Nacida y criada en Connecticut, trabajó en The Journal Inquirer y en Hartford Courant antes de ubicarse en las Islas Vírgenes de EE. UU. en diciembre de 2015. Actualmente, es reportera en The Virgin Islands Daily News, en San Tomás.
Mientras un blanqueamiento récord afectaba el Caribe en los últimos dos años, científicos intentaron rescatar los arrecifes con métodos como multivitaminas, inteligencia artificial y altavoces submarinos. Pero la magnitud de la crisis supera sus esfuerzos.
As record coral bleaching swept across the Caribbean over the past two years, scientists raced to save reefs with tools ranging from multivitamins and artificial intelligence to underwater speakers. But their efforts, they warn, remain underfunded — and increasingly overwhelmed by the scale of the coral crisis.
Un evento histórico de blanqueamiento de corales ha devastado el Caribe en los últimos dos años y ha puesto en peligro los ecosistemas que alimentan, protegen y sostienen la vida en toda la región. Esta investigación, realizada en seis países de la región, revela la magnitud del daño y los costos a la vida humana que se acumulan bajo la superficie.
A historic coral bleaching event has swept across the Caribbean over the past two years, threatening the ecosystems that feed, protect, and sustain life across the region. This investigation, reported from six countries and territories, reveals the scale of the damage —and the human costs mounting beneath the surface.
Después de 13 años, no se ve un final a la invasión de sargazo en el Caribe
Después de 13 años, no se ve un final a la invasión de sargazo en el Caribe
Por Freeman Rogers (The BVI Beacon), Olivia Losbar (RCI Group Guadeloupe), Maria Mónica Monsalve (América Futura, El País América), Krista Campbell (Television Jamaica) and Suzanne Carlson (The Virgin Islands Daily News) con el Centro de Periodismo Investigativo
Mari Monsalve | América Futura, El País América
Freeman Rogers | The BVI Beacon
Olivia Losbar | RCI Guadeloupe
Suzanne Carlson | The Virgin Islands Daily News
Krista Campbell | Television Jamaica
Centro de Periodismo Investigativo
Escuelas desalojadas debido a gases tóxicos. El agua potable de las casas con mal olor. Los operadores turísticos y los pescadores en lucha por mantener sus negocios. Pérdidas de empleos. Cortes de electricidad que afectan a decenas de miles de personas a la vez. Graves problemas de salud. Y pérdida de vidas.
Estas fueron algunas de las consecuencias que dejó el sargazo en las islas del Caribe en 2023, y que se han vuelto comunes en la región desde 2011, cuando la proliferación masiva de esas algas comenzó a arropar las costas durante los meses de primavera y verano.
El 18 de abril de 2023, en Guadalupe, la agencia de monitoreo de la calidad del aire Gwad’Air aconsejó a las personas vulnerables a que abandonaran algunas zonas debido a los niveles tóxicos de gas producido por el sargazo. Seis semanas después, a unas 600 millas al noroeste, el sargazo bloqueó una tubería en una planta eléctrica en Punta Catalina, República Dominicana. Una de las unidades de la instalación se vio obligada a cerrar temporalmente. Allí, Elías Poling, un buzo de 20 años de edad, se ahogó mientras intentaba solucionar el problema.
Un equipo saca sargazo en las instalaciones de la Central Termoeléctrica Punta Catalina en República Dominicana en 2023.
Foto de la Central Termoeléctrica Punta Catalina
En Jamaica, entre julio y agosto, los pescadores tuvieron una temporada más de batalla cuando el sargazo bloqueó sus pequeñas embarcaciones y menguó sus pescas.
“A veces, los barcos ni siquiera pueden entrar al río”, dijo el pescador jamaiquino Richard Osbourne. “Bloquea todo el canal”, aseguró.
Cuando el sargazo penetró la principal planta desalinizadora de las Islas Vírgenes Británicas (IVB) en agosto pasado, la mayoría de los 4,000 residentes de Virgen Gorda tuvo que lidiar con cortes esporádicos del agua potable y, cuando tenía el servicio, el agua salía de los grifos con mal olor.
En Puerto Rico, por primera vez en la costa de Aguadilla, un exceso muy inusual de las algas llegó a finales de temporada e inundó las playas del noroeste, dejando a residentes como Christian Natal y muchos otros sin trabajo durante una semana. El episodio causó el cierre temporero de negocios, incluyendo la empresa de alquiler de jet skis para la cual él trabaja.
Christian Natal trabaja en una empresa de alquiler de vehículos acuáticos en la playa “Crash Boat” del municipio de Aguadilla que tuvo que cerrar el año pasado debido a la inusual llegada de sargazo al noroeste de Puerto Rico.
Foto de Gabriel López Albarrán | Centro de Periodismo Investigativo
Estas víctimas están entre las miles de personas del Caribe que se afectaron el año pasado por la proliferación de sargazo. En la región cerca del 70% de la población — de unos 44 millones — vive cerca de la costa, según el Banco Mundial.
Los científicos afirman que el crecimiento masivo de las algas se debe a la contaminación global, al cambio climático y a otros problemas internacionales, ya que las islas del Caribe hicieron muy poco para causar el problema y carecen del poder político para resolverlo.
“Las algas deben ser vistas como un impacto del calentamiento global, y esta visión debe incluir un derecho a compensación basado en que las islas son pequeñas y vulnerables”, afirmó Sylvie Gustave dit Duflo, vicepresidenta de la región de Guadalupe encargada de asuntos ambientales y presidenta de la Oficina Francesa de Biodiversidad.
Agregó que, sólo en 2022, los países de la Comunidad del Caribe (CARICOM, en inglés) — que incluyen 15 estados miembros y cinco integrantes asociados que son territorios o colonias— registraron pérdidas económicas de alrededor de $102 millones debido al sargazo.
“Estas cifras no toman en cuenta las pérdidas registradas en todos los demás países del Caribe, incluyendo a las islas francesas”, aclaró. Tampoco incluye los costos anuales de limpieza de playas, los cuales se estiman en otros $210 millones.
Durante los últimos años, Ezekiel Bobb, quien vive cerca de la playa en Handsome Bay, Virgen Gorda, ha sufrido el olor del sargazo descompuesto. Buscándole un uso, lo ha utilizado como fertilizante en su jardín, pero eso no hace mucha mella en las enormes cantidades de estas algas que llegan a la orilla.
Foto de Freeman Rogers | The BVI Beacon
Gustave dit Duflo y otros expertos coinciden en que el problema global requiere una respuesta global. Pero hasta ahora, el Caribe no ha logrado coordinar una estrategia regional y la comunidad internacional, en gran medida, se ha hecho de la vista larga. A nivel nacional, se ha hecho poco para enfrentar la situación. En la mayoría de los países del Caribe la respuesta se limita a un borrador de estrategias de manejo del sargazo que no ha sido ni adoptado oficialmente ni financiado adecuadamente.
La llegada del sargazo es, en su mayoría, predecible, y los peores impactos casi siempre se pueden prevenir. Pero, una y otra vez, los gobiernos caribeños han esperado hasta estar en la fase de crisis para reaccionar. Para entonces, las respuestas casi siempre se han centrado en proteger la industria del turismo, mientras que otros grupos, como las comunidades locales o los pescadores, quedan en un segundo plano.
Como consecuencia, la salud, los trabajos y el medio ambiente en el Caribe se han visto en peligro y se han gastado cientos de millones de dólares en respuestas de emergencia reactivas que, según los expertos, podrían haberse invertido mejor en prevención, planificación y mitigación.
En la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP28) efectuada en diciembre pasado en Dubai, Gustave dit Duflo copresentó una propuesta francesa para el tipo de respuesta internacional que, según dijo, se necesita con urgencia para atender la crisis del sargazo. La propuesta incluye formar una coalición global para entender mejor el problema, garantizar que el tema del sargazo esté en la agenda de los principales foros internacionales, y continuar el trabajo previo en asociación con la Unión Europea (UE), entre otras medidas.
Para implementar la propuesta, los gobiernos del Caribe y del extranjero tendrán que superar obstáculos que anteriormente han obstaculizado la cooperación, incluyendo diferencias políticas y legislativas, escasez de fondos y debates sobre si se debe priorizar la salud, el medio ambiente, la economía u otras áreas.
Mientras tanto, el sargazo ya ha comenzado a llegar otra vez a las costas del Caribe. Y una vez más, la región no está preparada.
Ya para el 8 de abril de 2024 (arriba), el sargazo volvía a llegar a la costa cerca de la planta desalinizadora de Handsome Bay, Virgin Gorda, pero no se había instalado la barrera protectora prometida.
Foto suministrada
El ‘Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico’
El sargazo, en sí mismo, no es malo. Tampoco es algo nuevo en el Caribe, donde siempre ha llegado a la costa en cantidades modestas entre la primavera y el verano, proporcionando hábitat para la vida marina, y ayudando a construir playas cuando se descompone.
