the importance of the moral support with Zumba classes and what a housekeeper represents for her situation, both services provided by the Municipality of Orocovis. Her parents also receive medications and a home visit from an internist.

Act 82 of 2023: an Attempt to Address Informal Care

There is a public policy on informal care in Puerto Rico: Act 82 of 2023. It creates the Bill of Rights for the Informal Caregiver, the Registry of Informal Caregivers in Puerto Rico, and the possibility for caregivers to request an adjustment in their work schedule without being penalized.

The Department of the Family (DF), responsible for enforcing Act 82, is in “the design and implementation phase” of the Registry of Informal Caregivers, “which will get started in mid-May 2024,” the head of the Administration for Families and Children (Adfan, in Spanish), Glenda Gerena Ríos, confirmed in written statements.

Gerena Ríos said a website will serve as “a centralized access point for informal caregivers, where they can register to receive information, access resources and connect with support services,” such as a caregiver assistance directory, relief services, counseling, and support groups.

It will also have training modules and educational workshops for informal caregivers and courses offered by the Pontifical Catholic University, said Gerena Ríos.

She also indicated that the Adfan’s legal division, “is working” on drafting the by-laws regarding the “responsibilities and rights of the informal caregivers support program,” which will define the rules and procedures associated with the law. She said that they have already received requests for guidance from informal caregivers.

What Does Their Future Hold?

At the end of the interview, Doña María, Lillian’s mother, serves coffee and cheese and sits down to talk. She is a tall woman with blue eyes and a charming smile. Lillian says it gives her strength to see her happy, to know that she is okay.

“I say that we’re the three musketeers, we’re always together and they’re very attached to me and I to them. I feel like what I’m doing is what I must do right now. Don’t go anywhere else because they’ll break down on me,” said Lillian from the couch. She knows that she cannot stop her mental health treatment and she will do her best to keep up by exercising. She knows that with diseases like Alzheimer’s, you need to take it one day at a time.

Doña María, Lillian’s mother, watches her saints, to whom she lights candles every day. At 5:00 p.m., when she has a TV signal, she watches mass from the living room of her home in Orocovis.
Fotos por Brandon Cruz González | Centro de Periodismo Investigativo

In the mountains of the town of Florida, Wanda sighs. “What’s going to happen when mom turns a certain age?” she asks herself, and she hears Christian say something that’s unintelligible. Wanda wants there to be alternatives for her son to work and socialize with other young people. She is teaching him to read better so he can take the driving test and learn to drive. She anxiously wants him to be independent.

“I know that, if we could get him a job, and I’m not saying that they have to give him a job from Monday to Friday for eight hours, four hours, even for three days, something where I can take him and he can move forward,” Wanda said in a tired voice. With her husband, they work to expand the house that they have been building little by little. They want to add a bathroom to Christian’s room so that he has more independence and make it appropriate for a wheelchair.

Calculadora de trabajo no remunerado

Calculate Unpaid Work

Click on the blank windows to enter the number of hours you spend on each task weekly.

Include light cleaning in homes in an organized manner.

Include care for minors at school, at home, and in care institutions. Includes dressing, feeding, bathing, and supervising during play. Does not include educators.

Include feeding, bathing, dressing, accompanying to the bathroom.

Include attention to the health conditions of an individual with disabilities or illness, following the recommendations of medical professionals.

Include planning, shopping, and cooking.

The close relationship between the FEMA official under federal investigation and Noel Zamot

Before a new contract was granted to Cobra Acquisitions, Tribble met with Zamot at the Fiscal Control Board’s office to discuss company-related matters. Executives from Cobra and Filsinger Energy Partners, who serves as an adviser to the Rosselló administration in the PREPA restructuring, also participated.

La estrecha relación entre la funcionaria de FEMA bajo investigación y Noel Zamot

Antes de que se otorgara un nuevo contrato a Cobra Acquisitions, Ahsha Tribble se reunió con Zamot en las oficinas de la Junta para discutir asuntos relacionados a la empresa. También participaron ejecutivos de Cobra y de Filsinger Energy Partners, que funge de asesor del obierno de Rosselló en la reestructuración de la AEE.