Entre la escuela y el trabajo: estudiantes de escuela superior enfrentan el miedo al fracaso

Ocho estudiantes de duodécimo grado forman un círculo con sus pupitres debajo de una carpa en el patio interior de una escuela del municipio de Guaynabo. Fuera de la carpa, salpica una llovizna; adentro, llueven realidades. 

Comenzaron el cuarto año de escuela superior dividiendo su tiempo entre estudios y trabajo. Hay tres chicas jóvenes en el grupo: una trabaja de mesera, otra de niñera, y la tercera es madre y técnica de uñas. Entre los chicos, uno trabaja en Subway, el otro es barbero, un tercero es empleado en El Mesón, el cuarto trabaja como electricista en la construcción “o en cualquier cosa que aparezca” y otro es empleado en una pizzería. Todos son menores de 18 años y dijeron que aspiran a continuar estudios técnicos o universitarios cuando se gradúen de la escuela superior. 

“Yo soy contratista”, aclara el que trabaja en construcción, a minutos de que suene el último timbre.

Resultados sobre el rezago académico todavía no se usan para cambiar la realidad en el salón de clase

A la salida de la Escuela Santiago Veve Calzada, en Fajardo, una estudiante de noveno grado camina junto a su madre. Es mediodía y hay cambio de turnos para las tres escuelas que operan en este plantel en interlocking. La joven tomó la prueba diagnóstica Línea Base, que busca medir el rezago académico de los estudiantes. Cuando se le pregunta por el proceso, la joven simplemente comienza a mover la cabeza, como diciendo que no. La madre le pide que hable y describa la experiencia. 

“Un revolú”, exclama, y pide que no se le identifique.

Una mudanza al año: el trauma y el rezago ignorados por el Departamento de Educación

Tres mudanzas de escuela en tres años. Esa ha sido la experiencia educativa de Zadiel y David. El primero vive en Sabana Grande, y ha tenido que moverse de la escuela Francisco Vázquez Pueyo a la Segunda Unidad David Antongiorgi Córdova. Ahora toma clases en línea como estudiante de la Escuela Vocacional Santiago Rivera de Yauco. El segundo vive en San Juan, y su peregrinación ha sido de la escuela Sofía Rexach a la escuela Fray Bartolomé de las Casas hasta terminar en la escuela Manuel Elzaburu y Vizcarrondo, donde cursa el Taller I en la filosofía Montessori.