Pero en el año 2011, llegaron demasiadas. La afluencia fue extrema.
Ese año, sin previo aviso, el sargazo inundó repentinamente las costas. En algunas playas se acumularon varios metros de alto. Apestaba a huevos podridos mientras se descomponía. Causó el cierre de complejos turísticos, dando un duro golpe al sector en algunas partes del Caribe que aún luchaban por recuperarse de la recesión global de 2008-2009. A los residentes costeros les causó dolores de cabeza, náuseas y problemas respiratorios. Dislocó los lugares de anidaje de las tortugas, y amenazó a los arrecifes y manglares.
El sargazo ha causado problemas a los barcos que operan en la terminal del ferry de Road Town, Tortola, en las Islas Vírgenes Británicas (mostrado arriba el 20 de mayo de 2023).
Foto por Freeman Rogers | The BVI Beacon
Mientras el sargazo continuaba arropando el Caribe y la costa occidental de África a 8,000 millas de distancia, los científicos descubrieron algo sorprendente. Históricamente, la mayor parte de la llegada estacional al Caribe procedía de un remolino de dos millones de millas cuadradas en el norte del Océano Atlántico: el Mar de los Sargazos.
“El [Mar] de los Sargazos existe desde hace cientos de miles de años y es un ecosistema perfecto, por así decirlo”, indicó Elena Martínez, oceanógrafa de la República Dominicana. “Estaba allí rodeado por cuatro giros o corrientes oceánicas que lo mantenían perfecto”, describió.
Pero los científicos pronto descubrieron que la mayor parte de la nueva afluencia en el Caribe ya no provenía del Mar de los Sargazos, sino de un nuevo ecosistema de sargazo que se había formado en el sur del Océano Atlántico.
El área del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, denominado así en un artículo publicado en Science de 2019, ahora se puede ver desde el espacio y su longitud a menudo supera las 5,000 millas, según los científicos que usan satélites para rastrearle.
Su causa aún se debate. El doctor Brian Lapointe, investigador del sargazo, ve el cinturón del Atlántico como una versión global de un florecimiento más pequeño que presenció en 1991 y que causó el cierre de una planta de energía nuclear y de otras instalaciones eléctricas a lo largo de la costa de Florida, Estados Unidos.
Desde la década de 1980, la población mundial casi se ha duplicado, explicó Lapointe, profesor en la Universidad Atlántica de Florida. Esto, a su vez, ha llevado a un aumento masivo de los nutrientes que estimulan al sargazo y que son arrastrados por grandes ríos, como el Mississippi en Estados Unidos, el Amazonas y el Orinoco en América del Sur y el Congo en África.
“Para hacer crecer la población mundial, hemos utilizado estos fertilizantes; hemos deforestado a lo largo de todos los ríos más importantes del mundo”, explicó. “El nitrógeno ha aumentado más rápido que el fósforo debido a todas estas actividades humanas, incluso las aguas residuales y aguas usadas provenientes de la creciente población humana”, abundó Lapointe.
El cambio climático es otro posible causante. Martínez dijo que el calentamiento de las aguas puede haber alterado el remolino gigante que mantuvo en su lugar al Mar de los Sargazos durante miles de años, liberando estas algas para que flotaran hacia el sur y formaran el nuevo cinturón.
Diagrama del Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.
Fuente: Commercial Potential of Pelagic Sargassum spp. in Mexico, Frontiers
El nuevo cinturón también recibe nutrientes del polvo del desierto del Sahara que con frecuencia cruza el Atlántico, lo que a su vez podría verse exacerbado por impactos climáticos, como la expansión de los desiertos, a medida que aumentan las temperaturas. Algunos científicos también sostienen que el calentamiento de los océanos provee un entorno de crecimiento más favorable para el sargazo.
Los expertos tienden a estar de acuerdo en que el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico llegó para quedarse y, reiteran, que es un problema global que necesita una respuesta global.
‘Una escena terrible para la gente’
Esto quedó claro en 2018, cuando el cinturón creció a un tamaño récord estimado en 22 millones de toneladas y gran parte del Caribe sufrió la peor acumulación de su historia. Esa temporada generó una ola de reclamos por una respuesta internacional colaborativa.
Al año siguiente, el secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres, visitó Santa Lucía para una reunión de la CARICOM en julio desde donde viajó hasta el pequeño pueblo pesquero de Praslin Bay.
Rodeado de dignatarios, Guterres caminó por un muelle bordeado por pequeñas embarcaciones que flotaban sobre gruesas capas de sargazo, las cuales durante años habían sido una plaga para pescadores, sembradores de musgo marino y otros residentes del área.
“¿Entonces es una escena terrible para la gente?”, le preguntó Guterres a un residente, según quedó documentado en un video publicado en la página web de las Naciones Unidas.
“Sí”, respondió el hombre. “Está matando a los peces de la bahía. El hedor... Está destruyendo nuestros equipos electrónicos debido a los vapores”, lamentó.
Tras su visita, Guterres describió la escena como un “paisaje que parecía un desierto de algas de cientos de metros”.
Luego hizo un llamado de acción internacional.
El Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, visitó la Bahía de Praslin, Santa Lucía, en julio de 2019.
Foto por las Naciones Unidas
“Los océanos no conocen fronteras, ni tampoco el clima”, afirmó. “Es una responsabilidad colectiva global actuar ahora”.
Pero esa acción internacional amplia no se ha materializado. A pesar de la gran cantidad de estudios y proyectos en toda la región, y de varios intentos de la ONU y otras entidades para coordinar una respuesta en el Caribe, la iniciativa se ha visto estancada, en gran medida, por la escasez de fondos, asuntos geopolíticos, la pandemia del COVID-19 y otros factores.
Uno de los esfuerzos más significativos se produjo tres meses después de la visita de Guterres a Santa Lucía, cuando, en octubre de 2019 en Guadalupe, se realizó la Primera Conferencia Internacional sobre el Sargazo. Allí se lanzó oficialmente el programa llamado Sarg'Coop, que se financió con $3.2 millones en fondos de la Unión Europea y que tendría una duración de tres años. Al evento acudieron representantes del Gobierno francés, la Región de Guadalupe, la UNESCO y otras entidades. Además, asistieron representantes de más de una docena de países y territorios del Caribe, así como de Estados Unidos, México, Brasil y Francia.
Se vieron algunos avances. Por ejemplo, la Región de Guadalupe, en asociación con el Gobierno francés, la Agencia Nacional de Investigación de Francia y dos agencias brasileñas, lanzó una convocatoria de proyectos que permitió realizar una docena de estudios internacionales sobre el impacto sanitario, ambiental y económico de las algas, así como sus posibles usos.
Desde entonces, también se han celebrado otras reuniones regionales. En junio pasado, por ejemplo, se celebró en la República Dominicana una conferencia coordinada entre la Unión Europea y el Caribe con la consigna “Convertir el sargazo en oportunidad” y el mes siguiente el tema se debatió en una cumbre de la UE y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños en Bruselas, Bélgica.
Pero casi cinco años después de la conferencia de Guadalupe en el 2019, los expertos reconocen que los objetivos más amplios no se han materializado a nivel regional como se había previsto. No existe ninguna estrategia caribeña y no se ha establecido el centro regional de alerta y monitoreo previsto en la conferencia.
Amplias cubiertas de sargazo se extienden hacia la costa en Manchioneal, Portland, Jamaica — una de las tres zonas más afectadas de la isla.
Foto del Instituto GeoInformático Mona
En cambio, muchas de las acciones que surgieron de la conferencia de Guadalupe se han centrado principalmente en el Caribe francés. Gracias en parte a un financiamiento de $66 millones asignados desde 2018 hasta 2026 por el Gobierno de Francia, que por décadas ha luchado contra el arribo de algas a sus costas europeas. Las islas francesas lanzaron algunos de los esfuerzos de respuesta más extensos en el Caribe en los últimos años.
Pero ni siquiera esto ha sido suficiente para proteger a los residentes.
Al describir la visita de Guterres a la bahía de Praslin como “nada más que una oportunidad fotográfica”, el profesor Dabor Resiere, radicado en Martinica, y otros siete investigadores afirmaron en un artículo de marzo de 2023, que las “autoridades locales desperdiciaron la visita de una persona tan importante para dar visibilidad internacional al fenómeno del sargazo en el Caribe”.
Cuatro años más tarde, la situación sigue “sin cambios”, añadieron.
“A pesar de los planes del Gobierno francés para abordar el problema del sargazo, estas algas tóxicas continúan arropando las costas de Martinica, Guadalupe y la Guayana Francesa en volúmenes cada vez mayores”, indicaron los investigadores en el Journal of Global Health. “Hoy no existe un consenso nacional o internacional para enfrentar este problema de salud pública. No existe una red caribeña ni un consenso amplio para avanzar en la investigación”, agregaron.
Incluso, la bahía de Praslin vio poco alivio en los años posteriores al recibimiento del secretario general de la ONU.
En 2022, la doctora Bethia Thomas, investigadora del sargazo de Santa Lucía, produjo videos sobre los residentes de Praslin y otras doscomunidades cercanas como parte de su tesis doctoral. En cada video, varios residentes enumeraron quejas que iban desde problemas respiratorios y joyería corroída, hasta destrucción de villas pesqueras.
“Afecta mi forma de respirar, y creo que también afecta a los niños y la forma en que se comportan, porque a veces están de muy mal humor y no pueden sentarse y hacer sus tareas porque es demasiado terrible”, dice una maestra en el video de Bahía de Praslin. “Creo que nos está afectando mentalmente”.
Las preocupaciones sobre los efectos del sargazo en la salud mental de los residentes y trabajadores costeros se señalaron en un informe de septiembre de 2023 de la Comisión de Pesca del Atlántico Centro-Occidental, compuesta por 34 miembros. “El olor desagradable, el deterioro de su entorno, la falta de acceso a las playas para relajarse, la incertidumbre sobre el futuro, el aumento de dolencias físicas como enfermedades respiratorias y erupciones cutáneas, y la preocupación por otros posibles riesgos para la salud, entre otras cosas, afectarán naturalmente la salud mental”, indicó la comisión, un organismo pesquero regional establecido bajo la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Sin embargo, el informe añade que actualmente no se están estudiando esos impactos en la salud mental.
A falta de una estrategia regional, en la mayoría de los países y territorios del Caribe se han desarrollado planes nacionales de manejo del sargazo por medio de proyectos financiados con subvenciones afiliados a la Universidad de las Indias Occidentales en Santa Lucía, Barbados, Dominica, Granada, San Vicente y las Granadinas, IVB, Anguila y Montserrat.
Pero pocos han sido adoptados oficialmente a nivel gubernamental, y aún menos cuentan con el financiamiento adecuado o seguimiento.
El sargazo bordea la costa en julio de 2023 en Anegada, en las Islas Vírgenes Británicas.
Foto por Freeman Rogers | The BVI Beacon
“A veces las comunidades quedan en el olvido”, dijo Thomas. “Tal vez no intencionalmente, pero en los pequeños estados insulares en desarrollo con recursos limitados, hay que priorizar. Y tal vez otras cosas, como construir un nuevo hospital y nuevas carreteras y escuelas, puedan tener prioridad sobre el desarrollo de un plan de manejo del sargazo”, planteó.
A consecuencia de eso, las respuestas al sargazo pueden variar dramáticamente de una isla a otra.
Al investigar el efecto de las grandes llegadas de sargazo del año pasado en seis países y territorios del Caribe, el CPI encontró una realidad que se repite: la gente está sufriendo.
Inversión insignificante de países contaminantes
Mientras los residentes experimentan consecuencias económicas y de salud, los líderes caribeños reclaman frecuentemente la falta de fondos para hacer frente a la crisis. Señalan que los fondos locales están atados a muchas prioridades que compiten, incluyendo el manejo de impactos relacionados con el clima como huracanes, sequías e inundaciones.
También dicen que el costo de la crisis del sargazo debería ser asumido en parte por los países más grandes, los principales responsables de la misma, y que acceder a financiamiento climático internacional para ese propósito no es fácil.
Una revisión hecha por el CPI de los proyectos financiados por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial y por miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico entre 2000 y 2021 reveló que, de los 162,780 proyectos para atender el cambio climático en el mundo, a penas un 0.007% (menos de $7 millones) fueron para abordar cuestiones relacionadas con el sargazo y fueron otorgados sólo entre 2019 y 2021. Alrededor del 89% de esos fondos, o $6 millones, se invirtieron en el Caribe.
Sin embargo, para muchas islas colonias, el problema se agrava por un estatus político que las descalifica para la mayor parte del financiamiento para fines de asuntos climáticos.
“No tenemos acceso a fondos globales como el fondo de resiliencia, el fondo de pérdidas y daños”, dijo el ministro de Salud y Desarrollo Social de las IVB, Vincent Wheatley, cuya casa queda mirando hacia la planta desalinizadora de Virgen Gorda, que recientemente se dañó a causa del sargazo.
La tubería de entrada de la principal planta desalinizadora de la isla absorbió el sargazo que saturó a Handsome Bay, Virgen Gorda (que se muestra arriba el 1 de septiembre de 2023) y sufrió daños que provocaron escasez y cortes de agua.
Foto por Anika Christopher | The BVI Beacon
En las Conferencias anuales de la ONU sobre el Cambio Climático, las islas no son parte ni participan en la mesa de negociaciones, explicó.
“Caemos bajo el [Reino Unido]”, dijo. “Así que cualquier cosa que el Reino Unido negocie, nos la aplica a nosotros”.
Por lo tanto, dijo que las IVB y otros territorios han tenido negociaciones aparte con el Reino Unido.
“Nos unimos para solicitarle al Reino Unido la creación de un fondo específico para [sus] territorios de ultramar”, dijo Wheatley al indicar que estas discusiones están ocurriendo e incluyen el sargazo.
La falta de financiación y coordinación regional también ha obstaculizado los esfuerzos para lograr monetizar el sargazo buscándole un uso sostenible a gran escala.
“Aunque hay tantas cosas que se pueden hacer con el sargazo, la cantidad real de sargazo que se utiliza para los productos sigue siendo muy baja”, indicó la doctora Franziska Elmer, investigadora de sargazo radicada en México.
Proponen plan para el sargazo en COP28 en Dubai
Cuando Gustave dit Duflo, presidenta de la Oficina Francesa de Biodiversidad, se subió el 2 de diciembre de 2023 a un podio en la COP28 en Dubai, a 8,000 millas de distancia del Caribe, ya la inundación de sargazo había disminuido en las aguas calientes al otro lado del mundo.
Ante la mirada indiferente de los dignatarios, la funcionaria emitió una fuerte advertencia sobre el sargazo.
“Es un fenómeno muy invasivo y agresivo y afecta al turismo en todo el Caribe, y todas las economías de la región se basan en la biodiversidad y el turismo”, dijo a las personas reunidas en el pabellón francés al margen de la conferencia. “El Caribe tiene muchos puntos importantes de biodiversidad. Entonces, si no actuamos, en 20 años esta biología marina, incluido el arrecife, desaparecerá de nuestra costa”, puntualizó.
El sargazo flotante en la comunidad costera de Robin’s Bay, en Jamaica. Esta es una de las tres zonas más afectadas por el sargazo todos los años.
Luego explicó la propuesta del Gobierno francés para abordar el tema. El programa, dijo, tiene cuatro vertientes: formar una coalición internacional para comprender mejor el problema y sus causas; abordar el sargazo en foros internacionales como la COP de Biodiversidad; actuando en el marco del Convenio de Cartagena; y trabajar con la UE para apoyar la continuación del proyecto regional Sarg'Coop lanzado durante la conferencia de 2019 en Guadalupe.
El Gobierno francés ha presentado la propuesta como un movimiento sin precedentes en la COP28, y con el objetivo de ubicar el tema del sargazo en uno de los paneles de alto nivel durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Océanos que se celebrará en Niza, Francia, en junio de 2025.
Esta colaboración es esencial, aseguró Gustave dit Duflo.
“Manejamos el sargazo a nivel local, pero este no es un fenómeno insular. Es toda la cuenca del Caribe y una parte del Atlántico”, puntualizó. “Es por eso por lo que todos los países afectados necesitamos crear una coalición internacional para poder encontrar maneras y formas de actuar”, alertó.
A partir de la COP28, los Países Bajos y sus países y territorios de ultramar decidieron sumarse al programa internacional propuesto por Francia junto a Costa Rica, México, República Dominicana y la Organización de Estados del Caribe Oriental, dijo Gustave dit Duflo al CPI.
Próximamente se celebrará una reunión con la Comisión Europea para definir las directrices legales y la financiación del proyecto, adelantó.
También en la COP28, la UE y el Gobierno de la República Dominicana organizaron un panel conjunto relacionado con el sargazo en el pabellón de la República Dominicana, donde lanzaron una iniciativa para “convertir el sargazo en una oportunidad económica” aprovechando la Agenda de Inversiones Global Gateway de la Unión Europea en América Latina y el Caribe.
Para ser exitosos, estos proyectos deberán aprovechar el trabajo que surgió de esfuerzos como los de la conferencia de 2019 en Guadalupe — y superar los retos que los retrasaron.
Desde principios de 2019, por ejemplo, Météo France, el servicio meteorológico francés, opera un servicio de seguimiento y detección de sargazo en las Antillas francesas y la Guayana Francesa. Pero hasta ahora, estos esfuerzos no se han expandido al centro regional previsto en la conferencia de 2019 a pesar del lanzamiento de varios sistemas de monitoreo en los últimos años, como el Sistema de Aviso Temprano de Jamaica, el rastreador regional CARICOOS en Puerto Rico y el sistema Sargassum Watch que depende de satélites de la Universidad del Sur de la Florida.
El programa Sarg'Coop que se lanzó en la conferencia de 2019, también tenía previsto replicar el trabajo realizado en Martinica, que en 2015 había creado un sistema de seguimiento del sulfuro de hidrógeno y del amoníaco, y que posteriormente se convirtió en una red de medición a gran escala que se extendió a Guadalupe en 2018.
Bajo Sarg'Coop, el instituto de investigación Madininair, con sede en Martinica, asumió la responsabilidad de apoyar a Santa Lucía, Dominica, Tobago, Cuba y México en la preparación de redes similares. Pero la pandemia del COVID-19 retrasó el progreso, y sólo recientemente se volvió a encarrilar el esfuerzo con el trabajo realizado en cada uno de esos países.
Cuando se le preguntó sobre los obstáculos pasados para implementar una estrategia internacional común, Gustave dit Duflo, también profesora de neurociencia en la Universidad de las Indias Occidentales, señaló a la geopolítica. Como ejemplo, citó la cumbre de mayo de 2023 de la Asociación de Estados del Caribe en Guatemala. Las discusiones de la cumbre, dijo, se enfocaron en gran medida en el conflicto en Ucrania mientras los países de la región debatían la cuestión del apoyo a Rusia o Estados Unidos.
Según la científica, la colaboración regional también se ha visto obstaculizada por diferencias legislativas transfronterizas.
Dominique Théophile, senador en Guadalupe, hizo una observación similar cuando se le encargó realizar un estudio sobre las estrategias de manejo del sargazo en el Caribe antes de la conferencia de 2019. Después de varios viajes a Santa Lucía, República Dominicana y México, descubrió que los planes de manejo más exitosos los llevaban a cabo los principales grupos hoteleros a escala local.
Pero estas estrategias muchas veces no podían implementarse a través del Caribe.
Por ejemplo, las leyes de salud y medio ambiente en Francia y otros territorios europeos impidieron una práctica común en otras partes de la región — esparcir sargazo detrás de las playas — debido a la posibilidad de que las algas pudieran contener arsénico y otros metales pesados que pudieran afectar el océano o las aguas subterráneas.
Debido a estas leyes, explicó Théophile, la estrategia francesa de manejo del sargazo concede una mayor importancia a los impactos sobre la salud y el medio ambiente. Muchas veces, por razones financieras, las iniciativas de otros países no atienden esas consideraciones ambientales y de salud con el detalle correspondiente, precisó.
Mientras los países trabajan para rectificar estos problemas y establecer una respuesta internacional, el tiempo corre para los residentes de las costas del Caribe.
Poco después de que terminara la COP28, los científicos de la Universidad del Sur de la Florida estimaron que el sargazo que flota en el Océano Atlántico tropical era de unos cinco millones de toneladas métricas, en comparación con el promedio de diciembre, cuando se registraron unas dos millones de toneladas métricas. En febrero de 2024, la masa había aumentado a unos nueve millones de toneladas — la segunda cantidad más alta jamás registrada en ese mes.
En otras palabras, pudiera haber comenzado otra temporada récord de sargazo.
Los reporteros Rafael René Díaz Torres (Centro de Periodismo Investigativo), Mariela Mejía (Diario Libre) y Hassel Fallas (La Data Cuenta) colaboraron con este reportaje.
Esta investigación es el resultado de una beca otorgada por el Instituto de Formación Periodística del Centro de Periodismo de Investigación y fue posible en parte con el apoyo de Open Society Foundations.
La temporada de sargazo de 2023 comenzó temprano en el Bolongo Bay Beach Resort en St. Thomas, isla principal de las Islas Vírgenes estadounidenses.
Hacia finales de marzo, el personal puso en marcha un sistema de respuesta que había creado a lo largo de los años, en ausencia de cualquier orientación oficial del Gobierno: Rastrillar manualmente las playas y esparcir las algas para que se secaran en los terrenos de la propiedad de 65 habitaciones, ubicada en una bahía al sur de la isla, habitada por unas 50,000 personas.
Como de costumbre, el hotel familiar tuvo que pagar la factura completa de la respuesta a la crisis causada por el alga.
Esta hospedería no es la única. Sin una estrategia nacional de manejo del sargazo, ni fondos del Gobierno de las Islas Vírgenes destinados al asunto, la carga financiera para la limpieza de las costas del territorio a menudo ha recaído directamente en los hoteles, los arrendadores de botes y otros operadores turísticos.
“Durante la última década, el dinero gastado en mitigación ya ronda los millones de dólares”, dijo Lisa Hamilton, presidenta de la Asociación de Hotelería y Turismo de Islas Vírgenes.
Los empleados de ORB Landscaping and Trucking utilizan rastrillos y contenedores para remover masas enormes de sargazo de la rampa para botes en Frenchtown en St. Thomas el 20 de octubre de 2023. El gobierno los llamó para una “limpieza de emergencia”.
Foto por Suzanne Carlson | The Virgin Islands Daily News
Con frecuencia, estos gastos se suman a los costos operacionales, a la vez que hay una merma en ingresos, porque cada vez más los turistas eligen sus destinos vacacionales evitando ir a las playas afectadas por el sargazo.
Variaciones de este escenario se repiten en todo el Caribe desde que el sargazo comenzó a invadir extraordinariamente la región en 2011.
Por ejemplo, los operadores turísticos de Aguadilla, un pueblo en la costa norte de Puerto Rico, estuvieron entre las víctimas de 2023. En septiembre de ese año, el municipio, que se había librado de grandes episodios de sargazo en el pasado, se vió afectado por su primera afluencia importante, poco después de que ese mes el huracán Lee pasara hacia el norte. Como resultado, el sector del turismo prácticamente cerró en las populares playas de Peña Blanca y Crash Boat en Aguadilla por casi una semana, encontró el Centro de Periodismo Investigativo (CPI).
“Cuando la gente viene [a la playa] y ve eso, y [huele] el hedor, se va a otras playas”, dice James Ramos, mientras cocina los populares pinchos de pollo a la BBQ (brochetas de pollo) que vende a diario en la playa Crash Boat. “Este fue uno de los peores [eventos de sargazo] que he visto jamás”.
Sin un plan de mitigación gubernamental, el cual fue requerido por ley en abril de 2023 pero que no se ha producido, los dueños de negocios de Aguadilla trabajaron para eliminar las algas por su cuenta. Sin embargo, dijeron que tenían dudas sobre cómo actuar, dado que no tenían directrices claras sobre cómo manejarlo, y que tampoco hay un programa gubernamental que les reembolse por la pérdida de ingresos.
En Puerto Rico, James Ramos dijo que la llegada del sargazo alejó a la gente de la playa donde tiene un negocio de venta de pinchos.
Foto por Gabriel López Albarrán | Centro de Periodismo Investigativo
Al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) de Puerto Rico se le ordenó preparar un plan de mitigación para el manejo del sargazo mediante una ley firmada en enero de 2023 por el gobernador Pedro Pierluisi. Pero ese plan, que debió estar listo a principios de abril de 2023, se ha estancado, en parte, por falta de financiamiento, dijo Mariana León Pérez, investigadora en ciencias marinas y costeras, quien participó en las primeras etapas del proyecto.
En su lugar, el DRNA publicó recientemente un protocolo de acción para el manejo del sargazo actualizado y ampliado, a partir de uno que crearon inicialmente en 2015. Pero dicho protocolo no responde todas las preguntas que enfrentan las empresas de Aguadilla afectadas, cuyas luchas también apuntan a problemas más amplios de jurisdicción entre el gobierno federal de Estados Unidos y el de Puerto Rico por ser la isla un territorio estadounidense, según León Pérez.
“[Es necesario] aclarar la jurisdicción; qué permisos se necesitan en términos de disposición final de sargazo en tierra. Eso queda pendiente”, explicó. “Ya tenemos bastante claro qué proceso se debe seguir para solicitar permisos de remoción, pero después de que lo eliminas, ¿qué haces con él? Por eso tenemos que aclarar la parte de disposición y uso”.
El alcalde de Aguadilla, Julio Roldán, dijo que estos asuntos presentaron un problema durante la acumulación del alga en septiembre.
“¿Qué tan malo está el sargazo?”
Los estudios han demostrado que el turismo en el Caribe baja entre un 7% y un 35% durante las épocas de acumulación de sargazo, y aproximadamente el 55% de todos los hoteles de la región informan estar afectados por el sargazo, según la oceanógrafa Elena Martínez, radicada en República Dominicana.
Los esfuerzos de limpieza, frecuentemente pagados por empresas turísticas desesperadas por mantener contentos a sus huéspedes, a menudo conllevan el uso de maquinaria pesada en las playas. Pero este proceso exacerba la erosión, lo que resulta en la necesidad de invertir millones de dólares adicionales en la restauración por erosión, dijo Martínez, quien trabaja como líder de investigación y desarrollo en SOS Carbon, una organización que diseña sistemas para recolectar sargazo antes de que llegue a las costas.
Aunque se desconocen los costos totales de limpieza, se estima que en el Caribe alcanzan hasta $210 millones de dólares en un solo año, una cifra que algunos investigadores creen que está subestimada.
Un empleado amontona sargazo en la rampa para botes de Frenchtown en St. Thomas, después de que las algas invadieran el puerto de Charlotte Amalie, haciendo difícil la navegación de las embarcaciones.
Foto por Suzanne Carlson | The Virgin Islands Daily News
Mientras tanto, los turistas que planifican unas vacaciones en el Caribe han estado haciendo variaciones de la misma pregunta en sitios web de viajes y redes sociales: “¿Qué tan malo está el sargazo?”
Mientras varios de los mapas de monitoreo por satélite están disponibles en línea, el predecir dónde se producirá exactamente una acumulación sigue siendo un reto: Los movimientos del sargazo varían ampliamente dependiendo de la dirección del viento, las corrientes y otros factores.
Como resultado, los agentes de viaje han recurrido a las redes sociales para encontrar respuestas a preguntas específicas sobre dónde y cuándo podría llegar el sargazo. Las preocupaciones de los viajeros son avivadas por los informes de algunos medios, como un titular reciente del USA Today que advertía: “Una capa de algas malolientes, de tamaño récord, podría arruinar su viaje primaveral a la playa. ¿Qué debe saber?”.
“El sargazo tiene un efecto palpable en nuestro producto turístico y en las personas involucradas en la industria”, dijo al CPI Dona Regis-Prosper, secretaria general de la Organización de Turismo del Caribe (OTC). “Cuando hay mucho, nuestros destinos sufren cancelaciones de vacaciones y el cierre de habitaciones frente a la playa, lo cual lleva a despidos de personal y reducción de ganancias económicas para el sector y las comunidades asociadas. Por lo tanto, la invasión del sargazo ha tenido un impacto negativo en la industria turística, que es el principal motor económico de la región”.
El sargazo es más que una simple molestia y puede estar asociado con impactos potencialmente graves para la salud. El 18 de abril de 2023 una alerta de contaminación del aire en Capesterre de Marie-Galante, Guadalupe, advirtió a las personas vulnerables que se mantuvieran alejadas de la costa, ya que el olor a sargazo en descomposición hacía que el aire fuera difícil de respirar. En ocasiones, incidentes de este tipo han mantenido a los turistas alejados del pueblo y han obligado a los negocios a cerrar.
Otra oleada de sargazo en Guadalupe en septiembre, afectó una concurrida marina que tiene hoteles, restaurantes y negocios que ofrecen actividades acuáticas.
El año pasado en Jamaica, la popular ciudad turística de Negril experimentó una de sus peores temporadas de sargazo, lo que causó serios problemas a los hoteles frente a la playa, que se vieron obligados a gastar miles de dólares jamaiquinos para limpiar las playas diariamente.
En las Islas Vírgenes Británicas, la popular marina Nanny Cay Marina ha intentado utilizar las hélices de los barcos para eliminar las algas que obstruyen sus muelles, un método que funcionó, pero que resultó costoso a medida que aumentaban los costos de la gasolina.
“Los costos de limpieza son prohibitivos y varios destinos gastan millones para restablecer el equilibrio sociológico y económico de las áreas afectadas”, dijo Regis-Prosper. “Debemos felicitar a quienes han emprendido esta difícil tarea y han hecho avances hacia la recuperación”.
El 17 de junio de 2023 una barrera aleja el sargazo de los yates en Nanny Cay Resort and Marina en las Islas Vírgenes Británicas.
Foto por Freeman Rogers | The BVI Beacon
Añadió que la OTC “aplaude los esfuerzos de las organizaciones que están buscando y financiando iniciativas educativas y empresariales dedicadas a reutilizar el sargazo en beneficio de nuestros destinos. Vamos a continuar alentando a los investigadores, científicos marinos, empresarios e innovadores a explorar formas y medios imaginativos de manejar el sargazo, utilizándolo para el secuestro de carbono, uso agrícola y biocombustible, por ejemplo”.
$25,000 por día
Hasta que se encuentre una solución a gran escala, es probable que los costos sigan aumentando para los negocios turísticos.
En las Islas Vírgenes de Estados Unidos no se ha hecho público un desglose completo del gasto, pero un funcionario del Gobierno dijo en 2022, que los hoteles del territorio gastaron colectivamente alrededor de $25,000 al día para limpiar el sargazo durante las grandes afluencias.
Otras cifras surgieron durante una audiencia pública en 2021, cuando la consultora ambiental Amy Dempsey dijo que el Margaritaville Vacation Club, de 264 habitaciones, gasta alrededor de $50,000 al mes para eliminar el sargazo, mientras que el Ritz-Carlton, de 180 habitaciones, gasta más de $500,000 al año y elimina como hasta seis contenedores de 40 yardas (120 pies) de sargazo en un día.
“Económicamente, para lugares como Margaritaville y muchos hoteles en las playas orientadas hacia el este, la remoción del sargazo representa un costo importante”, dijo Paul Jobsis, director del Centro de Ciencias Marinas y Ambientales de la Universidad de Islas Vírgenes. “Y, por supuesto, a sus invitados no les gusta porque no se siente bien nadar entre un montón de sargazo”.
Esta investigación es el resultado de una beca otorgada por el Instituto de Formación Periodística del Centro de Periodismo Investigativo y fue posible, en parte, por el apoyo de la Open Society Foundations.
By Freeman Rogers (The BVI Beacon), Olivia Losbar (RCI Group Guadeloupe), Maria Mónica Monsalve (América Futura, El País América), Krista Campbell (Television Jamaica) and Suzanne Carlson (The Virgin Islands Daily News) with Centro de Periodismo Investigativo
Schools evacuated due to toxic gas. Smelly tap water at home. Tourist operators and fishers struggling to stay in business. Job losses. Power outages affecting tens of thousands of people at a time. Dangerous health problems. Even lives lost.
Such crises were some of the consequences of sargassum in the islands of the Caribbean in 2023, and they have become common in the region since 2011 when massive blooms began inundating the shorelines in the spring and summer months.
On April 18, 2023 in Guadeloupe, the air-quality monitoring agency Gwad’Air advised vulnerable people to leave some areas because of toxic levels of gas produced by sargassum. Six weeks later, about 600 miles to the northwest, sargassum blocked an intake pipe at an electricity plant at Punta Catalina in the Dominican Republic. One of the facility’s units was forced to temporarily shut down, and a 20-year-old diver named Elías Poling later drowned while trying to fix the problem.
A team removes sargassum at the facilities of the Punta Catalina Thermoelectric Power Plant in the Dominican Republic in 2023.
Photo by Punta Catalina Thermoelectric Power Plant
In Jamaica, during the months of July and August, fishers found themselves struggling through one more season as floating sargassum blocked their small boats and diminished their catch.
“Sometimes, the boats can’t even come into the creek,” said Jamaican fisherman Richard Osbourne. “It blocks the whole channel.”
In the British Virgin Islands (BVI), most of Virgin Gorda’s 4,000 residents had to deal with sporadic water shutoffs and odorous tap water for weeks after sargassum was sucked into their main desalination plant last August.
And in Puerto Rico, a highly unusual late-season influx inundated the beaches of the Aguadilla area for the first time, leaving residents like Christian Natal and many others out of work for a week when it shut down businesses including the jet ski rental company that employs him.
Christian Natal works at a water vehicle rental company in the “Crash Boat” beach in the municipality of Aguadilla that had to close last year due to the unusual arrival of sargassum to the northwest of Puerto Rico.
Photo by Gabriel López Albarrán | Centro de Periodismo Investigativo
These victims are among thousands of people hurt by sargassum blooms last year alone in the Caribbean, where about 70% of the population of around 44 million lives near the coast, according to the World Bank.
Scientists blame the explosive growth of the seaweed on global pollution, climate change, and other international problems that Caribbean islands did little to cause and lack the political power to resolve.
“Seaweed must be seen as an impact of global warming, with the opening up of the right to compensation on the grounds that we are small, vulnerable islands,” said Sylvie Gustave dit Duflo, the vice-president of the Guadeloupe Region in charge of environmental issues and president of the French Biodiversity Office.
She added that the countries of the Caribbean Community (CARICOM) — which include 15 member states and five associate members that are territories or colonies — recorded economic losses of about $102 million due to sargassum in 2022 alone.
“These figures do not take into account the losses recorded in all the other Caribbean countries, including the French islands,” she said. Nor do they take into account yearly costs of beach cleaning estimated to be as high as an additional $210 million.
Ezekiel Bobb, who lives near the ocean at Handsome Bay, Virgin Gorda, has suffered from the odor of decaying sargassum in recent years. He has tried to do his part by using it for fertilizer in his garden, but he is unable to make much dent in the massive amounts that wash ashore.
Photo by Freeman Rogers | The BVI Beacon
Gustave dit Duflo and other experts say the global problem requires a global response. But so far, the Caribbean has failed to coordinate even a region-wide strategy, and the international community has largely turned a blind eye. National-level responses — which in most Caribbean countries include a draft management strategy that hasn’t been officially adopted or adequately funded — have done little to take up the slack.
Most sargassum influxes are predictable, and the worst impacts are often preventable. But again and again, Caribbean governments have waited to react until the crisis stage. And even then, the responses have often focused on protecting the tourism industry while other groups, such as local communities or fishers, are left behind.
As a result, residents’ health, livelihood and natural environment have been endangered, and hundreds of millions of dollars have been spent on reactive emergency responses that experts say could have been better spent on prevention, planning and mitigation.
At the Conference of the Parties to the UN Framework Convention on Climate Change (COP28) last December in Dubai, Gustave dit Duflo helped unveil a French proposal for the sort of international response she says is urgently needed. It includes forming a global coalition to better understand the problem, ensuring that sargassum is on the agenda of major international forums, and continuing previous work in partnership with the European Union, among other measures.
But to implement the proposal, governments in the Caribbean and further abroad will have to overcome hurdles that have previously stymied cooperation, including political and legislative differences, funding shortages, and debate about whether to prioritize health, the environment, the economy, or other areas.
In the meantime, sargassum has already started to arrive on the Caribbean’s shores once again. And once again, the region is not ready.
By April 8, 2024 (above), sargassum was once again washing ashore near the desalination plant at Handsome Bay, Virgin Gorda, but the promised protective boom had not been installed.
The ‘Great Atlantic Sargassum Belt’
Sargassum is not a bad thing in itself. Nor is it new to the Caribbean, where it has always washed ashore in modest quantities in the spring and summer, providing habitat for marine life and helping build beaches as it decays.
But 2011 brought too much of a good thing. Way too much.
Without warning that year, sargassum suddenly swamped shorelines. It piled several feet high on some beaches. It stank like rotten eggs as it decomposed. It shut down resorts, dealing a major blow to a tourism sector in some areas of the Caribbean still struggling to recover from the 2008-2009 global recession. It gave coastal residents headaches, nausea and respiratory problems. It disrupted turtle nesting sites and threatened reefs and mangroves.
Sargassum has caused problems for boats operating at the ferry terminal in Road Town, Tortola in the British Virgin Islands (shown above on May 20, 2023.)
Photo by Freeman Rogers | The BVI Beacon
As sargassum continued to flood the Caribbean and the western coast of Africa 8,000 miles away, scientists made a surprising discovery. Historically, most of the seasonal influx in the Caribbean had come from a two-million-square-mile gyre in the northern Atlantic Ocean: the Sargasso Sea.
“The Sargasso [Sea] has been around for hundreds of thousands of years, and it’s an ecosystem that was perfect, so to speak,” said Dominican Republic oceanographer Elena Martinez. “It was there surrounded by four oceans gyres, or currents, that kept it perfect.”
But scientists soon learned that most of the new Caribbean influx wasn’t coming from the Sargasso Sea anymore: It was coming from a new sargassum ecosystem that had formed in the southern Atlantic Ocean.
The area dubbed the Great Atlantic Sargassum Belt in a 2019 article in Science is now visible from space, and its length often exceeds 5,000 miles, according to scientists who use satellites to track it.
Its cause is still debated. Sargassum researcher Dr. Brian Lapointe sees the Atlantic belt as a global version of a smaller bloom he witnessed in 1991 that shut down a nuclear power plant and other electricity facilities along the Florida coast.
Since the 1980s, the world population has nearly doubled, explained Lapointe, a professor at Florida Atlantic University. This, in turn, has led to a massive increase in the sargassum-boosting nutrients washing out of major rivers like the Mississippi in the US, the Amazon and Orinoco in South America, and the Congo in Africa.
“To grow that world population, we’ve used these fertilizers; we’ve deforested along all the major rivers in the world,” he said. “The nitrogen has gone up faster than the phosphorus from all these human activities, including wastewater, sewage, from the increasing human population.”
Another likely culprit is climate change. Martinez said warming waters may have disrupted the giant gyre that held the Sargasso Sea in place for thousands of years, releasing sargassum to float south and form the new belt.
Great Atlantic Sargassum Belt diagram.
REVIEW article Commercial Potential of Pelagic Sargassum spp. in Mexico, Frontiers
The new belt also receives additional nutrients from the Sahara dust that frequently blows across the Atlantic — which itself could be exacerbated by climate impacts such as the expansion of deserts as temperatures rise. Some scientists also argue that warming oceans provide a more sargassum-friendly growing environment.
Experts tend to agree that the Great Atlantic Sargassum Belt is here to stay — and that it is a global problem that needs a global response.
‘A terrible scene for the people’
That much was clear by 2018, when the belt grew to a record size that was estimated at 22 million tons and much of the Caribbean saw its worst-ever inundation. The season spurred increasing calls for a collaborative international response.
The following year, United Nations Secretary General Antonio Guterres visited St. Lucia for a July meeting of the Caribbean Community, and he took a side trip to the small fishing village of Praslin Bay.
Surrounded by dignitaries, Guterres walked down a dock lined with small boats bobbing atop thick mats of sargassum, which for years had plagued fishers, sea moss farmers and other residents in the area.
“So it’s a terrible scene for the people?” he asked a resident in a video posted
on the United Nations website.
“Yes,” the man responded. “It’s killing the fishes in the bay. The stench. It’s destroying our electronics because of the fumes.”
After his visit, Guterres described his sadness on seeing a “landscape that resembled an algae desert for hundreds of meters.”
Then he called for international action.
United Nations Secretary General António Guterres visits Praslin Bay, St. Lucia in July 2019 on the sidelines of his attendance at the Caribbean Community Heads of Government Summit that year.
Photo by United Nations
“Oceans don’t know borders, nor does climate,” he said. “It is a global collective responsibility to take action now.”
But that broad international action has not materialized as planned. Despite a growing patchwork of studies and projects across the region, various attempts by the UN and others to coordinate a Caribbean-wide response have been largely stalled by funding shortages, geopolitical issues, the Covid-19 pandemic and other factors.
One of the most extensive efforts came about three months after Guterres’ visit to St. Lucia, when Guadeloupe hosted the First International Conference on Sargassum in October 2019. Partners at the event — where the three-year Sarg’Coop program financed by about $3.2 million in European Union funds was officially launched — included the French government, the Guadeloupe Region, UNESCO and other entities. In attendance were representatives from more than a dozen Caribbean countries and territories, as well as the US, Mexico, Brazil and France.
Some progress followed. For instance, the Guadeloupe Region — in partnership with the French government, the French National Research Agency and two Brazilian agencies — launched a call for projects that enabled a dozen international studies to be carried out on the health, environmental and economic impact of the seaweed, as well as possible uses for it.
Other regional meetings have been held since then as well. Last June, for instance, an European Union-Caribbean conference on “Turning Sargassum into Opportunity” was held in the Dominican Republic, and the topic was discussed the following month at a summit of the EU and the Community of Latin American and Caribbean States (EU-CELAC) in Brussels, Belgium.
But almost five years after the 2019 Guadeloupe conference, the broader goals have not come to fruition on a regional level as envisioned, experts acknowledge. No Caribbean strategy is in place, and the region-wide warning and monitoring center envisioned at the conference has not been established.
Large sargassum mats sweeping into the shoreline in Manchioneal, Portland, Jamaica – one of the top three worst affected areas in the island.
Photo by Mona GeoInformatics Institute
Instead, many of the actions that grew out of the Guadeloupe conference have centered mainly on the French Caribbean. Funded in part by about $66 million allocated for 2018 to 2026 by the government of France — which for decades has struggled with algae washing ashore on its European coasts — the French islands have launched some of the most extensive response efforts in the Caribbean in recent years.
But even this has not been enough to protect residents.
Describing Guterres’ visit to Praslin Bay as “nothing more than a photo op,” Martinique-based professor Dr. Dabor Resiere and seven other researchers claimed in a March 2023 article that the “local authorities failed to take advantage of such an important visitor to give international recognition to the sargassum phenomenon in the Caribbean.”
Four years later, they added, the situation remained “unchanged.”
“Despite the French government’s plans to tackle the sargassum problem, these toxic algae are continuing to inundate the coasts of Martinique, Guadeloupe, and French Guiana in ever-greater volumes,” the researchers wrote in the Journal of Global Health, adding, “Today, there is no national and international consensus on facing this public health problem. There is no Caribbean network or a broad consensus to advance research at this level.”
Even Praslin Bay saw scant relief in the years after it welcomed the UN secretary general.
In 2022, St. Lucian sargassum researcher Dr. Bethia Thomas produced videos about the village and two other nearby communities as part of her doctoral thesis. In each video, several residents listed complaints ranging from breathing problems to fisheries destruction to corroding jewelry.
“It affects how I breathe, and I also think it affects the children and the way that they function, because sometimes they’re so moody and they cannot sit and do the activities because it’s so awful,” a teacher says in the video of Praslin Bay. “And I think it’s affecting us mentally.”
Concerns about sargassum’s effects on the mental health of coastal residents and workers were noted in a September 2023 report by the 34-member Western Central Atlantic Fishery Commission. “The unpleasant odor, the deterioration of their environment, lack of access to the beaches for relaxation, uncertainty about the future, increase in physical ailments such as respiratory illness and skin rashes, and concerns about other potential health risks, among other things, will naturally affect mental health,” stated the commission, a regional fisheries body established under the United Nations’ Food and Agriculture Organization.
However, the report added that such mental health impacts are not currently being studied.
In the absence of a regional strategy, national sargassum management plans have been developed in most countries and territories in the Caribbean, including eight through grant-funded projects affiliated with the University of the West Indies in St. Lucia, Barbados, Dominica, Grenada, St. Vincent and the Grenadines, BVI, Anguilla and Montserrat.
But few have been officially adopted at the government level, and even fewer are adequately funded or closely followed.
Sargassum lines the shore in July 2023 in Anegada in the British Virgin Islands.
Photo by Freeman Rogers | The BVI Beacon
“Sometimes the small communities get left behind,” Thomas said. “Maybe not intentionally, but in small island developing states with limited resources, you have to prioritize. And perhaps other things — like building a new hospital and constructing new roads, new schools — might take precedence over developing a sargassum management plan.”
Partly as a result, sargassum responses can vary dramatically from island to island.
But in probing major influxes in six Caribbean countries and territories last year, CPI found one constant: people are suffering.
Negligible investment from polluting countries
As residents experience health and economic consequences, Caribbean leaders often complain about a shortage of money to deal with the crisis. Local funds, they note, are tied up with many competing priorities, including handling climate-related impacts like hurricanes, droughts and flooding.
They also say that the cost of the sargassum crisis should be shouldered in part by the larger countries mostly responsible for it, but that accessing international climate financing for the purpose is not easy.
A CPI review of projects funded by the Global Environment Facility and by members of the Organisation for Economic Cooperation and Development between 2000 and 2021 found out that of the hundreds of billions of dollars spent on climate change projects in the world, less than $7 million went to address sargassum-related issues. About 89% of those funds, or $6 million, were spent in the Caribbean.
But for many non-independent islands, the problem is compounded by a political status that renders them ineligible for most climate financing.
“We have no access to global funds: Resilience fund, the loss-and-damage fund,” said BVI Health and Social Development Minister Vincent Wheatley, whose home overlooks the Virgin Gorda desalination plant that was recently damaged by sargassum.
The sargassum that filled Handsome Bay, Virgin Gorda (shown above on Sept. 1, 2023) was sucked into the intake pipe of the island’s main desalination plant and caused damage that led to water shortages and cut-offs.
Photo by Anika Christopher | The BVI Beacon
At the annual UN Climate Change Conferences, he explained, overseas territories are not parties and don’t have their own seat at the negotiating table.
“We fall under the [United Kingdom],” he said. “So whatever the UK negotiates, it will pass on to us.”
Therefore, he said, the BVI and other overseas territories have been in separate negotiations with the UK.
“We banded together to petition the UK to carve out a specific fund for [its] overseas territories,” he said, adding that these discussions are ongoing and include sargassum.
A lack of funding and regional coordination has also stymied efforts to monetise the seaweed by finding a large-scale sustainable use for it.
“Even though there are so many things you can make with sargassum, the actual amount of sargassum that is used for products is still very low,” said Dr. Franziska Elmer, a sargassum researcher based in Mexico.
Sargassum plan proposed at COP28 in Dubai
The 2023 sargassum bloom in the Caribbean had mostly abated by Dec. 2, when Gustave dit Duflo, the French Biodiversity Office president, stood at a podium 8,000 miles away during a side event at the COP28 meeting in Dubai.
As dignitaries looked on, she issued a stark warning about sargassum.
“It is a very invasive and aggressive phenomenon, and through all the Caribbean it affects tourism, and all the economies of the region are based on biodiversity and tourism,” she told those gathered at the French pavilion on the sidelines of the conference. “The Caribbean has a lot of hot-spots of biodiversity. So if we don’t act, in 20 years this marine biology, including the reef, will disappear from our coast.”
Close up drone shots of floating sargassum in the coastal community of Robin’s Bay, St. Mary, Jamaica. This is one of the top three areas worst affected by sargassum every year.
She then explained the French government’s proposal to address the issue. The program, she said, has four prongs: forming an international coalition to better understand the problem and its causes; addressing sargassum in international forums like the COP of Biodiversity; acting in the framework of the Cartagena Convention; and working with the EU to support the continuation of the regional Sarg’Coop project launched during the 2019 conference in Guadeloupe.
The French government has presented the proposal as an unprecedented move at COP 28, with the aim of placing the sargassum issue on one of the high-level panels of the United Nations Conference on the Oceans to be held in Nice, France, in June 2025.
Such collaboration is essential, according to Gustave dit Duflo.
“We manage sargassum at a local level, but this is not a phenomenon of an island. It is the whole basin of the Caribbean and a part of the Atlantic,” she said. “This is why all the countries that are impacted, we need to create an international coalition to be able to find means and ways to act.”
Since COP28, the Netherlands and its overseas countries and territories decided to join the international program proposed by France alongside Costa Rica, Mexico, Dominican Republic and the Organisation of Eastern Caribbean States, Gustave dit Duflo told CPI.
A meeting will be held soon with the European Commission to define the project’s legal guidelines and financing, she said.
Also at COP 28, the EU and the government of the Dominican Republic co-organised a related panel at the Dominican Republic pavilion, where they launched an initiative to “turn sargassum into an economic opportunity” by tapping the EU-Latin America and the Caribbean Global Gateway Investment Agenda.
To succeed, such projects will need to build on work that came out of efforts like the 2019 conference in Guadeloupe — and overcome the challenges that delayed them.
Since early 2019, for instance, Météo France, the French weather service, has been operating a sargassum monitoring and detection service in the French West Indies and French Guiana. But so far, these efforts have not expanded into the regional center envisioned at the 2019 conference despite various monitoring systems launched in recent years, such as the Jamaica Early Advisory System, the regional CARICOOS tracker in Puerto Rico, and the Satellite-based Sargassum Watch System at the University of South Florida.
The Sarg’Coop program launched at the 2019 conference also planned to replicate work done in Martinique, which in 2015 had set up a hydrogen sulfide and ammonia monitoring system that was later developed into a large-scale measurement network and extended into Guadeloupe in 2018.
Under Sarg’Coop, the Martinique-based research institute Madininair was given responsibility for supporting St. Lucia, Dominica, Tobago, Cuba and Mexico in preparing similar networks. But the Covid-19 pandemic delayed progress, and only recently did the effort get back on track with work carried out in each of those countries.
Asked about the past obstacles to implementing a common international strategy, Gustave dit Duflo, also a lecturer in neuroscience at the University of the West Indies, pointed to geopolitics. As one example, she cited the May 2023 summit of the Association of Caribbean States in Guatemala. The summit discussions, she said, were largely dominated by the conflict in Ukraine as countries in the region debated the issue of supporting Russia or the United States.
Regional collaboration has also been hindered by legislative differences across borders, according to the scientist.
Guadeloupe senator Dominique Théophile made a similar observation when he was commissioned to conduct a study on sargassum management strategies in the Caribbean ahead of the 2019 conference. After several trips to St. Lucia, the Dominican Republic and Mexico, he found that the most successful area management plans were carried out by major hotel groups on a local scale.
But such strategies often could not be deployed throughout the entire Caribbean.
For instance, health and environmental laws in French and other European territories precluded a practice that is common elsewhere in the region — spreading sargassum behind beaches — because of the possibility that the seaweed could contain arsenic and other heavy metals that could affect the ocean or groundwater.
Because of such laws, Théophile explained, the French sargassum management strategy attaches heightened importance to health and environmental impacts. Often for financial reasons, other countries’ initiatives don’t address such environmental and health considerations in corresponding detail, he said.
As countries work to rectify such issues and establish an international response, time is of the essence for residents of the coastal Caribbean.
Shortly after the COP28 drew to a close, scientists at the University of South Florida estimated the sargassum floating in the tropical Atlantic Ocean at about five million metric tons, compared to a December average of about two million. By February, the mass had increased to some nine million tons — the second highest quantity ever recorded for the month.
In other words, another record-setting sargassum season could have just started.
Reporters Rafael René Díaz Torres (Centro de Periodismo Investigativo), Mariela Mejía (Diario Libre), and Hassel Fallas (La Data Cuenta) collaborated in this investigation.
This investigation is the result of a fellowship awarded by the Center for Investigative Journalism’s Training Institute and was made possible in part with the support of Open Society Foundations.
The 2023 sargassum season started early at the Bolongo Bay Beach Resort on St. Thomas in the United States Virgin Islands.
Around the end of March, staff launched the response system they have devised over the years in the absence of any official guidance from the government: hand-raking the beaches and spreading the seaweed to dry on the grounds of the 65-room property, which is nestled in a cove on the southern side of the island of about 50,000 people.
As usual, the family-owned resort had to foot the full bill for the response.
It is not alone. Without a national sargassum management strategy or a dedicated pool of funding from the V.I. government, the financial burden for cleaning the shorelines in the territory has often fallen squarely on resorts, yacht charterers and other tourism operators.
“We’re in the millions of dollars being spent on mitigation over the last decade,” said Lisa Hamilton, President of the V.I. Hotel and Tourism Association.
Workers with ORB Landscaping and Trucking use rakes and bins to haul massive piles of sargassum away from the Frenchtown boat ramp on St. Thomas on Oct. 20, 2023. They were called in for “emergency cleanup by the government.”
Photo by Suzanne Carlson | The Virgin Islands Daily News
Often these costs come on top of lost revenue as tourists increasingly select their vacation destinations to avoid affected beaches.
Variations of this scenario have played out repeatedly across the Caribbean since sargassum began to regularly swamp the region in 2011.
For example, tourism operators in Aguadilla, Puerto Rico, were among the 2023 victims. Last September, the municipality — which had been spared from major sargassum events in the past — was hit by its first major influx shortly after Hurricane Lee passed to the north in September. As a result, tourism virtually shut down on the popular Aguadilla beaches of Peña Blanca and Crash Boat for about a week, Centro de Periodismo Investigativo (CPI) found.
“When people come [to the beach] and see that and [smell] the odor, they go to other beaches,” resident James Ramos said while he cooked the popular barbecue chicken “pincho” skewers that he sells daily on Crash Boat beach. “This was one of the worst [sargassum events] I have ever seen.”
Without a government mitigation plan mandated by April 2023 but never produced, Aguadilla business owners worked to clear the seaweed themselves. But they said they had questions about how to respond, with no clear guidelines on its disposal and no government program to reimburse them for their lost earnings.
In Puerto Rico, James Ramos said that the arrival of sargassum kept people away from the beach where he has a business selling “pinchos”.
Photo by Gabriel López Albarrán | Centro de Periodismo Investigativo
The Puerto Rico Department of Natural and Environmental Resources (DRNA for its initials in Spanish) was ordered to prepare a mitigation plan for the management of sargassum under a law signed in January 2023 by Governor Pedro Pierluisi.
But that plan, which should have been ready by the start of April 2023, has stalled partly for lack of funding, said Mariana León Pérez, a researcher in marine and coastal sciences who was involved in the project’s early stages.
In its place, the DRNA recently published an updated and expanded action protocol for the management of sargassum that it initially created in 2015. But the protocol did not answer all the questions facing the affected Aguadilla businesses, whose struggles also point to larger issues about jurisdiction between the federal and local governments in the U.S. territory, according to León Pérez.
“[It is necessary] to clarify the jurisdiction; which permits are needed in terms of disposal of sargassum on land. That remains pending,” she explained. “We are already quite clear about what process must be followed to request permits for removal, but after you remove it, what do you do with it? So we have to clarify the disposition and use part.”
Aguadilla Mayor Julio Roldán said such issues presented a problem during the September accumulation.
“There were some people who own dairy farms who wanted to have sargassum, because it is a good protein for cows, but obviously they were not clear if that could be done or not. Since it was not specific in the [DRNA] protocol, it could not be achieved,” Roldán told the CPI.
“How bad is the sargassum?”
Studies have shown that Caribbean tourism drops by 7% to 35% during times of sargassum accumulation, and roughly 55% of all hotels in the region report being affected by sargassum, according to Dominican Republic-based oceanographer Elena Martinez.
Cleanup efforts — frequently funded by tourism properties desperate to keep their guests happy — often involve the use of heavy machinery on beaches. But this process exacerbates erosion, resulting in the need to invest additional millions of dollars in erosion restoration, said Martinez, who works as the research and development lead at SOS Carbon, an organization that designs systems to collect sargassum before it reaches shorelines.
Though total cleanup costs are unknown, they have been estimated to reach as high as $210 million in a single year in the Caribbean — a number the some researchers believe to be an underestimate.
A worker piles up sargassum at the Frenchtown boat ramp on St. Thomas in the U.S. Virgin Islands on Oct. 20, 2023, after a late-season influx of seaweed that filled Charlotte Amalie Harbor, making it difficult for boats to navigate the busy port.
Photo by Suzanne Carlson | The Virgin Islands Daily News
Meanwhile, tourists planning a Caribbean vacation have been asking variations of the same question on travel websites and social media: “How bad is the sargassum?”
While several satellite tracking maps are available online, predicting where exactly an influx will occur is still challenging: Sargassum movements vary widely based on wind direction, currents, and other factors.
As a result, vacation planners have taken to social media to crowdsource answers to specific questions about where and when sargassum might hit. Also stoking travellers’ concerns are media reports, like a recent USA Today headline that warned, “A record-size blanket of smelly seaweed could ruin your spring beach trip. What to know.”
“Sargassum has a palpable effect on our tourism product and the people involved in the industry,” Dona Regis-Prosper, Secretary-General of the Caribbean Tourism Organization (CTO), told CPI. “When it’s heavy, our destinations suffer vacation cancellations and beachfront room closures, leading to staff layoffs and reduced economic gain for the sector and associated communities. Therefore, the sargassum invasion has had a negative impact on the tourist industry, the region’s main economic driver.”
Sargassum is more than just a nuisance, and can be associated with potentially serious health impacts. An April 18, 2023 air pollution alert in Capesterre de Marie-Galante in Guadeloupe warned vulnerable people to stay away from the coast, as the smell of decomposing sargassum made the air difficult to breathe. At times, such incidents have kept tourists away from the village and forced businesses to close.
Another wave of sargassum in Guadeloupe in September affected a populated marina with a variety of hotels, restaurants, and businesses offering water activities.
Last year in Jamaica, the popular tourist town of Negril experienced one of its worst sargassum seasons, which caused serious issues for beachfront hotels forced to spend thousands of Jamaican dollars to clean the beaches daily.
In the British Virgin Islands, the popular Nanny Cay Marina has tried using boats’ propellers to clear out the seaweed clogging its docks — a method that worked but proved expensive as gasoline costs mounted.
“Cleanup costs are prohibitive, with several destinations spending millions to restore the sociological and economic balance of affected areas,” said Regis-Prosper. “Kudos must be extended to those who have undertaken this challenging task and made strides toward recovery.”
A boom holds sargassum back from yachts at Nanny Cay Resort and Marina in the British Virgin Islands on June 17, 2023.
Photo by Freeman Rogers | The BVI Beacon
She added that the CTO “applauds the efforts of organisations that are searching for and funding educational and start-up initiatives dedicated to repurposing sargassum to benefit our destinations. We will continue to encourage researchers, marine scientists, entrepreneurs and innovators to explore imaginative ways and means of managing sargassum by using it for carbon sequestration, agricultural use, and biofuel, for example.”
$25,000 per day
Until a large-scale solution is found, costs will likely continue climbing for tourism properties. In the U.S. Virgin Islands, no full spending breakdown has been made public, but a government official said in 2022 that the territory’s hotels collectively spent around $25,000 a day to clean up sargassum during major influxes.
Other numbers emerged during a public hearing in 2021, when environmental consultant Amy Dempsey said that the 264-room Margaritaville Vacation Club spends around $50,000 a month to remove sargassum, while the 180-room Ritz-Carlton spends more than $500,000 a year and removes as many as six 40-yard bins of sargassum in a day.
“Economically, for places like Margaritaville and a lot of the hotels on east-facing beaches, it is a major cost for them, the sargassum removal,” said Paul Jobsis, Director of the Center for Marine and Environmental Science at the University of the Virgin Islands. “And of course their guests don’t like it because it doesn’t feel good when you go swimming in a bunch of sargassum.”
This investigation is the result of a fellowship awarded by the Center for Investigative Journalism’s Training Institute and was made possible in part with the support of Open Society Foundations.